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Diez claves para conciliar rigor científico y divulgación periodística
Autor:Enrique Sueiro Villafranca
Periodista y
profesor asociado de Comunicación
Universidad de Navarra
Fecha: 15 de noviembre de 2002
Publicado en:  Diario de Noticias (Pamplona)

Habitualmente, hay expertos científicos que con dificultad saben comunicar para el gran público y grandes comunicadores que carecen de formación sobre todos los temas científicos. Esta realidad no se presenta ni se percibe tan obvia como parece a primera vista. Por eso, algunas pistas pueden resultar útiles para conciliar rigor científico y divulgación periodística.

Lo que sigue a continuación no pretende ser original ni científico ni completo. Es sólo una aportación basada en la práctica.

1. Conocer las diferencias.

No sólo saber teóricamente, sino ser consciente de las diferencias entre el quehacer científico y el divulgativo. Ningún trabajo es mejor que el otro: son distintos y útiles en la medida en que se complementan adecuadamente. Hay que conocer lo elemental de cada uno. Por ejemplo, para divulgar no se precisa agotar el tema ni ofrecer todas las explicaciones con todas la matizaciones que podrían darse.

2. Aplicar adecuadamente el concepto 'urgencia'.

Urgente para los periodistas puede traducirse por horas o minutos. Difícilmente, un científico trabaja con esa premura de tiempo. Para los profesionales de la información, no llegar a tiempo equivale a no llegar.

3. Buscar la empatía.

Supone un esfuerzo, pero compensa conocer en concreto esas diferencias en el modo de trabajar del otro: condiciones, plazos, extensión... En la medida en que los científicos conocen los condicionantes del trabajo de los periodistas, y viceversa, unos y otros pueden mantener y mejorar su relación. ¿Qué bueno sería para un periodista pasar 24 horas con un profesor universitario y qué provechoso resultaría para el docente patearse la calle otras 24 horas junto al profesional de la información? Hay que ponerse en el lugar del otro.

4. Reconocer la propia ignorancia.

Humildad del periodista para reconocer que lo que él entiende es una pequeña parte de algo mayor y más complejo. También, humildad del docente que desconoce el mundo periodístico. Conviene que todos reconozcan su propia ignorancia. Tampoco hay que llegar al extremo de los que piensan que sólo quien sabe todo sobre un tema puede decir algo. ¡Estaríamos apañados!

5. Asumir que la comunicación no es ciencia exacta.

La comunicación humana no es una ciencia exacta; la información periodística, mucho menos. Hay que recordar que existen muchos ángulos desde los que se puede enfocar un tema: sociológico, político, económico, etc. Incluso desde una misma perspectiva puede ofrecerse más o menos información (una página, tres líneas o ni una palabra).

6. Identificar el interés informativo.

Conviene conocer los criterios para conceder interés informativo: historias humanas, todo lo relacionado con la naturaleza humana y sus pasiones, cifras, porcentajes, el carácter extraño de algo, todo lo espectacular, la actualidad... Cómo se agradece acercar la teoría de la que uno es experto (o de la que trata un congreso) a la vida diaria de la gente corriente en un momento determinado.

7. Usar un lenguaje accesible (evitar el síndrome 'aserejé').

Se trata, con frecuencia, de simplificar las cosas complicadas y, a veces, no complicar las cosas sencillas. ¡Todo un arte! Que unos y otros -sobre todo, los expertos- piensen en el destinatario de esa información: gente corriente. Lo que para un científico es básico puede resultar novedoso para el público. Conviene huir del síndrome aserejé: algo que suena bien, pero no se entiende o no dice nada.

8. Aprender y emplear el idioma de forma apropiada.

Idiomas como el castellano ofrecen una riqueza léxica sobresaliente. Existen palabras para expresar prácticamente todo. Así, el lenguaje se configura como una herramienta insustituible en la comunicación humana. En este sentido, cabe observar que lo decisivo no es tanto lo que uno quiere decir como lo que realmente expresa y, sobre todo, lo que el otro finalmente entiende. Lo común entre emisor y receptor es el lenguaje, el idioma. De ahí que resulte imprescindible que uno y otro lo conozcan suficientemente y lo empleen de manera correcta.

9. No dar nada por supuesto.

Según el público receptor, no hay que dar por supuestos determinados conocimientos. La gente ignora lo que el experto conoce y, también, lo que el periodista sabe acerca de lo que cuenta.

10. Rectificar.

Es un hecho: se producen errores. En primer lugar, conviene tomar medidas preventivas que, en el caso de los periodistas, pasan por mejorar su formación, contrastar los datos, verificar las informaciones, calibrar las consecuencias... Si después de estar razonablemente seguros, detectan errores, lo honesto es rectificar. Aunque todo el mundo se equivoca, en el caso de los periodistas, sus errores conllevan mayores consecuencias y, por tanto, una responsabilidad adicional.

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