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Clonación humana, ¿interés científico o económico?
Autor:Luis María Gonzalo
Catedrático de Anatomía
Universidad de Navarra
Fecha: 13 de marzo de 2003
Publicado en:  Alfa y Omega (Madrid)

Las noticias que últimamente han aparecido sobre el supuesto nacimiento del primer humano clonado, dadas a conocer por la doctora Brigitte Bousselier y su equipo de la secta raeliana (que ha sido la broma científica más divertida, según Claude Vorilhon, fundador de la mencionada secta), han vuelto a actualizar el debate sobre la clonación humana.

La clonación humana, es decir, la producción de seres humanos genéticamente idénticos al progenitor, ha sido rechazada universalmente. En las Naciones Unidas, al debatir en noviembre este tema, todos los países rechazaron la clonación humana reproductiva. No hubo consenso, en cambio, respecto a la clonación humana terapéutica, es decir, la que busca producir embriones humanos clónicos con el fin de obtener células o tejidos que puedan ser transplantados a un enfermo. En este caso, 36 países, entre ellos EE. UU. y España, la rechazaron; pero otros 20, encabezados por Alemania y Francia, se mostraron partidarios. De hecho, en algunos países como el Reino Unido, Holanda y Singapur ya la han permitido.

En qué consiste la clonación terapéutica

Algunos consideran la clonación terapéutica como una alternativa preferible a la utilización de células madre embrionarias (CME), que habitualmente se suelen obtener de los embriones sobrantes de la fecundación in vitro. La razón de esta preferencia está en que las CME producen reacción inmunitaria en el huésped, aunque inicialmente se esperaba que no serían rechazadas (si bien la reacción de rechazo es menos intensa que cuando se transplanta un órgano adulto). En cambio, si se utilizan CME obtenidas de embriones clónicos, tal rechazo no se da, ya que la constitución genética es idéntica a la del receptor.

Los embriones clónicos se obtienen mediante la denominada transferencia nuclear: a un oocito, previamente preparado, se le extrae el núcleo y se sustituye por el núcleo de una célula del futuro receptor de las CME.

¿Son recientes las experiencias de clonación?

Aunque en estos últimos años es cuando los medios de comunicación la han dado a conocer (especialmente desde que Wilmut y su equipo publicaron el nacimiento de la corderilla clónica Dolly en 1997), es una investigación que cuenta ya con más de medio siglo de historia. En efecto, Briggs y King comenzaron en 1943 este tipo de experimentación en Filadelfia y en 1952 obtuvieron las primeras ranas clónicas. Para ello, utilizaron núcleos obtenidos de un blastocisto de rana. En mamíferos fue Willadsen el primero que consiguió corderos clónicos en 1986. La diferencia de esta clonación respecto a la de Wilmut, que también fue en corderos, es que éste la consiguió con un núcleo de célula adulta, lo cual suponía una notable novedad científica: mostraba que el núcleo de células adultas puede remodelarse de tal forma que multitud de genes silentes pueden volver a expresarse si las condiciones externas (como las que presenta el citoplasmas del oocito) son adecuadas. Cabría también la posibilidad de poder clonar individuos adultos, noticia acogida con gozo por grupos de lesbianas que veían la posibilidad de tener hijas idénticas a ellas y sin intervención de varón.

Éxitos y fracasos en la clonación

Expuesta la técnica de la clonación en la forma tan simplificada en que lo hacemos puede dar lugar a una idea falsa sobre sus posibilidades. Por un lado, es un método que requiere medios y técnicas bastante sofisticados y, por otro, hasta los equipos con medios y experiencia han de realizar múltiples intentos para lograr un caso. Por ejemplo, Wilmut consiguió la cordera Dolly después de 434 ensayos. Llevado esto al caso del hombre, se ve que para conseguir un embrión humano clónico sería necesario sacrificar muchos embriones.

Dificultades en la clonación humana

Una la acabamos de exponer: la dificultad técnica, de la que se tiene amplia experiencia en animales. Otra dificultad es que, por ahora, en los intentos que se han realizado para obtener clones humanos, no se ha conseguido que el embrión llegara a la fase de blastocisto (que es necesaria para obtener CME). Así, un equipo de la "Advenced Cell Technology", en Woecester (Massachussets), ha comunicado que los clones humanos que produjeron superaron la fase de mórula, pero morían al llegar a blastocistos.

Por encima de estas dificultades científico-técnicas, están las implicaciones bioéticas. Tanto la clonación reproductiva como la terapéutica suponen sacrificar numerosas vidas humanas para satisfacer el capricho de unos o el intento de curar a un enfermo de otros. Quizá, tales implicaciones éticas tengan escasa importancia para los materialistas; pero para un cristiano la tiene y grande. Basta ver el juicio de la Iglesia católica sobre la vida humana expresado en múltiples documentos (entre los más recientes está la Encíclica Evangelium Vitae, de l995 y el Documento del Consejo pontificio de la Familia de 2000).

Implicaciones científico-crematísticas

Cuando se investiga la génesis y el desarrollo de la discusión sobre clonación humana y CME se muestra bastante claro que, junto al interés científico del tema, hay otros intereses entre los cuales están los económicos. Basta ver que entre los más interesados en obtener la aprobación de la clonación humana terapéutica están varias empresas de Biotecnología. Pero junto al interés crematístico, no se puede negar que hay también un interés científico, ya que los embriones clónicos pueden prestar un buen servicio para el avance de nuestros conocimientos en el desarrollo de las primeras fases de la vida humana. Así, Wilmut y su equipo del Instituto Roslin han solicitado los permisos oportunos para iniciar estas experiencias.

Células madre embrionarias y adultas

Es relativamente reciente el descubrimiento de las células madre (stem cells). Comenzó a sospecharse su existencia a partir de los trabajos de Till y Mc Culloch (1961), en los que demostraron que en la médula ósea existen precursores clonogénicos que dan lugar a colonias multilineales hematopoiéticas en el bazo, y que algunas de sus células son capaces de formar nuevas colonias esplénicas. En la actualidad, se sabe que todos los tejidos, incluido el nervioso, poseen células indiferenciadas que pueden dar lugar no sólo a las células propias del tejido donde residen sino también a otras distintas. Por ejemplo, las de la médula ósea no sólo forman las diferentes células hemáticas sino también otras distintas, incluso neuronas. Es decir, son multipotentes.

Comparadas las células madre provenientes de adulto con las células madre embrionarias, se ve que éstas últimas tienen mayor capacidad mitótica y dan lugar a células de más diversos tipos. A primera vista, poseen ventajas con respecto a las células madre de adulto, pero en realidad, son más bien desventajas.

La mayor capacidad de división de las CME tiene el inconveniente de que es difícil de controlar, por lo que puede producir verdaderos tumores, y su pluripotencialidad hace más difícil que se diferencien en células del tejido que se quiere regenerar. Con las células madre del adulto, en cambio, al tener menor capacidad proliferativa, prácticamente no existe riesgo de que den lugar a formaciones tumorales y, por otra parte, implantadas en el tejido a regenerar, su multipotencialidad se orienta más fácilmente a la generación de células de ese tejido. Un tercer dato que también hace preferibles a las CME no clónicas es que, como proceden del mismo individuo al que han de ser trasplantadas, no presentan ningún problema de rechazo.

Si éste es el estado de las posibilidades de las células madre con fines terapéuticos, se comprende que lo más lógico es orientar la investigación sobre las células madre de adultos y no insistir en las experiencias con células madre embrionarias obtenidas de embriones clónicos, en unos casos, o sin clonar, en otros.

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