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Noticias © Comunicación Institucional, 13/03/2005Universidad de Navarra
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1905-2005
Autor:Josep-Ignasi Saranyana
Facultad de Teología
Universidad de Navarra
Fecha: 13 de marzo de 2005
Publicado en:  La Vanguardia (Barcelona)

Se van a cumplir cien años de la célebre ley "de separación entre las Iglesias y el Estado", de 9 de diciembre de 1905. Una ley mítica que ha marcado la historia reciente de Francia. Una ley que ha tenido con posterioridad multitud de enmiendas y que espera de una edición crítica (Émile Poulat).

La ley francesa de 1905 reconoció a toda persona su libertad de conciencia como un derecho civil (su expresión pública era otra cosa) y, en tal contexto, consagró la separación entre la Iglesia católica y el Estado, entendida como indiferencia pública en materia religiosa. El problema era, sin embargo, que esa ley se había redactado y aprobado en un contexto rabiosamente anticlerical, que venía de atrás.

Todo había comenzado con la nacionalización de los bienes eclesiásticos (1789), la prohibición de los votos solemnes (1790), la supresión de las congregaciones de vida activa (1792) y otros atropellos, hasta las leyes de la tercera República. Entre 1901 y 1904, unos 33.000 religiosos y religiosas tuvieron que abandonar Francia, y el resto, optar por la clandestinidad o la secularización. En ese marco de persecución, es lógico que los católicos recibiesen mal la ley de 1905. Pío X y Pío XI la condenaron. Sólo después se aclararían las cosas.

Ahora, en la preparación del centenario, se han levantado voces autorizadas, pidiendo que se reforme la ley de 1905, para que el Estado pueda financiar el culto. Se argumenta que el Estado no puede permanecer por completo indiferente al hecho religioso (Nicolás Sarkozy). Se puede separar Iglesia y Estado, y quizá se deba. Pero no se puede separar a la Iglesia de la sociedad, porque el ciudadano es también un animal religioso.

Es evidente que cada país tiene su propia historia Pero, ¿acaso tiene España que recorrer ese mismo o parecido camino, apostando incluso por una laïcité de combat, para llegar finalmente a buen puerto? ¿No podríamos aprender de la historia de nuestros vecinos y ahorrarnos ese tortuoso itinerario?

Las dos partes parecen haberlo comprendido. Más vale hablar antes y entenderse a tiempo.

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