Noticias© Comunicación Institucional, 16/09/2005

Universidad de Navarra

Benedicto XVI y el diálogo con el islam

Autor: Iván Jiménez-Aybar
Instituto de Ciencias para la Familia
Universidad de Navarra

Fecha: 16 de septiembre de 2005

Publicado en: Alba (Madrid)

El encuentro que se produjo en Colonia entre Benedicto XVI y destacados miembros del Islam alemán es de esa clase de acontecimientos que le reconcilian a uno con la raza humana. La fotografía del momento mostraba a dos hombres de fe -Ratzinger y Nadeem Elyas-, cuyas manos entrelazadas simbolizaban sinceros deseos de reconciliación, de esperanza y de paz. Y fue precisamente el valor de la paz la idea central de las palabras de Benedicto XVI, además de la firme condena del fanatismo religioso que conduce al terror y a la muerte. Por ello, instó a los musulmanes a emprender juntos ese difícil camino, resistiendo firmemente "las presiones negativas del entorno".

Nadeem Elyas comparte esta visión. Desde la presidencia del Consejo Central de los Musulmanes en Alemania, este alemán de origen saudí siempre ha condenado taxativa y fervientemente la violencia del islamismo radical. Fue además promotor de la "Carta Islámica", aprobada en 2002 para articular la convivencia pacífica de los musulmanes en este país. Allí podemos encontrar referencias a favor de la igualdad entre los sexos, de la separación entre Estado y religión o del aprendizaje obligatorio del alemán. Pero en esa Carta falta la firma de buena parte de la comunidad islámica. Y es que el doctor Elyas no es, ni mucho menos, la cabeza visible del Islam en ese país (aunque así se haya afirmado en más de un medio de comunicación). Los casi tres millones de turcos que residen en Alemania se agrupan en asociaciones dependientes de la "Oficina turco-islámica para los asuntos religiosos" de Turquía, que ejerce su control a través de las oficinas consulares. De hecho, durante el encuentro de Colonia algunos representantes de estas asociaciones pidieron a Benedicto XVI que apoyara la entrada de este país en la UE, para así demostrar que está a favor de la convivencia islamocristiana en la nueva Europa. Es decir, enarbolaron la bandera de la tolerancia religiosa cuando, en realidad, lo que estaban defendiendo era los intereses políticos del país al que rinden cuentas. ¿No hubiera sido más beneficioso aprovechar la ocasión para condenar expresamente el terrorismo islamista (ni una sola mención al respecto), en lugar de propinar una patada en la espinilla al máximo representante de la religión con la que solicitan convivir en suelo europeo? Curiosa manera de hacer méritos...

Se necesitan muchos Nadeem Elyas para poder entablar el "diálogo interreligioso" del que habló Ratzinger. Recalcó de manera sencilla y clara un mensaje tantas veces repetido por su antecesor, Juan Pablo II: "No hay paz sin una disponibilidad al diálogo sincero y continuo", exigiendo tal objetivo "un entendimiento cada vez mayor y una cooperación cada vez más efectiva entre los pueblos que recurren al único Dios verdadero". Benedicto XVI quiso dejar claro que el cristianismo no se sitúa frente al islam, sino al lado de él, demostrando así que, como dijera también en su día Juan Pablo II, "el diálogo interreligioso constituye para la Iglesia una auténtica vocación". Y es que, en efecto, no son los católicos quienes perjudican los intereses de la comunidad islámica, sino aquellos gobernantes que, amparados en una malentendida laicidad, impiden el pacífico ejercicio del derecho de libertad religiosa de los musulmanes. Ahí tenemos el ejemplo de Francia, que prohíbe por ley el velo en las escuelas públicas; o el del propio gobierno turco, que restringe la práctica del Islam al ámbito meramente privado en un país musulmán hasta la médula. Y no olvidemos el caso de España, ya que haría mal la comunidad islámica en pensar que la voluntad decidida del gobierno de apartar a la Iglesia de la vida pública (de la escuela, de las calles, etc.), no le salpicará de una u otra forma a corto o medio plazo. Como dice el refranero popular, "cuando las barbas de tu vecino veas pelar..." Incluso, llegado el momento, de nada le servirá el que algunos de sus representantes permanecieran impasibles mientras el Parlamento aprobaba una ley, la del matrimonio homosexual, que atenta contra todo aquello en lo que cree cualquier musulmán de a pie. Desde luego, no es éste el camino que Benedicto XVI propone recorrer.

La Iglesia católica ha tendido su mano sincera y abierta a los representantes del mundo musulmán, proponiéndoles luchar juntos contra lo que Ratzinger denominó años atrás "una dictadura de aparente tolerancia que frena el estímulo de la fe declarándolo intolerante", utilizando sólo las armas de la fe, una fe que "no busca el conflicto, sino el ámbito de la libertad y de la tolerancia mutua". Todo un ejemplo para aquellos que siembran el odio hacia la religión y entre los hombres de religión. Esperemos que tomen buena nota.

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