Noticias© Comunicación Institucional, 12/11/2006

Universidad de Navarra

El altar de muertos

Autor: Josep-Ignasi Saranyana
Facultad de Teología
Universidad de Navarra

Fecha: 12 de noviembre de 2006

Publicado en: La Vanguardia (Barcelona)

Estuve el día 2 de noviembre en Zacatecas, donde Pancho Villa deshizo el ejército federal en 1914. Camino de la Universidad , a la entrada de un viejo mercado, me topé los altarcitos de muertos puestos por las guarderías de la ciudad. Es una costumbre muy apoyada por las autoridades para frenar el influjo del halloween anglosajón, que remonta a los celtas.

Había altares, como allí los designan, dedicados a Ivonne Frías Olvera, reina del carnaval de 2001, fallecida en accidente; Sor Juana Inés de la Cruz, la décima musa del conceptismo mexicano; Tenamaxtle, héroe chichimeca de la guerra del Mixtón de 1540; Frida Kahlo, Cantinflas y más. A pocos metros, en el atrio del Teatro Calderón, otro altar para Frida Kahlo.

Una mujer zacateña me refirió, muy amablemente, los productos del altarcito de Frida, alimentos para no desfallecer en su largo itinerario: tequila, tejocotes, camote, jícama, pan dulce, caña de azúcar, sal (para purificar el alma del difunto), calaveras de dulce. También velas, para alumbrar el largo camino, papel picado rosa, butano y morado (colores del duelo) y flores de cempazúchil. Un espectáculo fascinante de color y de imaginación: el realismo mágico explorado por las maestras, dispuestas a interpretar las fantasías de los niños.

Se desconoce el origen de esta costumbre. Los nahuas, en efecto, no tenían certeza de la otra vida. No hay pruebas, pues, de que los altarcitos sean prehispánicos. Más bien parece una práctica de raíz cristiana, aunque fuertemente impregnada por la sensibilidad azteca.

En México es fiesta laboral el 2 de noviembre. Cuando celebré la misa de ese día, el sacristán entonó por su cuenta el gloria, que el pueblo cantó con gran entusiasmo. Los mexicanos, y los cristianos en general, con todas las exageraciones que se quiera, vemos el tránsito de la muerte con normalidad. Me comentaba un colega de la Universidad de Guadalajara, ya entrado en años, que había dado instrucciones para que a su muerte sus discípulos celebrasen una gran fiesta.

La muerte nos entristece, ciertamente; no obstante, para los que creemos en una vida más allá de la muerte, ésta es sólo un cambio de casa.

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