Noticias© Comunicación Institucional, 15/01/2008

Universidad de Navarra

Harvard, una institución legendaria

Autor: Jordi Canals
Director General del IESE
Universidad de Navarra

Fecha: 15 de enero de 2008

Publicado en: La Gaceta de los Negocios (Madrid)

La Harvard Business School nació hace ahora 100 años. No es la escuela de dirección de empresas de postgrado más antigua, pero sí la que ha tenido, posiblemente, mayor influencia en la dirección de empresas durante los últimos cien años. Su impacto positivo en el desarrollo del IESE es una buena muestra de ello. Las razones de aquella influencia van más allá del uso del conocido método del caso, su campus único, la calidad de sus profesores o el impacto positivo de muchos de sus antiguos alumnos.

La primera y más relevante razón del prestigio de Harvard radica en el sentido de misión que tiene la escuela. Quizá este juicio pueda resultar algo sesgado, al proceder de un profesor de otra escuela, el IESE, que también tiene un importante sentido de misión en torno a la cual define su estrategia y diseña sus programas. El propósito de Harvard es ayudar a formar líderes que sean capaces de tener un impacto positivo a través de su trabajo profesional en la empresa. Más allá de la retórica, Harvard organiza sus programas, la investigación y las diversas actividades con aquel objetivo como referencia.

Uno de los aspectos que más me han llamado la atención en conversaciones con los tres últimos decanos de la escuela, los profesores John McArthur, Kim Clark y Jay Light, es la claridad de aquel propósito.

Con motivo de las reuniones periódicas del Comité Harvard-IESE ha surgido la pregunta acerca del motivo por el que han emprendido un nuevo proyecto. Los colegas de Harvard no responden con argumentos como el retorno sobre la inversión, la imagen de la escuela o la cuota de mercado, sino que después de una reflexión conjunta con diversos profesores, han concluido que aquello es lo que conviene hacer en aquel momento. La grandeza de una institución como Harvard no depende del éxito a corto plazo de sus iniciativas, o del éxito en originar o seguir una moda, sino en hacer lo que la sociedad espera de ella que haga en cada momento y hacerlo de modo excelente. Esto ha permitido a la escuela trabajar en cuestiones importantes y relevantes, más allá de las presiones o urgencias de la coyuntura.

Misión y propósito

La misión fundacional del IESE ha sido y es el motor de sus actividades, y en su ejecución hemos siempre encontrado en Harvard una referencia espléndida sobre cómo lograrlo.

Las otras razones están relacionadas de algún modo con el propósito de la escuela. Éste es el caso del diseño y orientación de sus programas, que tienen un carácter verdaderamente transformador. Una gran mayoría de escuela de prestigio en Estados Unidos y Europa siguen ofreciendo en sus programas un conjunto de contenidos por parte de profesores que pretenden transmitir a sus alumnos aquellos aspectos que consideran centrales en sus campos respectivos. Se trata de un enorme esfuerzo por transmitir conocimientos y desarrollar capacidades. Harvard siempre ha ido un poco más allá. Mediante la inversión espectacular que realiza en la elaboración de casos reales de empresas, el uso purista del método del caso que no es simplemente un ejemplo para ilustrar, sino un conjunto de problemas para reflexionar con humildad y profundidad- conduce a que los alumnos sean los principales protagonistas de cada sesión, de cada curso. Los profesores son muy importantes, pero no para presentar lecciones magistrales o experiencias singulares, sino para plantear los marcos conceptuales, las cuestiones, los aspectos críticos, o también los conocimientos necesarios, para que cada alumno, a propósito de un problema real descrito en un caso, desarrolle un conjunto de capacidades y reflexiones sobre sus actitudes de una manera sistemática.

La metodología propia de Harvard fomenta una capacidad más compleja que la adquisición de conocimiento: la capacidad prudencial de toma de decisiones en situaciones inciertas y complejas. Los cursos en Harvard no ofrecen la garantía de acertar siempre en las decisiones, pero sí ofrecen unos marcos conceptuales, unas experiencias y unos procesos de reflexión y decisión muy sólidos.

Precisamente, esta metodología permite no sólo discutir sobre problemas, sino reflexionar sobre el modo de afrontar aquellos problemas, ayudando a que cada alumno se interpele constantemente sobre sus motivaciones y actitudes más íntimas, y las contraste con las de sus colegas. El enriquecimiento que cada alumno consigue mediante este proceso es enorme.

El prestigio de Harvard se ha consolidado también por la valía profesional y humana de su claustro de profesores. Harvard ha buscado personas con las mejores capacidades académicas, pero también con la sensibilidad y experiencia para poder realizar una constante interacción entre la teoría y la práctica, entre la academia y la empresa, entre los conocimientos y su aplicación real. Hay una leyenda, que se sigue cumpliendo en numerosas ocasiones, sobre la diferencia entre un profesor de cualquier otra escuela norteamericana de prestigio y un profesor de Harvard. El primero se suele presentar como profesor de finanzas, márketing o estrategia. El segundo simplemente se presenta como profesor de Harvard. Esta anécdota revela un detalle importante: los conocimientos propios de cada campo se ponen en el caso de Harvard al servicio de la formación integral de los alumnos.

La Harvard Business School se ha convertido en una institución legendaria. Sin embargo, su sentido de misión, la calidad de su claustro académico y de su equipo de gobierno y las numerosas iniciativas que está desplegando permiten afirmar con seguridad que lo mejor de Harvard está aún por venir.

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