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Navarra eólica: 20 siglos de evolución y 10 años de revolución

Autores:David Alegría Suescun
(Departamento de Historia)
Cernin Martínez Yoldi
(Departamento de Economía)
Universidad de Navarra
Fecha: 12 de mayo de 2002
Publicado en:  Diario de Navarra

Navarra sigue siendo tierra de contrastes, también en materia eólica. Las condiciones geográficas para el aprovechamiento de las llamadas "energías renovables" en su territorio, y en especial, de la fuerza del viento, se consideran óptimas. No obstante, ya fuera por falta de iniciativa, recursos humanos y económicos, ayudas o bien por cortapisas legales, el aprovechamiento del potencial eólico no se ha "despertado" hasta hace una década. El proceso ha sido largo y dilatado, con una prolongación de veinte siglos caracterizados por un desarrollo mínimo frente al espectacular y vertiginoso avance de los últimos años. En todo ese tiempo los molinos siempre han estado en el eje fundamental de la vida; desde la atención de la dieta alimenticia con la elaboración de harina hasta la generación hoy día de otro bien básico como es la electricidad. Lo mismo ha ocurrido con su tecnología, que ha saltado en poco tiempo de los tradicionales velámenes marinos a los actuales diseños aeronáuticos. La técnica del avión ha sustituído a la del barco. Hoy parece cerrarse un ciclo, culminado con la pasada celebración en Pamplona de la reunión europea sobre energías limpias. Por ello, los antiguos molinos de viento y los actuales aerogeneradores ya tienen su sitio en la historia y economía de Navarra. Y no digamos en su futuro. Cabría preguntarse si los aerogeneradores se han convertido ya en seña de identidad de Navarra. En este artículo se hace un somero balance (desde un punto de vista histórico y económico( de la "evolución y revolución eólica" experimentada por Navarra en mucho y poco tiempo respectivamente, al igual que se sugieren al final del mismo algunas pautas para actuaciones futuras.

Antiguos molinos de viento y aerogeneradores en Navarra

Mientras que el panorama molinar hidráulico de Navarra puede ser perfectamente estudiado, no sucede lo mismo con las dotaciones de tipo eólico. Las referencias históricas y arqueológicas sobre molinos de viento son mínimas en comparación con las de agua. En principio puede sorprender que no estuvieran tan extendidos como los molinos de río, puesto que cuentan con una ventaja fundamental sobre éstos. La fuente energética que requieren es mucho más "universal" que el líquido elemento. El viento estaría al alcance de todos (imposible de encauzar o acumular de modo privado(, mientras que sobre el agua teóricamente pesaban algunas trabas jurídicas, como sancionaba el Fuero General de Navarra. La reducida presencia en la documentación respondería a una menor difusión por limitaciones de tipo económico y/o técnico, escasa "repercusión jurídica" y emplazamiento alejado de los núcleos habitados.

Ruedas de viento y tahonas medievales

La mención más antigua a molinos de viento que, por el momento, se tiene en Navarra, corresponde a un topónimo -hoy desaparecido- de Artajona, localidad donde escaseaban las aguas para el abundante cereal y en la que un cerro o puyo se conocía en el año 1300 con el nombre de Rueda del viento. Allí se emplazaría un ingenio que transformaba el grano en harina panificable gracias a la fuerza eólica, dando nombre al lugar. En Olite -por lo visto área propicia para este tipo de aprovechamientos energéticos tanto en el pasado como en la actualidad- se documenta en 1345 un proyecto por parte de un batanero llamado Martín Jiménez de construir una rueda de viento, pero esta vez, seguramente, con la función de enfurtir paños y telas. Probablemente se trataría de un artilugio del tipo "de trípode" o "de pivote", provisional o complementario de otros hidráulicos para atender una mayor demanda de grano. Coetáneamente se documentan otras "ruedas" en el mismo lugar, tanto harineras como traperas. Resulta significativo que sea un particular quien impulse la rueda olitense. De entrada, ciertas disposiciones legales reservaban la construcción de "nuevas" instalaciones -como en el caso de las hidráulicas- para los grandes señores. En tiempos modernos los molinos de viento también estaban sujetos a un régimen de permisos de importación, licencias y patentes reales de invención, como la del primero de orientación automática depositada en 1606 por el genial inventor navarro Jerónimo de Ayanz (1553-1613). Sin embargo, el "monopolio" no sería tan férreo en la práctica. Las verdaderas dificultades dependerían más bien de factores orográficos, climáticos, demográficos, socio-económicos y técnicos.

A mediados del siglo XIV se remontan varias referencias a posibles ingenios eólicos para obtener harina, conocidos como tahonas, que algunos autores identifican con molinos de viento. En Navarra parece difícil que sea así, al menos de forma exclusiva. En cualquier caso, existían tahonas (propiedad de la Hacienda regia( en Arguedas, Tudela y Cortes, localidades donde el Cierzo sopla con intensidad. La numerosa presencia de términos técnicos de origen árabe (álabes o paletas de una rueda) y provenzal (corbales o recipientes de harina de un molino) en la documentación de la época puede dar idea del grado y diversidad del influjo exterior. En esta línea se enmarca el papel jugado por el rey Carlos II "El Malo" (1349-1387), dada su vinculación con la región de Normandía (donde el aprovechamiento eólico comenzaba a tener cierta implantación( y su interés por desarrollar (con mejor o peor resultado( una industria local puntera y autónoma. Bajo los auspicios de este soberano consta, por ejemplo, la llegada al reino de maestros foráneos especializados. En sus primeros años de "historia eólica" (tal y como sucede en otros muchos aspectos( Navarra participaría de un conjunto de rasgos peninsulares y europeos. Significativamente, se ha cambiado este tradicional papel receptor por el desarrollo de una tecnología líder a escala mundial en los últimos tiempos.

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