Noticias© Comunicación Institucional, 14/12/2006

Universidad de Navarra

Perplejidades ante el manifiesto del PSOE

Autor: Carlos Soler
Profesor de Relaciones Iglesia-Estado
Universidad de Navarra

Fecha: 14 de diciembre de 2006

Publicado en: Diario de Navarra

Bajo el título “Constitución, laicidad y educación para la ciudadanía”, el PSOE ha hecho público un manifiesto con motivo del 28º aniversario de la Carta Magna de 1978, en el que menciona la Constitución del 1931 como la “más alta plasmación” del ideal democrático en la historia de España, junto con la del 78. Ninguna objeción respecto a esta última. Pero la alusión a la Constitución del 31 no me parece afortunada en este manifiesto. En efecto, el documento gira en torno a la laicidad. Y es evidente que la laicidad tiene mucho que ver con la religión: con la postura que tomamos como sociedad ante la religión, y con el papel que se reconoce o se niega a las religiones en la vida social.

Pues bien, en esta materia, la Constitución del 31 dista enormemente de ser una plasmación del ideal democrático. Es extraordinariamente anticlerical. Véase sobre todo el artículo 26, pero también el 27, 48, 70, y 87, entre otros. Por poner algunos ejemplos: disuelve la Compañía de Jesús y nacionaliza sus bienes; obliga a todas las confesiones a constituirse en asociaciones religiosas y las somete a una ley especial; decreta que otra ley establecerá qué órdenes deberán ser disueltas; las que no resulten disueltas tendrán prohibido el comercio, la industria y la enseñanza (en la práctica, desaparece la enseñanza católica). No puedo evitar una pregunta: ¿qué hay detrás de esta mención innecesaria de un texto tan desafortunado en el inicio mismo del manifiesto? ¿Qué se pretende con esto?

El manifiesto habla del espíritu de concordia, generosidad y consenso con que se elaboró la Constitución. Pero parece que el PSOE está poniendo en peligro ese precioso legado. Un ejemplo: la mayoría gobernante aborda de forma preocupante la recuperación de la memoria histórica. Viene bien recuperar la memoria. Pero no, si se trata de una recuperación selectiva, e incluso sectaria: homenajear sólo a las víctimas de un bando. Se recurre al argumento absurdo de que las del otro bando ya fueron homenajeadas por Franco. El argumento falla precisamente porque los homenajes de Franco fueron también selectivos y sectarios, y eso no se corrige con otros igualmente selectivos y sectarios, sino con un homenaje global o con una superación consensuada de la historia.

El manifiesto sólo menciona la religión como algo negativo: lo único que se dice sobre ella es que los fundamentalismos monoteístas o religiosos dividen, mientras que la laicidad integra. No hay ninguna mención positiva a las religiones, ni mucho menos a la aportación que pueden prestar a la convivencia ciudadana. En el manifiesto, el fenómeno religioso es considerado exclusivamente como un potencial factor desestabilizador.

Se afirma que sin la laicidad serían delitos el aborto y el matrimonio de homosexuales, y dejarían de ser delitos la violencia de género y la ablación. Aun queriendo ser sumamente respetuoso, no tengo más remedio que decir que esto no es defendible. ¿Alguien en toda España se lo cree? Veamos: el aborto sigue siendo un delito hoy por hoy, aunque despenalizado en determinados supuestos (por lo demás, la oposición al aborto se fundamenta en razones jurídico-políticas tan válidas, por lo menos, como su defensa: estamos tratando de vida humana y de la muerte de seres humanos, y sobre esto se puede discutir independientemente de las posturas que adopten las diversas confesiones al respecto: el aborto no es una cuestión religiosa); en cuanto a la homosexualidad, no era delito en el código penal franquista (sí se mencionaba en la “ley de peligrosidad social”); por lo que se refiere a la tipificación penal de la violencia de género y la mutilación sexual femenina, no tienen nada que ver con la laicidad, al menos en un país como España.

Ahora sólo querría concluir con una llamada a la cordura. Se trata de construir, entre todos y para todos, una convivencia pacífica, respetuosa y cordial. Pues bien, creo que este manifiesto no es el camino: apela a la convivencia, a la integración, a la tolerancia y a otros valores, pero en realidad parece obedecer más a una lógica de confrontación que a una lógica de conciliación. Pienso que el Partido Socialista debería reflexionar en serio sobre esto.

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