Noticias© Comunicación Institucional, 15/10/2006

Universidad de Navarra

Teología y reforma

Autor: Josep-Ignasi Saranyana
Facultad de Teología
Universidad de Navarra

Fecha: 15 de octubre de 2006

Publicado en: La Vanguardia (Barcelona)

La Vanguardia ha hablado mucho de teología últimamente: glosas a la instrucción de la Conferencia Episcopal Española, del pasado 30 de marzo; comentarios a algunos discursos de Benedicto XVI, el papa teólogo, como se dice con acierto; reacciones ante las setenta tesis de un cualificado grupo de teólogos catalanes; entrevistas a decanos salientes y entrantes. Es lógico tal interés, porque la teología es una ciencia altamente cualificada, con una tradición multisecular (y no sólo entre cristianos).

Ahora requiere nuestra atención la impresionante homilía del Santo Padre a la Comisión Teológica Internacional, de hace dos semanas. En esa homilía, que era sobre todo una meditación, Benedicto XVI consideraba que Dios no es tanto el objeto de la ciencia teológica, cuanto más bien su sujeto o actor; porque, en realidad, en la teología es Dios quien habla. Por esta vía, siguiendo a Aquino, el Santo Padre invitaba a los teólogos a purificar sus palabras y los encaminaba por ser sendas de renuncia, para que de verdad Dios pueda hablar por ellos."Nuestra habla y nuestro pensamiento deberían ser sólo la ocasión de que Dios pueda ser escuchado, de que Dios pueda encontrar espacio en el mundo".

La teología no es, pues, simple especulación. El teólogo católico no puede, sin más, seguir la vía de Hegel y de tantos otros modernos. El teólogo es un oyente de la Palabra (con el permiso de Rahner).

Nada más ajeno al Pontífice, sin embargo, que empujar a la teología por caminos de improvisación, pretendidamente carismáticos. Benedicto XVI es el papa del rigor teológico, que ha reivindicado el papel de la razón (fe y razón) como herramienta apta para alcanzar un conocimiento verdadero de la esencia divina. Su reciente lección en Ratisbona, que pretendía recordarlo, ha sido criticada precisamente desde una cierta irracionalidad.

Por ello, toda reforma de la Iglesia (ecclesia semper reformanda) necesita de una teología con fuste específico. Nadie discute que la teología contemple los signos de los tiempos. Pero la teología no es ni filosofía social, ni historia, ni antropología o pura filosofía moral. Es eso y mucho más.

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