Noticias© Comunicación Institucional, 16/05/2006

Universidad de Navarra

Homenaje a Auguste D.

Autor: José Manuel Martínez Lage
Profesor honorario de Neurología
Universidad de Navarra

Fecha: 16 de mayo de 2006

Publicado en: ABC (Madrid)

En este año que corre se conmemora el centenario de la infausta enfermedad descubierta por Alois Alzheimer (1864-1915). Dos circunstancias hubieron de concurrir para que tal hecho sucediera: una enferma que la sufría y un neurocientífico genial que la cuidó y luego estudió su cerebro con el microscopio, el instrumento de trabajo en el que era un gran perito. Alzheimer nunca soñó que estaba dando a conocer una nueva enfermedad ni que su nombre ganaría fama universal. Él y todos sus discípulos de la escuela neuropatológica de Múnich pretendían descubrir las bases cerebrales de las demencias y de las psicosis en franca oposición a la teoría psicoanalítica freudiana a la sazón imperante que achacaba estos trastornos a traumas sexuales ocurridos en la infancia.

Dos fechas merecen ser recordadas al respecto: la del 8 de abril de 1906, día en que murió la enferma Auguste D. (1850-1906) y la del 3 de noviembre del mismo año, fecha en la que Alzheimer dio a conocer a sus colegas sus originales hallazgos, los que más tarde llevaron a Kraepelin a bautizar el proceso con el epónimo que hoy está en boca de todos. Se preparan en todo el mundo libros y congresos en homenaje a Alzheimer, pero tengo la impresión de que se va a dedicar escasa atención a la paciente que precisamente propició la investigación y cuyo historial clínico se conoce con detalle.

En la madrugada del 8 de abril de 1906 moría Auguste en el hospital psiquiátrico de Francfort a causa de una neumonía, después de haber permanecido ingresada en el mismo desde el 25 de noviembre de 1901 cuando tenía 51 años. Sus síntomas habían comenzado unos meses antes.

Sin la mínima razón para ello, empezó a asegurar obstinadamente que su marido "se iba de paseo con una vecina", levantando el consiguiente revuelo alrededor. Poco después, aparecieron dificultades para recordar cosas. Dos meses más tarde cometía más y más errores al cocinar. Paseaba de manera constante e inmotivada por su casa. Se despreocupó poco a poco de todo. Fue empeorando progresivamente. Aseguraba que un hombre que iba a su casa con frecuencia tenía la intención de "hacerle algo". Pensaba que las conversaciones que tenían lugar en su entorno hacían siempre referencia a ella. Más tarde, y con frecuencia, sentía por momentos ansiedad y miedo de estar muriéndose. Repicaba sin ton ni son las campanillas de entrada de las puertas de sus vecinos. No sabía encontrar sus propios objetos personales en los lugares en que ella misma los había guardado.

Su comportamiento se hizo hostil, gritaba frecuentemente y arremetía contra quien quería examinarla. Tocaba la cara de los otros enfermos y les golpeaba. Era difícil imaginar lo que quería. Tuvo que ser aislada. Presentó un serio trastorno del lenguaje, falta de comprensión, pobreza de palabras y clara asintaxis. Perdió el control de los esfínteres vesical y anal. Aparecieron úlceras por encamamiento continuado. Su debilitamiento físico fue cada vez mayor. Perdió mucho peso. Finalmente, padeció un grave proceso febril que la condujo a la muerte.

El 21 de diciembre de 1995, tras una intensa búsqueda, se encontró en el sótano de la Clínica Universitaria de Fráncfort la carpeta azul que contiene 32 folios -en seis de cuales hay manuscritos del propio Alzheimer- que relatan la enfermedad de Auguste. Tras su muerte, su cerebro fue enviado desde Fráncfort a Múnich, ciudad adonde se había trasladado Alzheimer en 1903. Muy intrigado por el caso desde que reconoció a la enferma a su ingreso en el hospital, lo estudió afanosamente y seis meses más tarde pudo dar a conocer sus resultados a sus colegas en una reunión en Tubinga. No despertó el mínimo interés, por lo que quedó muy decepcionado. En los años 1992 y 1997 se encontraron las preparaciones histológicas del cerebro de Auguste en el Instituto de Neuropatología de Múnich, lo que permitió corroborar con todo detalle todo cuanto Alzheimer había descrito unos noventa años atrás.

De la historia de la enfermedad de Alzheimer a lo largo de los cien años transcurridos me ocuparé en su momento. Hoy quiero rendir tributo a la primera enferma que, por desgracia, recibió científicamente tal diagnóstico. El mejor tributo es recordarla y decirle que la poderosa Alzheimer´s Association -que celebrará los días 16-22 de julio próximo, en Madrid su bienal Conferencia Internacional, a la que asistirán casi 6.000 investigadores- se propone nada menos que contribuir de manera decisiva a lograr "un mundo sin enfermedad de Alzheimer". Si el 95 % de los grandes descubrimientos sobre esta enfermedad han tenido lugar en los últimos quince años, no es una quimera pensar que en la próxima década pueda tener lugar su conquista. La opinión pública, las instituciones privadas y todos los gobiernos han de ser muy sensibles a esta problemática.

Como dijo la Princesa Yasmin Aga Khan, presidenta de Alzheimer Disease Internacional, “let´s get moving, there is no time to lose”. El mundo académico y universitario, la industria farmacéutica, las Administraciones y los grupos inversores han de ser capaces de realizar el esfuerzo necesario, superar las barreras existentes y encontrar los incentivos necesarios para descubrir los medicamentos curativos de esta enfermedad que, dado el envejecimiento progresivo de la población, va camino de convertirse en la undécima plaga de Egipto.

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