Noticias© Comunicación Institucional, 16/02/2006

Universidad de Navarra

Una grata sorpresa: la primera encíclica de Benedicto XVI

Autor: Pablo Blanco Sarto
Profesor de Teología Dogmática
Universidad de Navarra

Fecha: 16 de febrero de 2006

Publicado en: Agencia Veritas

"La revolución del amor", así ha subtitulado un conocido periodista la primera encíclica de Benedicto XVI. El texto ha sorprendido a propios y extraños. El muy inglés The Times se refirió a él como un "bello y apasionado" escrito. "La encíclica no es propia de un inquisidor –seguía afirmando–, sino propia de un enamorado de Dios". El que ha sido hasta ahora un firme y celoso "guardián de la fe" habla ahora del amor y la caridad con una pasión que ha desconcertado a no pocos. The Guardian también se refirió a que "rompía su anterior imagen de frialdad". Por su parte, el italiano y laico Corriere della Sera reproducía amplios pasajes del texto, mientras el turinés La Stampa resumía los desafíos propuestos por el Papa alemán en el amor, la justicia y la caridad. The New York Times recordaba que Benedicto XVI volvía a la esencia del cristianismo, a la vez que otros medios de comunicación norteamericanos resumían el texto con un musical All you need is love

Una sorpresa. La teóloga Jutta Burggraf ha hablado también de "alegría y asombro" ante la nueva encíclica. Después de unos meses de espera, sobre los que el pontífice alemán ha ironizado al referirse a los problemas de traducción, ha aparecido por fin el esperado texto. Hasta ahora casi nadie se lo podía imaginar: tan sólo era predecible por los adelantos que hizo el mismo Benedicto XVI. Un bonito regalo, una agradable sorpresa, se repite. Sin embargo, han surgido también comentarios en los que se anima a no minimizar ni simplificar el problema. González de Cardedal recuerda que "la sencillez del texto pontificio resulta engañosa", ya que mantiene "un diálogo lúcido y generoso con la conciencia crítica de la modernidad". El teólogo salmantino llama ahí en causa -como autores refutados- no solo a los citados Nietzsche y Descartes, sino también a Kant y al mismo Lutero, a la vez que define la nueva encíclica como "una confrontación silenciosa con el platonismo, el judaísmo y el islam".

Resulta entonces que el que ha sido durante muchos años "el guardián de la fe", sin renunciar a ella, nos da ahora una clase sobre el amor, pues ambos -verdad y amor- son los dos pilares del cristianismo. Benedicto XVI cita a San Juan: "hemos creído en el amor" (1 Jn 4,16): creer y amar por tanto, amor y verdad, decir la verdad con caridad (cfr. Ef 4,15). "Dios es amor" (1 Jn 4,8) y "Yo soy… la verdad" (Jn 14,6) son dos textos compatibles y totalmente complementarios, ha recordado en varias ocasiones el Papa actual. Pero ahora, Benedicto XVI ha querido centrarse en el amor. "La palabra amor está hoy tan estropeada, desgastada y se abusa tanto de ella, que casi se teme dejar que aflore a los labios -dijo en un simposio sobre la caridad, a propósito de su primera encíclica-. Y sin embargo, es una palabra primordial, expresión de una realidad primordial; no podemos abandonarla, debemos retomarla, purificarla y devolverle su esplendor original, para que pueda iluminar nuestra vida y llevarla por el camino recto. Esta convicción me ha inducido a elegir el amor como tema de mi primera encíclica". El amor y la caridad son también temas profundamente cristianos. Ante una palabra tan devaluada y con una alta inflación por su uso y abuso, el Papa pide a los cristianos que reflexionen sobre ella. Después, hemos de limpiarla y devolverle su originario esplendor.

Más adelante el Papa ha glosado su propia encíclica, y nos ha ofrecido algunas pistas para leerla correctamente. La primera es afrontar una terrible objeción: "¿No nos amarga la Iglesia la alegría del eros, de sentirnos amados, que nos empuja hacia el otro y busca transformarse en unión?" ¿No será la propuesta cristiana una simple… represión del verdadero amor? Ante esto, el Papa alemán nos invita a mirar más allá: No se trata de alcanzar tan solo "una felicidad transitoria y pasajera", sino algo más estable y definitivo. Una felicidad de larga duración, como solo nos proporciona el encontrar la felicidad del otro, el hacer felices a los demás. Tu felicidad es mi felicidad, viene a recordar. La segunda objeción se presenta también con tintes dramáticos: ¿Podemos de verdad amar a Dios?, ¿podemos amar al prójimo, "cuando nos resulta extraño e incluso antipático"? Cuestión peliaguda, sobre todo cuando tenemos en cuenta la vida real y la experiencia cotidiana. El odio nos rodea e incluso se mata en nombre de Dios. El Pilatos de nuestros días preguntaría: ¿Qué es el amor?, ¿existe de verdad? La respuesta ante esta escéptica duda resulta sencilla: existe y se llama Dios. “Dios es amor”. Lo propio de Dios es amar y nosotros, hechos a imagen y semejanza de Dios (cfr. Gn 1,26), solo podemos amar. Y podemos amar porque Dios nos ama, el que se llama Amor nos ha amado primero. Él nos da su amor y nosotros podemos amar ‘de prestado’, es decir, gracias a su amor y con su amor.

Por eso el amor es más fuerte que la muerte, que el rencor, e incluso que nuestro egoísmo. Por eso la Iglesia y los cristianos tienen mucho que hacer y decir en este mundo, tantas veces sin amor. Por eso los cristianos –especialmente los laicos- tienen una misión importante, no solo en la labor asistencial sino en todos los campos, incluida la misma política, recuerda el Papa actual. Por eso esta encíclica puede tener un amplio alcance también ecuménico, ha dicho Walter Kasper, pues el amor es el "cemento" que une a todos los cristianos y a todas las iglesias, y construye así la única Iglesia de Cristo. De las tres misiones que tiene la Iglesia (celebrar los Sacramentos, anunciar la Palabra y servir en la caridad), es esta una misión común a todos los cristianos de la que tiene gran necesidad el momento actual. Es una labor que podemos hacer todos los cristianos unidos. De hecho, la encíclica (aunque fechada en un significativo día de Navidad), ha sido publicada el 25 de enero, fiesta de la conversión de san Pablo, precisamente cuando acaban los ocho días de oración que la Iglesia dedica a rezar por la unidad de los cristianos.
Se trata de hacer un frente común para recuperar el verdadero sentido del amor y de la caridad en los momentos actuales. Benedicto XVI presenta así esta "revolución del amor" que todavía no ha conseguido triunfar del todo en nuestro pequeño mundo. Para que esta se lleve a cabo de una vez por todas –recuerda-, hace falta no olvidar dos palabras: Dios y Cristo. Jesucristo es "el amor de Dios encarnado", que se concreta no solo en la caridad con los demás, sino sobre todo en la cruz y en el sacramento de la Eucaristía. De ahí nace todo nuestro amor a Dios y al prójimo: todo amor y caridad verdaderos vienen de Dios. Y esto es algo que en la Iglesia no hemos de olvidar, pero que también puede venir bien recordárselo a este mundo, a veces un tanto cruel. De verdad que el amor puede cambiar el mundo, nos repite Benedicto XVI con una seguridad que nos debe hacer pensar.

© 2006 Universidad de Navarra | Campus Universitario. 31080 Pamplona. Navarra (España). Tfno: +34 948 42 56 00 | Enviar e-mail de consulta Noticias

 

NoticiasDirectorioCuerpo