Noticias© Comunicación Institucional, 13/04/2006

Universidad de Navarra

Civilización y ley natural

Autor: Alejandro Néstor García Martínez
Departamento de Filosofía
Universidad de Navarra

Fecha: 13 de abril de 2006

Publicado en: La Gaceta de los Negocios (Madrid)

Uno de los retos más acuciantes a los que se enfrentan las sociedades europeas contemporáneas es la gestión de la convivencia intercultural. Las sociedades multiculturales, que se han consolidado en el desarrollo complejo de la civilización occidental, se caracterizan por la superposición –a veces amable, otras veces creadora de tensiones y conflictos– de una amplia variedad de valores, esquemas normativos, modos de conducta, formas de relación y convivencia sociales. Los mayores problemas derivan de la necesidad de integrar de manera adecuada la particularidad y la universalidad, la construcción de un marco normativo básico y común que sea respetuoso con la diferencia.

Una de las líneas de reflexión académica e intelectual que ha resurgido con vigor en los últimos años, y que responde a la necesidad de dar cuenta de estas tensiones propias de la sociedad multicultural, ha sido la consideración de la ley natural como fundamento de un marco normativo común –desde el punto de vista ético y también político– para las sociedades contemporáneas. Esta comprensión y construcción de la convivencia intercultural a la luz de los principios emanados de la ley natural constituye un notable intento de aproximar y resolver uno de los mayores debates de nuestra sociedad. Este debate ha sido habitualmente planteado como un casi inevitable “choque de las civilizaciones”, tal y como lo difundió la conocida obra de Huntington, o como una apuesta generalmente ingenua –por poco fundamentada y desarrollada– de la necesidad de un “diálogo intercultural”.

Plantear el recurso a la ley natural como principio rector básico de la acción colectiva y la organización social de una convivencia crecientemente intercultural no está exento de complicaciones. Exige un análisis exhaustivo y pormenorizado de sus argumentos y de las críticas que históricamente se le han dirigido. Con todo, más allá de las controversias académicas, tanto la referencia a una ley natural como la referencia a los derechos humanos –que se deriva de aquélla y que constituye uno de los pilares básicos de la sociedad occidental– recogen una idea fundamental: hay criterios morales que preceden a nuestros acuerdos convencionales, que son anteriores incluso a nuestras diferencias de valores, credos, cultura, nación o partido.

La reflexión sobre la ley natural, por tanto, constituye una de las apuestas intelectuales más serias de nuestros días para enfrentarse a los actuales retos ofrecidos por los procesos globalizadotes y encarar los problemas derivados de la convivencia intercultural o las desavenencias entre valores y culturas. A fin de cuentas, hablar de ley natural es aceptar un mínimo denominador común con el otro, que deja de ser un absoluto extraño y se convierte en parte de un “nosotros” más universal y abarcante. Un “nosotros” en el que todos estamos arropados bajo una misma cualidad humana, previa a convenciones, formas culturales específicas o sistemas políticos particulares, desde cuyos fundamentos puede plantearse de forma cabal y razonada un reconocimiento del otro y un marco común de convivencia.

O, si así se quiere expresar, la reflexión seria y concienzuda sobre la ley natural es una de las vías más fértiles para abordar y hacer frente al tan manido –y más complejo de lo que suele presentarse– “diálogo de civilizaciones”. Al menos ésta ha sido mi experiencia en el reciente congreso internacional sobre la Ley Natural celebrado en la Universidad de Navarra y en el que han participado más de 200 especialistas de 15 países y 40 universidades.

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