Noticias: 16/05/04 [ © Comunicación Institucional, 2004 ]
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La boda real
Autor:Josep-Ignasi Saranyana
Profesor de la Facultad de Teología
Universidad de Navarra
Fecha: 16 de mayo de 2004
Publicado en:  La Vanguardia (Barcelona)

La próxima boda de don Felipe y doña Letizia constituye un importante acontecimiento para el reino de España. Lo es también para los contrayentes.

Y ofrece, además, una excelente oportunidad para reflexionar sobre la institución matrimonial.

Para los católicos, el matrimonio es un gran misterio que expresa sacramentalmente (bajo signos y figuras) la unión de Cristo con la Iglesia. Los ministros del sacramento son los contrayentes.

En consecuencia, cuando dos bautizados contraen nupcias conforme a las normas, esa boda es por sí misma un sacramento.

Si la Iglesia impuso, desde Trento, algunas condiciones para la validez, como la presencia del párroco territorial, fue para proteger los derechos de los cónyuges y, en su caso, de la prole, y exigir el cumplimiento de los compromisos adquiridos. Por ello, en supuestos extremos, puede dispensarse la presencia del párroco o del sacerdote que ostente su delegación.

Exige la Iglesia sólo tres cosas para la validez de las nupcias: idoneidad de los contrayentes (edad suficiente, no estar unidos por otro vínculo matrimonial, carecer de impedimentos...); utilizar la forma adecuada, y consentir libremente en el matrimonio, aceptando implícitamente sus fines y su carácter único y permanente.

Juan Pablo II ha recordado que no se pueden requerir más condiciones. Iría contra el derecho de los fieles establecer mayores imposiciones, por razones pastorales o de diferente índole. Así lo ha entendido siempre la Iglesia, con su maternal sabiduría de siglos. El matrimonio es lo más natural: se han casado sabios e iletrados, ricos y pobres, sanos y enfermos.

Desde el punto de vista sobrenatural, sin embargo, pueda haber algún óbice para el fruto del sacramento (por ejemplo, casarse sin estar en gracia de Dios). Pero no se confunda la licitud con la validez; ni se mezclen los derechos fundamentales de los fieles con conveniencias sociales o pastorales.

El matrimonio es una institución hermosa, aunque difícil. Los españoles nos alegramos de la próxima boda y pedimos a Dios por la felicidad de nuestros príncipes.

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