Noticias:

Gombrich: algo más que un intelectual

Autor: Joaquín Lorda
Profesor de Historia
de la Arquitectura
Universidad de Navarra
Fecha:  19 de noviembre de 2001
Publicado en:  Diario de Navarra

Mis colegas me han insistido en que publicara algo en Diario de Navarra sobre el historiador Ernst Hans Gombrich, fallecido hace unos días. Gombrich era una gran figura. Se había hecho famoso por su Historia del Arte que han leído millones de personas. Como es sabido, se trata de un escrito ocasional, pues Gombrich dedicaba principalmente su investigación a temas especializados. Existen muchos estudios sobre su figura y la trascendencia de su obra. Y, en estos días, los semanales culturales de los periódicos se esforzarán en trazar síntesis.

Pero, siendo sencillo, la Historia del Arte es un libro muy bueno, amable y cordial. Refleja bien la manera de ser del autor. Cualquier lector lo intuye. Y el único sentido de estos párrafos -que yo no publicaría en ningún otro lugar- sería corroborar esa impresión: Gombrich era sencillo y cordial.

"¡Es de Navarra!"

Hace unos quince años, le envié un librito que habíamos escrito Carlos Montes y yo, con un resumen de sus ideas y la bibliografía principal. Lo agradeció mucho y nos aseguró que era la primera monografía sobre él (existía una infinidad de estudios en revistas especializadas). Y desde entonces entablamos una relación de amistad que no se ha interrumpido nunca. Tengo bastantes dificultades para hablar un inglés decente y, para visitarle, me aseguraba un intérprete. De ese modo, Gombrich conoció a varios profesores de la Universidad de Navarra; al principio de modo un poco formal -un té con pastas o algo así-, pero luego comiendo o cenando en su cocina. Pues, su mujer Else, además de una señora encantadora, es una excelente cocinera. Por cierto, le enviaba de vez en cuando productos locales, vino, turrones, etc.; y recuerdo que en uno de sus cumpleaños -cumplía ya muchos años- me escribió que "su regalo de cumpleaños es una amenaza". Procuramos que le visitaran varias veces profesores, alumnos o doctorandos, pues le gustaba y los recibía con mucho afecto. Cuando le llamaban por teléfono para concertar la visita, Else le avisaba: "¡Es de Navarra!".

He recibido personalmente su estímulo y ayuda. Había escrito el prólogo a mi libro Gombrich, una teoría del arte, y en una entrevista con Vargas Llosa para Abc, antes de que pudiera preguntar nada, y sin venir a cuento, lo sacó y le aseguró que era de las mejores cosas jamás escritas sobre él. Me venía bien, claro está, pero a veces me daba vergüenza. Solía mandarle todo lo que escribía, a veces antes de que se publicara. En una ocasión, me llegó un e-mail del editor de una obra colectiva que se estaba preparando, diciéndome desconcertado que Gombrich le había llamado por la noche para decirle que mi aportación era lo mejor que había leído sobre el tema. Ahí queda eso.

Y tenía mucha gracia. Cuando se celebró en la Universidad de Navarra un seminario Nestle, le mandé un escrito que había preparado, procurando que fuera lo más ameno posible; explicaba qué significa la ornamentación, apoyándome en tres cuentos célebres: el gato con botas, la cenicienta y la bella durmiente. Se trataba, como es obvio, de algo para divulgación, pero Gombrich entró al trapo, y añadió un cuento más, muy gracioso, sobre el pescador y los tres deseos. En fin, cuando le regalé el enorme y suntuoso libro que había editado la Caja de Ahorros de Navarra sobre la Catedral de Pamplona, dijo que le parecía muy atractivo, pero que no lo podría leer en la cama.

Las ideas de Gombrich quedarán en sus libros. Pero, con su muerte, la historia del arte pierde algo de la sencillez, el afecto, el humor, la cercanía que debe acompañar el estudio de las humanidades. La cordialidad actúa como antídoto contra la erudición estéril o los tinglados intelectuales. Todos hemos perdido algo. Yo también.

Versión para imprimir