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Noticias © Comunicación Institucional, 15/03/2005Universidad de Navarra
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Cultura de la salud y salud de la cultura
Autor:Miguel Lluch
Director del Instituto de Antropología y Ética
Universidad de Navarra
Fecha: 15 de marzo de 2005
Publicado en:  La Razón (Madrid)

¿Por qué nos importa tanto la salud y por qué hablamos tanto de ella? Respuesta rápida: "Porque es algo muy importante". ¿No será también porque no nos atrevemos a hablar de otras cosas y porque en cuanto subimos un poco el umbral antropológico de nuestras conversaciones nos da miedo afirmar o negar nada? La salud nos importa mucho. Sabemos cada vez más de ella y como nos interesa, la información que recibimos es tanta que ya no podemos evitarla. Para poder atenderla en los diarios, las revistas, los folletos, los correos electrónicos, la publicidad, la radio y los programas televisivos tendríamos que dejar todas nuestras demás ocupaciones para estar sólo un poco al día. Y no llegaríamos. Pero no hace falta especializarse, basta con ir picoteando aquí y allá y puedes llegar a alcanzar una respetable maestría. Este interés me parece muy bueno, por supuesto. Sabemos y escuchamos nuevas noticias y explicaciones sobre qué es lo que hace bien y qué es lo que perjudica a nuestro cuerpo. A veces las noticias son contradictorias pero no importa, si a nuestro equilibrio biosomático se refiere, todo es poco. Este es un ejemplo más de los cambios de mentalidad que se operan en una sociedad. Cualquiera de hace varias generaciones que nos visitara no tardaría en preguntarnos "¿qué os pasa a todos con la salud?".

Pues así es y así somos ahora, y hay que aceptarlo. Hemos ido creando entre todos una cultura de la salud. No voy a analizar aquí cómo se ha producido esa nueva configuración, simplemente la constato. Existe una cultura de la salud y esto nos aproxima unos a otros, hace que nos sintamos comunidad, hace que nos sintamos miembros de una misma sociedad. Cualquiera podrá contar episodios parecidos a éste: Un día iba yo conduciendo y asomaba mi cigarrillo por la ventanilla del coche cuando un conciudadano, desde el otro lado de la mediana y en dirección contraria me avisó con evidente esfuerzo por su parte: "Eh oiga, que fumar es malo, déjelo". Mientras se lo llevaba la corriente de coches hacia el otro extremo de la avenida sentí una especie de emoción patriótica y social, casi fraternal. Aquel hombre consideraba tan importante que yo llevara un cigarrillo encendido en la mano que se retorció en su asiento y se desgañitó para ayudarme. Me hizo pensar aquello, sobre todo porque era de coche a coche y se acercaba el final del día ¿Quién dice que vivimos en una sociedad individualista y que nos gusta vivir y dejar vivir? No es así, no nos dejamos vivir como cada uno quiera y todos en paz, como nos desean algunos. Todavía no hemos alcanzado la cultura del "cada uno a lo suyo". Sólo hemos cambiado unos temas de interés por otros, pero los demás nos siguen importando y mucho, y nos podemos meter en sus vidas, aunque sea a gritos y en carriles contrapuestos.

Sentimos que tenemos que ayudarnos unos a otros como buenos amigos, ciudadanos, padres, hijos... Es normal, el ser humano es un ser relacional. Y seguiremos siendo siempre solidarios y seguiremos metiéndonos en la vida de los demás como en todos los tiempos. Lo único que cambia con los tiempos es qué nos importa de los demás y en qué nos atrevemos a no dejarles en paz y cada uno a lo suyo.

