Noticias© Comunicación Institucional, 15/01/2006

Universidad de Navarra

Pat Magee y Jo Berry se han reconciliado

Autor: Alejandro Navas
Profesor de Sociología
Universidad de Navarra

Fecha: 15 de enero de 2007

Publicado en: Diario de Navarra

Brighton, 12 de octubre de 1984. Poco antes de las tres de la madrugada explota una bomba en el Grand Hotel, donde el Partido Conservador celebra su congreso. El objetivo principal del atentado, la primera ministra Margaret Thatcher, ni siquiera se encontraba en su habitación, pero hay cinco víctimas mortales, entre ellas el diputado Sir Anthony Berry.

El terrorista del IRA que colocó esa bomba, Pat Magee, fue detenido al cabo de unas semanas y condenado a un mínimo de treinta y cinco años de prisión, pero quedó libre en 1999 gracias a la “amnistía del Viernes Santo”.

Una de las dos hijas de Sir Anthony, Jo, tenía veintisiete años en el momento del atentado y después de haber vivido en la India se disponía a trasladarse a África el mismo día 13 de octubre. La inesperada muerte de su padre la llevó a cambiar de planes y regresar a su país para afrontar las consecuencias de la tragedia. Le resultó difícil, también por la prolongada ausencia de su patria, y durante años se vio dominada por la rabia y la desesperación, hasta que en 1999 una experiencia fortuita marca un punto de inflexión: la lluvia hace que comparta taxi con un irlandés próximo al nacionalismo. El hermano de ese chico había militado en el IRA y murió abatido por la policía. De repente, Jo se encontraba con alguien del otro bando pero que compartía sus sentimientos. Esa breve conversación de apenas diez minutos bastó para cambiar la actitud de Jo, que pasó a interesarse por los causantes de la muerte de su padre como personas y no simplemente como asesinos inhumanos.

Aunque no le resultó sencillo, buscó y encontró a Pat Magee, y a ese encuentro inicial siguieron otros, en los que llegaron a un auténtico diálogo que abrió paso a la comprensión de la trayectoria y punto de vista del otro. El acercamiento no ha sido fácil; por ejemplo, Pat Magee se arrepiente de su militancia terrorista, pero sigue justificando el empleo de la bomba y afirma que era en su momento la mejor opción dentro de una estrategia adecuada. Con todo han aprendido a respetarse y apreciarse mutuamente y aparecen incluso juntos en mesas redondas y conferencias. El público que asiste a esos actos se conmueve cuando al final de sus intervenciones Jo y Pat se abrazan a la vista de todos para subrayar con ese gesto lo que han dicho antes de palabra. Ellos mismos declaran que su relación no está exenta de tensiones y que en alguna ocasión discuten, pero siguen viéndose y actuando juntos para mostrar al mundo que la reconciliación y el entendimiento son posibles.

Por fortuna, el caso de Jo y Pat no constituye una excepción aislada. Se puede mencionar en este contexto el Forgiveness-Project, alentado por la periodista inglesa Marina Cantacuzino, que entre otras cosas ha organizado la exposición The F-Word, en la que se recoge una extraordinaria colección de historias de reconciliación entre víctimas y autores que, con mucha frecuencia, han pasado inadvertidas a la opinión pública.

¿Tendremos algún día en nuestro país los equivalentes de Pat Magee y Jo Berry, salvadas las diferencias entre ambos conflictos? Está bien confiar en las líneas de actuación política y policial para intentar terminar con la terrible lacra del terrorismo, pero las heridas no quedarán curadas mientras los protagonistas no aprendan a merecer el perdón y a perdonar como paso previo a la convivencia pacífica.

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