Noticias© Comunicación Institucional, 13/09/2006

Universidad de Navarra

El culebrón McCartney-Mills

Autor: Alejandro Navas
Profesor de Sociología
Universidad de Navarra

Fecha: 13 de septiembre de 2006

Publicado en: Diario de Navarra

Nuestros pantanos alcanzan mínimos históricos, pero en el aspecto informativo no ha habido ninguna sequía este verano: la guerra del Líbano y la amenaza nuclear iraní, el interminable flujo de cayucos, los incendios en Galicia, los escándalos del doping en el deporte o la gesta de nuestra selección de baloncesto han proporcionado noticias suficientes para llenar sobradamente las páginas de los periódicos. De esta forma, no ha sido necesario prestar excesiva atención a los devaneos de la jet set de vacaciones en Mallorca y menos aún, sacar de la nevera a viejos conocidos como el monstruo del lago Ness.

En el apartado de los famosos y sus desventuras, que nunca puede faltar, ha cobrado especial relieve el proceso de divorcio de Paul McCartney y Heather Mills. Los que hemos crecido arrullados por la música de los Beatles y seguimos considerándolos nuestros ídolos asistimos consternados a las peripecias de este culebrón. Lo que iba a ser una separación civilizada y amistosa lleva visos de convertirse en una auténtica guerra, para satisfacción de la prensa sensacionalista. Esta evolución no sorprende si se tiene en cuenta simplemente el dinero que hay en juego. Hace todo más doloroso el contraste con el primer matrimonio de Paul, caso único y ejemplar dentro del inestable mundo de la farándula.

Entre cantantes y actores que se juntan y se separan a velocidades crecientes, el matrimonio de Paul y Linda constituyó una excepción admirada y envidiada por todos. Muchos se preguntaron y les preguntaron por las claves de esa feliz unión. Una de ellas fue que nunca en tantos años de vida en común pasaron una noche separados, lo que tiene especial mérito si se tiene en cuenta la ajetreada vida del cantante. Y es que la convivencia parece requisito imprescindible para que cuaje y se fortalezca el amor dentro de la pareja. Alguien definió el matrimonio como una larga conversación que dura toda la vida, pero es claro que si el otro no está a mano, no se puede hablar con él. Naturalmente que el mero hecho de comunicarse no asegura el éxito de la vida en común. Se requiere un acuerdo en torno a la orientación básica de la vida, y esto parece que ha fallado en el matrimonio McCartney-Mills. El sesentón Paul prefería una vida tranquila y hogareña, y su joven y marchosa esposa quería llevar una vida social mucho más intensa.

Pero no me propongo realizar aquí un estudio de caso, también por respeto a su maltratada intimidad. En momentos en que la gente declara valorar la familia como lo más importante de su vida y factor decisivo para la felicidad, las cifras de rupturas matrimoniales se disparan sin contemplaciones. En ocasiones, como ocurre en España con el llamado divorcio exprés, las leyes y la práctica judicial ayudan a ese proceso, que solo los muy ingenuos o cínicos pueden calificar de progreso y liberación. Sin duda que gestionar la vida en común es cosa de cada matrimonio, pero sabemos que el marco legal e institucional incide con fuerza en el ámbito microsocial, y resulta trágica para el bienestar social -consideraciones morales al margen- la hostilidad hacia la familia que se advierte en nuestra legislación y acción de gobierno más recientes.

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