Noticias© Comunicación Institucional, 11/11/2006

Universidad de Navarra

Aplicación de las energías renovables en la edificación

Autor: César Martín
Escuela de Arquitectura
Universidad de Navarra

Fecha: 11 de noviembre de 2006

Publicado en: Diario de Navarra

El pasado mes de septiembre entró en vigor el Código Técnico de la Edificación (CTE), la normativa principal para regular los proyectos de construcción de edificios en España. Además de tratar temas como los distintos tipos de estructuras o la seguridad en caso de incendio, uno de los documentos básicos que componen el CTE está dedicado al ahorro de energía. En dicho documento se establecen las exigencias para limitar la demanda energética, aumentar el rendimiento de las instalaciones térmicas, mejorar la eficiencia de las instalaciones de iluminación y también, y esto es lo que ha tenido más repercusión mediática, la incorporación de la energía solar térmica y fotovoltaica en la edificación.

El CTE exige a los edificios unos mínimos en la producción de energía (térmica y/o fotovoltaica) en función de su tipología (distintos requisitos para una vivienda, unas oficinas o un centro comercial), la superficie construida (más superficie implica mayor superficie captadora) o de la zona climática donde se ubique (exigencia diferente para un edificio en Santander que para otro en Cádiz). Este aporte mínimo puede disminuirse justificadamente en ciertos casos, por ejemplo cuando se incorporan otras energías renovables, el edificio no cuenta con suficiente acceso solar (como puede ocurrir en los densos centros históricos) o se encuentra amparado por un régimen de protección artística (punto éste, más que discutible).

Otra cuestión que preocupa a aquellos que piensen construir una vivienda es la económica: ¿cuánto costará implantar estos sistemas? De acuerdo con el IDAE, el Instituto para la Diversificación y el Ahorro de Energía, la repercusión en el coste de la construcción de los edificios no debería sobrepasar el 1% del coste final. Por tanto, con la entrada en vigor del CTE, el diseño y cálculo de las instalaciones solares térmicas y fotovoltaicas se incorporarán al proyecto del edificio como cualquier otra instalación: electricidad, redes contra incendios, ascensores, etcétera.

Sin embargo, pese a estas positivas medidas, es preciso afirmar que son insuficientes para cumplir con los necesarios objetivos marcados por la Unión Europea. El CTE en su estado actual, representa un primer paso indispensable, en la dirección correcta, pero la sociedad en la que vivimos, con graves problemas en el terreno energético, no puede conformarse con estas medidas. Sería una situación similar a la de alguien con sobrepeso que endulza el café que sigue a una comida copiosa con sacarina.

Cierto es que los edificios disminuirán el consumo de energía de origen no renovable, pero no serán autosuficientes. ¿De dónde se obtiene el resto de la energía? ¿Cuándo se van a implantar otras medidas que permitan reducir aún más las demandas y consumos energéticos de los edificios? Es preciso recordar que España es uno de los países de la Unión Europea que más se aleja de la reducción de emisiones de CO2 para cumplir el protocolo de Kyoto, por lo que no basta actuar en los edificios, también es preciso actuar en las ciudades. ¿Acaso no sería necesaria la redacción de un CTE del urbanismo que obligase a los núcleos urbanos a ser autosuficientes energéticamente?

A pesar de estas preguntas con respuestas complejas, lo hecho hasta ahora -con el permiso de James Lovelock- invita al optimismo: tal vez los objetivos futuros de sostenibilidad energética se alcancen gracias al pequeño aporte de millones de personas. Sirvan estas palabras, por tanto, como revulsivo para evitar el conformismo de las medidas actualmente contempladas en el CTE. Se ha recorrido en España un largo camino, pero queda mucho por hacer.

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