Ahí está la clave ¿en qué cuestiones podemos meternos y en cuáles hay que hacerse el tonto? ¿No les parece que hay un Índice de Temas Socialmente Correctos? Pero atención, es muy importante no equivocarse de guía, hay que hacerse siempre con el Último ITSC. En ese Índice están las nuevas cuestiones por las que se hace necesario intervenir en la vida de los demás. Lo que no aparezca ahí ya no es tema de preocupación. Ya no nos debe llamar la atención. Es normal, no es ni bueno ni malo, con eso no pasa nada. Hay que callarse y dejar pasar. Si no está ya aprobado por el UITSC como tema del que se puede hablar, entonces es como si no existiera. Hay cosas de las que no tenemos que hablar porque nos disgustamos, porque no estamos todos de acuerdo. Cuestiones que se han quitado del Índice de interés. Cuando observas una de esas cuestiones desautorizadas por el UITSC no puedes ya hacer nada, son cuestiones ante las que hay que callar y mirar a otro lado. No hay que opinar de eso porque nos recuerdan cosas fuertes y pesadas de soportar, porque son decisiones que acarrean compromisos o por vete a saber por qué.

Un día capté el final de una conversación en la calle. Alguien aseguraba que "de religión y de política no tenemos que hablar porque nos vamos a separar, enseguida nos enfrentamos". Como decía, hay cosas de las que no tenemos que hablar porque son problemáticas. La salud, en cambio, es un oasis y un remanso asegurado de paz ciudadana. ¡Todos estamos de acuerdo!

Dime de qué hablan y te diré quiénes son. La gente se manifiesta al exterior de mil maneras y esta es una de las características de la humanidad. La persona, como la antropología sabe, es misterio que se manifiesta libremente, que tiende puentes libremente desde su interioridad siempre inaccesible, hacia todo lo demás y especialmente hacia las demás personas. Nos dice tantas cosas una mirada, un tono de la voz, una sonrisa de un lado o de otro, el movimiento de una ceja, de un hombro, de la nariz. Todas estas cosas están muy estudiadas y también lo está que el puente principal de relación interpersonal y de manifestación de uno mismo a otro es la palabra. Con las palabras manifestamos lo que hay en nuestro espíritu del modo más perfecto y claro. Las palabras unen a las personas y las separan, las dan a conocer máximamente. Pues bien, pienso que hay que hablar de la salud biosomática, pero también se podría hablar de la salvación de la totalidad de la persona, de la construcción de una sociedad mejor, de la necesidad de la religión y de la nostalgia de Dios, de la familia y de cómo se educa a un hijo en sus alegrías y problemas, de qué mundo se está configurando a nuestro alrededor y si nos gusta o no, de la muerte, el dolor y la enfermedad, de la amistad y la fidelidad y también de la traición, de la política y de los negocios, de los comportamientos que son nobles y de los que son mezquinos o despreciables y de lo que hace daño y de lo que mejora a las personas, a las familias, a la sociedad. Y no sólo del bien biosomático de nuestros cuerpos. Tenemos que hablar de todo, de lo que es bueno y malo para los cuerpos y también para los espíritus.

Dime de qué hablamos y te diré quiénes somos. O mejor dime de que está permitido hablar en el Índice de los Temas Socialmente Correctos y te diré quiénes quieren que seamos. En los animales es posible deducir el bien del bienestar material; en el ser humano entra en juego algo más, mucho más, algo que tiene un sentido completamente distinto y que puede contradecir radicalmente las solas necesidades materiales. La persona no es su inteligencia o su memoria o su cuerpo (sano o enfermo) o su alma o todo lo que podamos añadir. La persona la conexión inefable que unifica todo eso sin quedar absorbido en ninguno de sus órganos visibles y de sus potencialidades invisibles y que se manifiesta a través de todo eso en la palabra.

¿No ha llegado ya el tiempo de los Índices Abiertos? Un tiempo en el que acabemos entre todos con los Índices cerrados, con los temas tabús, con las cuestiones de las que no es correcto pensar y como consecuencia hablar porque nos separan, nos inquietan, nos plantean retos mayores que la atención de las necesidades corporales. Un tiempo en el que no sólo seamos personas, sino que pensemos y hablemos como tales.

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