Noticias: 16/10/03 [ © Comunicación Institucional, 2003 ]
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El líder espiritual del mundo: Juan Pablo II
Autor:Francisco Varo
Decano de la Facultad de Teologia
Universidad de Navarra
Fecha: 16 de octubre de 2003
Publicado en:  Diario de Noticias (Navarra)

Hay días decisivos en la historia humana. El 16 de octubre de 1978 fue uno de ellos. No faltaban tensiones en la Iglesia, ni impulsos de creatividad genial propiciados por los horizontes de esperanza abiertos en el Concilio Vaticano II, que iban ganando terreno frente a algunas tentativas precipitadas surgidas en los primeros momentos del post-Concilio. A la vez, en la sociedad civil se vivían con apasionamiento unos momentos fuertes de cambio, que tendrían consecuencias universales. En España avanzaba la transición política y se ultimaban los preparativos para el referéndum de la Constitución, que sería aprobada menos de dos meses después. La huelga en los astilleros de Gdansk (Polonia), donde nacería el sindicato Solidarnosc dos años después, no fue sino un eslabón más en el complejo proceso de transformación de estructuras heredadas del pasado que se estaba precipitando en la Europa oriental para dejar paso a un nuevo marco de convivencia.

A última hora de la tarde, ya anochecido aquel 16 de octubre, se asomaba al balcón principal de la Basílica Vaticana para presentarse al pueblo romano Karol Wojtyla, un joven cardenal polaco, casi desconocido para la mayoría hasta ese momento. Recién elegido Papa se manifestaba dispuesto a “emprender este camino de la historia y de la Iglesia, con la ayuda de Dios y con la ayuda de los hombres”. El domingo siguiente, 22 de octubre, celebraba la Santa Misa en la Plaza de San Pedro. De aquella homilía aún resuena su voz profética: “¡No tengáis miedo! Cristo sabe lo que hay dentro del hombre. Sólo él lo sabe”.

Actitud valiente y nada convencional

Desde el comienzo de su pontificado asumió una actitud valiente y nada convencional. La pronta decisión de salir al encuentro de la gente con viajes pastorales por todo el mundo constituyó una lección magistral de gobierno. No han faltado voces críticas acerca de la oportunidad o el valor de estos viajes, pero hay una realidad sociológica indiscutible: ni deportistas, ni músicos, ni artistas, ni políticos, ni nadie más que él, ha logrado reunir jamás a mayores multitudes, procedentes de los ámbitos culturales y sociales más variados.

¿Cómo y por qué lo ha conseguido una y otra vez? Se podría aducir su inteligencia preclara, fuerte espiritualidad, alegría y buen humor, junto con su capacidad para expresar su pensamiento con sencillez y energía, en muchas lenguas. Durante años tuvo un talante deportivo y, en los últimos tiempos, un tesón y energía espiritual que no se atenúan ni siquiera en los momentos de notoria debilidad física. Son rasgos de una personalidad impresionante que suscita admiración, pero que no bastan por sí solos para explicar su extraordinario atractivo.

Karol Wojtyla asumió el timón de la nave Pedro en un tiempo de cambios culturales, de sucederse de usos, modas, opiniones y estilos de vida. En un mundo donde abundan las convicciones de usar y tirar, sólo merecen verdadero interés aquellos que, con un pensamiento sólido y audaz, llenos de energía interior, se han negado a dejarse arrastrar por las corrientes imperantes en cada momento. Y aún más, los que, además de no plegarse a lo fácil, se empeñaron en abrir caminos alternativos para ejercitar la libertad con coherencia y sacar a flote las energías que toda mujer y hombre tienen en su interior. A esta raza de hombres excepcionales pertenece Juan Pablo II.

Cada ser humano, en lo más hondo de su intimidad, oye una llamada que lo invita a buscar la senda de la felicidad plena y sin fin. Escuchando a Juan Pablo II hablar de Jesucristo que vive y actúa en la Iglesia, muchos millones de personas han percibido una voz que sintoniza con lo más valioso que llevan dentro de sí, han descubierto al único que —por encima del bullicio de las modas, las opiniones o las opciones políticas— sabe lo que hay dentro del corazón y quita el miedo a abrirlo. Se han encontrado con Jesús. Ha resonado en ellos la voz de la verdad. Tal vez esté aquí el motivo, y no sólo en sus extraordinarias cualidades humanas, de que, incluso ante los que se manifiestan más reticentes frente a su figura y enseñanza, se imponga por los hechos que Juan Pablo II es todo un personaje: el referente ético más universalmente reconocido en los últimos veinticinco años, líder espiritual del mundo, voz de la conciencia moral de la humanidad.

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