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13/10/2009

No lo abandone, mátelo

Autor: Luis Arechederra
Catedrático de Derecho Civil
Universidad de Navarra

Fecha: 13 de octubre de 2009

Publicado en: ABC.es

El título que encabeza estas líneas podría pasar por un mensaje a los dueños de perros. Sin embargo, se trata de un mensaje que la sociedad dirige a la mujer embarazada. Ésta no teme tanto el embarazo como el post-parto. Una sociedad rígidamente puritana retrotrae el post-parto al embarazo. Por ello, la mujer que puede verse privada del gozo de traer otro ser al mundo, dadas ciertas circunstancias, sufre anticipadamente la angustia de una madre indefensa con su hijo en brazos. Es sabido que el tiempo imaginado supera con mucho al tiempo real. La imaginación enriquece y desquicia. Puede conducir a un círculo vicioso perverso: «O lo tengo o aborto».

Y no tiene que ser así. Hasta hace poco en este país se toleraba el ocultamiento del parto. El vigente artículo 120.4.º del Código Civil se expresa así: «La filiación no matrimonial quedará determinada legalmente: 4.º respecto de la madre, cuando se haga constar la filiación materna en la inscripción de nacimiento practicada dentro de plazo, de acuerdo con lo dispuesto en la Ley del Registro Civil».

La inclusión del adverbio «cuando» en la redacción del precepto resulta chocante. ¿Es concebible una inscripción de nacimiento en la que no conste la filiación materna? Sí. La legislación relativa al Registro Civil prevé y regula la «filiación desconocida». Hay quien empieza esta carrera de obstáculos llamada vida dentro de un contenedor envuelto en un plástico pringoso. No hace falta que le manden a la mierda puesto que en ella da sus primeros gemidos.

Pero dentro del término «cuando» del precepto anteriormente trascrito, cabe otra hipótesis. La prevista en el párrafo segundo del artículo 47 de la Ley del Registro Civil, según el cual «no constando el matrimonio de la madre ni el reconocimiento por ésta de la filiación, el encargado del Registro, sin demora, notificará el asiento personalmente a la interesada o a sus herederos».

Por su parte, el párrafo tercero de dicho artículo establece que «la mención de esta filiación podrá suprimirse en virtud de sentencia o por desconocimiento de la persona que figura como madre formalizado ante el encargado del Registro, el cual lo inscribirá marginalmente. Este desconocimiento no podrá efectuarse transcurridos quince días de aquella notificación».

Estos preceptos explican que el párrafo segundo del artículo 167 del Reglamento del Registro Civil aclare que «el parte o declaración de los profesionales y personal de establecimientos sanitarios que tengan obligación de guardar secreto no se referirá a la madre contra su voluntad». Por ello, el modelo de certificado de nacimiento que debía cumplimentar el facultativo indicaba que, en ese caso, en el lugar previsto para la madre se escribiese: «Desconocida».

Esto fue posible hasta el 21 de septiembre de 1999. En esa fecha el Tribunal Supremo dictó una sentencia que declaraba inconstitucional la cobertura del párrafo segundo del artículo 167 del Reglamento del Registro Civil. Por lo tanto el ocultamiento de la identidad de la madre dejó de ser posible por inconstitucional.

La inviabilidad del ocultamiento de la identidad de la madre no tiene carácter universal. En Francia es posible. Tenemos noticia cierta de ello a través de la sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos que abordó esta cuestión en su sentencia de 13 de febrero de 2003 en el caso «Odievre v Francia». En el párrafo décimo de dicha sentencia se recoge lo siguiente:

«La demandante nació el 23 de marzo de 1965 en París (distrito XIV). Solicitando el secreto de su nacimiento, su madre firmó ante los servicios de asistencia pública un acta de abandono de su hija tras haber suscrito la siguiente carta: «Abandono a mi hija Berthe Pascale. Certifico haber sido informada de que pasado el plazo de un mes, mi hija será definitivamente abandonada y de que la Administración se reserva la facultad de darla en adopción. Rechazo las ayudas que me han sido propuestas. Solicito el secreto de nacimiento. Certifico haber recibido el impreso que expone los datos del abandono. París, a 24.5 (borrado) Berthe»».

El párrafo undécimo de la sentencia completa la información: Confiada a los servicios de asistencia social a la infancia de la DASS (Dirección de la Acción Sanitaria y Social), la demandante fue matriculada el 1 de junio de 1965 con el núm. 280326 entre los pupilos del Estado del departamento del Sena y, posteriormente, adoptada con todos los requisitos legales el 10 de enero de 1969 por los señores Odievre, cuyo apellido lleva actualmente.

Pascuale Odievre puso todos los medios que le brindaba el ordenamiento jurídico francés para averiguar quiénes fueron sus progenitores. Entre ella y su origen familiar se interpuso un muro de cristal absolutamente impenetrable. Agotados los medios que le ofrecía el Derecho de su país, cuestionó ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos la compatibilidad del Derecho de Francia con el Convenio Europeo de Derechos Humanos suscrito en Roma en 1950, al cual, inicialmente o con posterioridad, se adhirió Francia.

La respuesta del Tribunal en forma de sentencia fue que el Derecho de Francia era compatible con el Convenio de Roma. En otras palabras, lo que para el Tribunal Supremo de España es inconstitucional, para el Tribunal Europeo de Derechos Humanos es compatible con el Convenio Europeo de Derechos Humanos.

En España el ocultamiento del parto es inconstitucional y el aborto dentro de un plazo es constitucional. «No lo abandone, mátelo». La mujer que aborta no mata. No se trata sólo de una distinción jurídica entre los delitos de homicidio y aborto. Por decirlo de una manera rápida, el temple de la mujer que aborta no es asesino. Pero priva a la sociedad de un nuevo miembro e impide a quien pudo ser, serlo. ¿Por qué no aliviar a la mujer facilitándole una salida? ¿Por qué no convertimos el «no lo abandone, mátelo» en un «no lo mate, abandónelo»? Bien entendido que abandonar significa entregarlo a un organismo público. Si queremos lo podemos hacer. Es nuestra responsabilidad.

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