Noticias© Comunicación Institucional, 15/01/2006

Universidad de Navarra

Religión en la escuela (II)

Autor: Josep-Ignasi Saranyana
Facultad de Teología
Universidad de Navarra

Fecha: 15 de enero de 2006

Publicado en: La Vanguardia (Barcelona)

Hace dos años se impartían en España 390.790 horas de religión por parte de 21.249 profesores de primaria y secundaria. Las cifras actuales no habrán variado mucho. Puede cambiar, sin embargo, el marco legal.

En efecto, si se promulga la LOE, la religión se moverá en un mar proceloso: quizá no se imparta en horario lectivo, no tenga materia alternativa y no se equipare, por ello, a las demás disciplinas fundamentales, como establece el Acuerdo de 1979 del Estado español con la Santa Sede. Su éxito dependerá mucho más que ahora de la solidez de los contenidos y de la competencia del profesor.

El Acuerdo de 1979 prevé que haya en los centros escolares tareas complementarias y de asistencia, que muevan la voluntad de los católicos en su adhesión al mensaje religioso. Pero cuidado: la asignatura de religión no es catequesis. Es ciencia que, si bien iluminada por la fe, no pertenece al creer sino al saber. Una cosa es la fe y las verdades cristianas, y otra los sistemas científicos que tienden a explicar racionalmente el hecho religioso.

Justo por ello la docencia de la religión no requiere, en sentido estricto, misión canónica. El profesor no es un "enviado" a evangelizar. La vigilancia de la autoridad eclesiástica se inscribe en otro orden. Insistir en la condición evangelizadora de la asignatura podría inducir a que se equiparase la clase de religión con una tarea catequética, dificultando más todavía la defensa de la condición científica de esta disciplina. El derecho a la educación religiosa en régimen de laicidad exige andar con mucho tiento, respetando el estatuto propio de cada cosa.

En consecuencia, la aptitud y preparación del docente deberán ser más valoradas todavía. Ante todo, buen profesional. O, por lo menos, tan buen profesional como buen cristiano. No obstante, la interinidad del estatuto laboral y académico y, en algunos lugares o ambientes, la baja estima social de la asignatura pueden retraer a candidatos valiosos y dificultar, por ello, la selección y habilitación del profesorado y su posterior designación por parte de la autoridad académica. He aquí un obstáculo considerable que habrá que superar.

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