Noticias© Comunicación Institucional, 11/05/2008

Universidad de Navarra

El derecho de retorno a España de los inmigrantes

Autor: José Luis Álvarez
Profesor de Economía Española
Universidad de Navarra

Fecha: 11 de mayo de 2008

Publicado en: Diario de Navarra

Entre las medidas anunciadas por el presidente del Gobierno en su segundo discurso de investidura, llaman la atención las que el señor Rodríguez Zapatero denominó “fórmulas nuevas que incentiven a los inmigrantes, que puedan perder su trabajo, a volver a su país para desarrollar allí definitivamente su vida”. En concreto, se refirió a “la capitalización de la prestación de desempleo que hayan generado o la concesión de microcréditos como vías a explorar por el Gobierno con carácter inmediato”.

Esta propuesta requiere de un análisis detallado por distintas razones. En primer lugar, conviene una aclaración. A diferencia de lo que hemos podido leer y oír en algunos foros, la propuesta no puede ni debe entenderse como parte de la batería de iniciativas lanzadas para contrarrestar la desaceleración económica. Al menos para quien esto escribe, resulta imposible discernir el modo en que la salida de nuestro país de un número más o menos elevado de inmigrantes sin empleo vaya a relanzar la actividad económica en España (incluso podría argumentarse que el efecto sea exactamente el contrario). Sí resulta plausible, en todo caso, la hipótesis de que esa salida pueda aliviar la fuerte presión que el sistema de bienestar soporta en cualquier fase bajista del ciclo.

En segundo lugar, hay que preguntarse por la eficacia de “las vías a explorar” mencionadas por el presidente del Gobierno. Se trata de determinar si las medidas apuntadas son capaces de generar los incentivos necesarios para que los inmigrantes desempleados tomen una decisión tan relevante como la de volver a sus países de origen. Yo no lo creo y, según las opiniones surgidas entre los inmigrantes a raíz de la propuesta, tampoco ellos.

Todos nosotros, inmigrantes o no, tomamos decisiones valorando los pros y contras de las distintas opciones. Nadie opta por una alternativa de la que espere más costes que beneficios. Esa sencilla premisa es la que debe aplicarse en este caso. Un inmigrante en paro, enfrentado a la posibilidad de regresar a su país, ponderará las ventajas y desventajas de sus dos opciones: quedarse o partir. En la mayoría de casos estos trabajadores percibirán que, desafortunadamente para sus países de origen, las condiciones de vida allí no habrán mejorado de manera sustancial. A la vez, serán conscientes de que sus condiciones de vida en España habrán empeorado por la mala situación coyuntural que atravesamos. Luego, a la vista de ambas posibilidades, la clave parece residir en las expectativas. Es ahí donde la balanza se inclina por la permanencia en territorio español. Los inmigrantes entienden que su situación aquí mejorará tarde o temprano, algo que les parece mucho más improbable en sus países.

¿Qué habría que hacer entonces para modificar esa decisión? Alterar las expectativas y la valoración que los inmigrantes hacen de las mismas. ¿Cómo hacerlo? Abriendo o ampliando la posibilidad del posterior retorno a España de quienes hoy decidan volver a sus países, manteniendo sus actuales derechos y obligaciones como residentes legales. La eficacia de una medida de estas características parece asegurada, o por lo menos superior a la de la idea original de Zapatero, a tenor de la reacción de los inmigrantes rumanos. Este es el único colectivo cuyos representantes se han mostrado a favor de la propuesta del presidente, precisamente porque su futura condición de ciudadanos europeos de pleno derecho les abrirá de par en par las puertas de entrada en España o en cualquier otro país de la Unión Europea.

Un reconocimiento del derecho de retorno a España de los inmigrantes que partieran en los próximos meses también tendría otros efectos positivos. Las proyecciones demográficas y económicas auguran que la inmigración seguirá siendo una necesidad para nuestro país. No parece descabellado vaticinar que, llegada la ocasión, quienes ya trabajaron en España tendrían más fácil su integración social y laboral, dado su conocimiento del entorno y su experiencia. Ofrecerles esa oportunidad sería, por otra parte, un gesto de gratitud más que merecido por la enorme aportación que han hecho al crecimiento de la economía española a lo largo de los últimos años.

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