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Noticias © Comunicación Institucional, 15/04/2005Universidad de Navarra
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El gran comunicador
Autor:Francisco J. Pérez-Latre
Profesor de la Facultad de Comunicación
Universidad de Navarra
Fecha: 15 de abril de 2005
Publicado en:  Diari de Tarragona

A las 21.37 del sábado 2 de abril falleció Juan Pablo II. Ya en el 25 aniversario de su pontificado, Gerard Baker había escrito en el Financial Times que merecía el título de Grande. Su tarea era difícil: presentar el mensaje cristiano a la cultura contemporánea, que parece funcionar como si Dios no existiese. Los medios de comunicación no han sido ajenos a ese empeño: el mensaje ha alcanzado multitudes sin precedentes hasta el final.

Ningún pontífice ha estado tan expuesto a la mirada escrutadora de los medios y ninguno ha estado tan acompañado por multitud de personas de toda raza y condición. Siempre ha sorprendido su capacidad de superar con creces las expectativas y conectar con todos, especialmente los más jóvenes. Su magnetismo no parece proceder de la capacidad retórica o las aptitudes teatrales, sino más bien de la fuerza imparable de palabras y gestos que han cambiado el curso de muchas existencias.

En estas coordenadas no es extraño que Juan Pablo II haya prestado singular atención a los medios de comunicación, que han sido poderosos altavoces de su mensaje de paz. El espacio que dibujan los medios quedó caracterizado por Juan Pablo II como "el nuevo 'Areópago' del mundo de hoy. Un gran foro que, cuando cumple bien su papel, posibilita el intercambio de información veraz, de ideas constructivas y sanos valores, creando así comunidad". Aunque los medios y la Iglesia tienen "culturas distintas", piensa que deben cooperar y que sus conocimientos específicos son complementarios. Las posibilidades de enriquecimiento mutuo son notables.

Juan Pablo II, defensor de la paz a través de los medios

Juan Pablo II no perdió ocasión de recordar que la responsabilidad no recae sólo en los profesionales, a quienes contempla siempre con aprecio ("queridos artífices", les llamó en una ocasión), sino también en los usuarios que buscan en ellos entretenimiento o información. De paso, señala que los canales de televisión están siempre al servicio del bien común, sea su titularidad pública o privada.

La actividad de los medios tiene que hacerse presente también en la denuncia de las causas profundas de la violencia y el conflicto, que el Papa resume con palabras inequívocas: "Armamento generalizado, comercio de armas, opresiones y torturas, terrorismo de toda especie, militarización a ultranza y preocupación exagerada por la seguridad nacional, tensión Norte-Sur, cualquier forma de dominación, ocupación, represión, explotación y discriminación". Sin duda, "para actuar en un espíritu de justicia, no basta 'actuar contra', en nombre de una fuerza empedernida. Es preciso también 'actuar para y con' los otros, o, en el mundo de los mass-media, comunicar para cada uno y con cada uno...".

En 1994 señaló de manera penetrante algunos perjuicios que la televisión puede causar a la vida familiar. Eso ocurre "al mandar de onda en onda pornografía e imágenes de brutal violencia; al inculcar el relativismo moral y el escepticismo religioso; al dar a conocer relaciones deformadas, informes manipulados de acontecimientos nuevos y cuestiones actuales; al transmitir publicidad que explota y reclama los bajos instintos y exalta una visión falseada de la vida que obstaculiza la realización del mutuo respeto, de la justicia y de la paz". Juan Pablo II entrelaza todos esos peligros, que consideraba partes del mismo problema: el acoso a la dignidad de la persona, un bien que siempre estará necesitado de protección.

A la vez, el público demanda información religiosa y los medios la proporcionan, como recuerda con agradecimiento, en 1989: "La información religiosa tiende a ocupar más espacio en los medios de comunicación, debido al mayor interés que se manifiesta hacia la dimensión religiosa de las realidades humanas, individuales y sociales. Para analizar este fenómeno, habría que interrogar a los lectores de periódicos, los telespectadores y los radioyentes, porque no se trata de una presencia impuesta por los medios de comunicación, sino de una demanda específica por parte del público, demanda a la que los responsables de la comunicación responden dando más espacio a la información y comentario de temas religiosos".

El Papa fue bien consciente de la influencia del cine a través de imágenes que interesan a los espectadores. El séptimo arte difunde valores humanos de singular interés, que lo configuran "como vehículo de intercambios culturales e invitación a la apertura y a la reflexión con respecto a realidades ajenas a nuestra formación y mentalidad".

El papa que afirmó que los medios contribuyen al enriquecimiento espiritual

Las nuevas tecnologías fueron objeto de la atención cordial y positiva, porque los medios "están contribuyendo ya de muchas formas al enriquecimiento espiritual". Para Juan Pablo II, "es indudable que los medios de comunicación social representan también una fuente preciosa de enriquecimiento cultural para el individuo y para toda la familia". No podía faltar en su magisterio el análisis de las nuevas dimensiones que plantea Internet: "Hace posible un encuentro inicial con el mensaje cristiano, especialmente entre los jóvenes, que se dirigen cada vez más al mundo del ciberespacio como una ventana abierta al mundo".

Son muchas las enseñanzas que los comunicadores podemos extraer de la vida y el mensaje de Juan Pablo II. Por destacar algunas, cabe subrayar la atención positiva y abierta a las transformaciones tecnológicas; el aprecio por la difícil tarea que llevan a cabo los comunicadores; la coherencia para defender valores a contracorriente; la valentía para enfrentarse a lo arduo; la confianza en el valor de los propios argumentos. Y, en fin, el compromiso continuo con valores básicos para la convivencia que impregna todos los mensajes: paz, justicia, dignidad, solidaridad, fraternidad, atención a los más débiles. Juan Pablo II fue un gran comunicador y un comunicador modélico. Su liderazgo en el paisaje contemporáneo de los medios se basó en la coherencia y el compromiso vital con los valores que defiende.

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