Noticias© Comunicación Institucional, 12/02/2007

Universidad de Navarra

En defensa de la libertad

Autor: Antonio Argandoña
Profesor del IESE
Universidad de Navarra

Fecha: 12 de febrero de 2007

Publicado en: La Gaceta de los Negocios (Madrid)

Hace sesenta años, del 1 al 10 de abril de 1947, un grupo de liberales se reunió en el Hotel du Parc, en Mont Pelerin sur Vevey, en Suiza. Lo que les reunía era una honda preocupación por el futuro de la libertad en un mundo que, a pesar de que acababa de salir de la conmoción de la segunda guerra mundial, las perspectivas para una vida auténticamente libre eran muy limitadas.

En 1947, el comunismo era no sólo la ideología dominante, sino la práctica diaria, tanto en el ámbito político y económico como en la vida diaria, en una parte importante del mundo. El resto de países desarrollados se había acostumbrado a la economía de guerra, pensaban que la libertad era un bien de segundo orden, y confiaban ciegamente en los controles, las regulaciones y los intervencionismos de todo tipo. Y en el resto de la humanidad, los países que entonces se llamaban subdesarrollados, la libertad era simplemente ignorada por los políticos, los intelectuales y el hombre de la calle.

Aquellos 39 liberales de diez países discutieron sobre el declive de las ideas liberales, la posibilidad de su renacimiento y la conveniencia de formar una asociación de personas que compartieran una concepción común acerca de lo que era una sociedad libre. Había nacido la Mont Pelerin Society.

Desde entonces, la influencia de la MPS ha sido muy grande. No es un think tank, ni un grupo de presión, ni un partido político. Es un network, una red de personas influyentes por sus ideas, que las comparten, las propagan y las defienden. Y el resultado, a la vista de las lúgubres circunstancias del año de su creación, fue espectacular. Al cabo de unas pocas décadas, la libertad volvía a estar boyante, gracias al esfuerzo de algunos de aquellos fundadores: Hayek, Friedman, Röpke, Allais, Popper, Stigler, Mises, Einaudi, Eucken, Robbins,… incluido un español, Salvador de Madariaga.

“Bueno”, me dice el lector. “Gracias por recordarnos una fecha histórica. Y ahora, ¿qué?”. Pues que el mensaje de la Mont Pelerin Society sigue vivo, y no menos necesario que hace sesenta años. En el ámbito económico no tenemos planificación central y, al menos en teoría, vivimos en una economía de mercado. Pero el intervencionismo sigue avanzando, las actitudes proteccionistas son cada día más fuertes y el peso del Estado no se reduce, tanto en las economías en desarrollo como en los estados populistas de América Latina y, lamentablemente, cada vez más, en países desarrollados. Basta leer las propuestas de política económica de los candidatos a la presidencia de Francia, tanto de derechas como de izquierdas, o las declaraciones de nuestros propios políticos.

Pero más preocupantes son las amenazas a la libertad en el plano de las ideas y en la vida privada. No hace falta bajar a lo que hemos de comer o al régimen de vida que hemos de llevar. A veces pienso que Henry Ford merecería un monumento, por poner al alcance de todos los ciudadanos la posibilidad de tener un coche,… como él decía, del color que cada uno quiera, siempre que sea negro. Pues bien: hace pocos días leía la opinión de un experto que sostenía que los coches deberían ser amarillos, porque es el color que mejor se ve,… Ya estoy preparándome para pintar mi coche, porque -es cuestión de tiempo- la opinión de los expertos acabará imponiéndose.

“Es el bien común, hombre”, me dice el lector; “es la seguridad”. No: es la visión del bien común que tienen algunos expertos, limitada por el alcance de su ciencia y basada en una pobre concepción del hombre como un ser inferior, ignorante incluso de lo que a él le interesa, incapaz de aprender, que necesita que los expertos le digan lo que le conviene –y no cesan de decírnoslo, desde luego. Y es la visión arrogante del bien común que tienen algunos políticos, que han definido la sociedad ideal de acuerdo con sus parámetros, y tratan de imponérnosla, porque nosotros no sabemos lo que es bueno, pero ellos sí. Y si no, lea el lector las declaraciones recientes de nuestros ministros sobre el vino, o sobre los 4x4, o sobre lo que tienen que aprender nuestros hijos en las escuelas...

Eso era, sobre todo, lo que preocupaba a los fundadores de la Mont Pelerin Society. Porque, al final, nos quitaremos de encima la bota del dictador, pero no será fácil hacer lo mismo con lo más insidioso de la ideología antiliberal, lo que Hayek llamaba la “fatal arrogancia” de esa ideología que ya es, por desgracia, dominante.

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