Noticias© Comunicación Institucional, 14/05/2007

Universidad de Navarra

El desafío latinoamericano

Autor: Francisco Varo
Facultad de Teología
Universidad de Navarra

Fecha: 14 de mayo de 2007

Publicado en: La Gaceta de los Negocios (Madrid)

El domingo 13 de mayo Benedicto XVI inauguró en el santuario brasileño de Aparecida la quinta Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe. Hay mucho en juego.

La primera de esas conferencias tuvo lugar en 1955 en Río de Janeiro. A partir de la segunda, celebrada en Medellín en 1968, se podría decir que nace una Teología de la Liberación que pronto fue derivando hacia la lucha por instaurar un sueño marxista en nombre del Evangelio. La situación era muy compleja cuando Pablo VI la clausuró. El ambiente permanecía difícil en 1979 cuando Juan Pablo II inauguró en Puebla la tercera conferencia. Su discurso tuvo un fuerte impacto, e impulsó un esfuerzo de clarificación doctrinal para que los genuinos valores cristianos de liberación no quedasen desvirtuados en un contexto revolucionario. En 1992, la cuarta conferencia reunida en Santo Domingo se desenvolvió en un ambiente más sereno y constructivo, que dejó descontentos a quienes enarbolaban la bandera liberacionista más radical de un Medellín mítico.

Ahora, ante la quinta conferencia, las espadas se mantienen en alto, aunque no con la gravedad de entonces. Todavía algunos añoran ese “regreso a Medellín” y no regatean esfuerzos por hacer revertir la historia. En una imaginaria “Carta a Ignacio Ellacuría” publicada hace unos meses, Jon Sobrino valoraba, desde su punto de vista, el rumbo que habían tomado las conferencias anteriores y manifestaba lo que esperaba de Aparecida: “Ellacu -le decía- ojalá en Aparecida remontemos vuelo, sin reproches y con magnanimidad, sin rencores y con esperanza. Pero es importante retomar el rumbo y encaminarnos hacia un nuevo Medellín. En Aparecida deberá haber mucho de nuevo, pero también mucho de Medellín”.

Sin embargo, a pesar de los intentos por desempolvar viejas entelequias, en la actualidad no queda lugar para la nostalgia de una pastoral anclada en la frialdad de la utopía marxista, que se ha demostrado incapaz de responder a los grandes desafíos que se han presentado a la Iglesia en los últimos cuarenta años. Las estadísticas son escalofriantes. Si miramos al Brasil, en 1980 los católicos eran el 89 por ciento de la población. En el censo de 2000 habían descendido al 74 por ciento; y hoy en San Pablo, en Río y en las áreas urbanas llegan incluso a estar por debajo del 60 por ciento. En cambio, las sectas han tenido un crecimiento espectacular. Algo análogo podría decirse de muchos otros países de América Latina ¿Qué ha sucedido?

Si tantos fieles abandonan la Iglesia Católica y pasan a esos nuevos movimientos religiosos es tal vez porque tienen hambre y sed de un Jesús vivo, y no lo han descubierto en donde cabría buscarlo. En muchas comunidades cristianas sólo les han hablado del Jesús humanizado y politizado de una teología quimérica con aires revolucionarios. En los ambientes eclesiásticos que tenían más cerca sólo han encontrado una imagen muy débil del Jesús verdadero y se han marchado a buscarlo por otros lugares.

Benedicto XVI ha llegado a Brasil con la sabiduría cristiana y la palabra de Jesús más genuina. Presumiblemente el Papa afrontará en su discurso inaugural los problemas de la fe y de las sectas, pero no se desentenderá de la pobreza ni de los regímenes autoritarios que gravan sobre la sociedad latinoamericana. Desde su llegada a Brasil el Papa ha comprobado que, a pesar de todo, la Iglesia está viva y es joven. De la conferencia de Aparecida cabe esperar luces claras y un nuevo rumbo que permita desarrollar de modo genuino la potencia salvífica del Evangelio. El Espíritu Santo nos depara sorpresas.

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