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14/11/2008

12-S, dos años después: Razón, islam y cristianismo

Autor: Pablo Blanco
Profesor de Teología
Universidad de Navarra

Fecha: 14 de noviembre de 2008

Publicado en: ABC (Madrid)

Fue considerado por parte de algunos como una respuesta al atentado a las neoyorkinas Torres Gemelas, el 11 de septiembre de 2001. Fue justo cinco años después. El 12 de septiembre de 2006 Benedicto pronunció un discurso en el aula magna de la universidad de Ratisbona, la ciudad del Danubio. Había enseñado ahí como profesor en los años setenta, los años de la revuelta estudiantil. Hay quien vio en una cita refutada del discurso un ataque irrefutable al islam. Y hubo algunas tristes respuestas violentas. Sin embargo, aquel era sobre todo un discurso dirigido a un público occidental. Karl Lehmann, entonces presidente de la conferencia episcopal alemana, afirmó que el tema tratado no era el islam sino la razón. Aquellas líneas hablaban –si se leen bien– de paz, razón y diálogo, y no tanto de cruzada, guerra santa y choque de civilizaciones. El discurso de Benedicto XVI que tanto revuelo levantó venía sobre todo a recordar de modo paradójico una constante: la importancia de la razón –junto con el amor– en el cristianismo, la religión del logos y del agape. Así, la racionalidad es un principio que la religión cristiana comparte con la Ilustración y la modernidad desde hace mucho tiempo.

Razón e Ilustración

El tiempo ha serenado los ánimos. En el islam ha habido también respuestas positivas a esta propuesta de diálogo entre razón y religión. No todo es fundamentalismo, claro está. Ha habido varios intelectuales islámicos que han recogido el guante del diálogo entre razón e islam. 138 de ellos han firmado un manifiesto de apoyo. El tema sin embargo ha hecho también mella en occidente. El conocido filósofo Jürgen Habermas denunció en febrero de 2007 en el Neue Zürcher Zeitung el tono "antimoderno" que creía ver en el discurso de Ratisbona. Es cierto que este epígono del marxismo había dado muestras de acercamiento a la religión en un encuentro con el entonces cardenal Ratzinger en Múnich en enero de 2004, a propósito precisamente del atentado contra las Torres Gemelas. Razón y religión –concluyeron ambos– podían liberarse mutuamente de las respectivas patologías. Para Habermas sin embargo la "razón secular" y la "razón teológica" podrán tener tan solo un acercamiento, un encuentro más bien casual y no demasiado profundo. Según él, en la religión había algo opaco a la razón. Entre razón y religión puede haber una cierta colaboración, pero nunca alcanzarán una misma verdad. Pueden construir un puente común desde distintas riberas, pero nunca recorrer un mismo camino.

Su propuesta era de nuevo la vieja Ilustración: la razón puede tener efímeros contactos con la religión, pero en el fondo permanece lejos, impermeable, al pertenecer a otro planeta. Como si Dios no se hubiera encarnado. Sin embargo, unos meses después, en marzo de este año en Roma, Habermas afirmaba que la tradición laica "podría aprender la razón secular al tomar conciencia de su relación genealógica con la herencia judeocristiana". Aquello lo tomaron algunos como un ataque al laicismo más laicista. Habermas insistió en que "en un mundo postsecular no podemos actuar tan fácilmente como si Dios no existiera". La propuesta del papa alemán en el discurso pronunciado en la universidad ratisboniana iba en esa misma línea, y es lo que Joseph Ratzinger sostuvo –apelando a Pascal– hace algún tiempo, en ese caso frente a Marcello Pera, agnóstico, filósofo de la ciencia y ex-presidente del senado italiano. Creyentes y no creyentes, debemos vivir etsi Deus daretur, como si Dios existiera. Es este también el modo más humano de vivir.

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