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La nueva cruzada
Autor:Josep-Ignasi Saranyana
Profesor de Teología
Universidad de Navarra
Fecha: 16 de febrero de 2003
Publicado en:  La Vanguardia (Barcelona)

El debate parlamentario sobre la guerra, del 5 de febrero, era calificado por Fernando Ónega, en "La Vanguardia", como un "pleno de altura". También lo ha sido, aunque en un orden diferente, el pronunciamiento de la Conferencia Episcopal Tarraconense. A título individual, varios obispos españoles han reflexionado sobre esta pretendida "guerra preventiva", con un notable sentido teológico y sentido pastoral, secundando las intervenciones papales. No se descarta una declaración conjunta de la Conferencia Episcopal Española.

Este clima generalizado de rigor analítico, altura de miras y seria argumentación moral (cristiana o puramente cívica, según los casos) sobre la ilicitud del ataque a Iraq, contrasta con el discurso bélico de la potencia dominante. Como han sugerido José Antich y Enric Juliana, el ala más radical del evangelismo reformado se ha planteado la guerra en el golfo Pérsico como una nueva cruzada. Antes, en el Medievo y el Renacimiento, eran los católicos romanos, con apoyos del incipiente mercantilismo veneciano; ahora, es el puritanismo aupado por el capitalismo extremo.

En el 2003 han cambiado los actores y ha variado un poco el discurso. Se ha pasado de la guerra defensiva a la preventiva. Pero se arriesga reeditar la cuarta cruzada, de infeliz memoria, ocurrida en 1204. Aquella cruzada pretendía, so pretexto de recuperar Tierra Santa, conquistar Constantinopla, desviando centenares de kilómetros el objetivo bélico. Tomar Bizancio era abrir la puerta comercial con Oriente.

No discutimos las pruebas de la CIA, que los especialistas sabrán valorar (aunque recuerdan el hundimiento del acorazado "Maine", en 1897). En todo caso, los debates parlamentarios del pasado día 5 nos han retrotraído a los momentos más esplendorosos de nuestra tradición iusnaturalista y teológica, cuando en Salamanca se discutía libremente sobre las causas que podían avalar una guerra justa. Es lamentable que aflore el debate moral de altura sólo en este caso tan dramático, y que se orille, apelando a argumentos frívolos y de poco calado, al abordar otras cuestiones no menos importantes, como la vida humana (incipiente o terminal), la corrupción política y financiera, o el envejecimiento demográfico.

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