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Piedad y perdón
Autor:Fernando de Meer
Profesor de Historia
Universidad de Navarra
Fecha: 11 de marzo de 2003
Publicado en:  Diario de Navarra

El análisis de las implicaciones militares, políticas, sociales, religiosas, etc., de la guerra civil de España requiere rigor, ponderación y poseer un espíritu generoso, dispuesto más a comprender que a juzgar.

Un sentimiento de solidaridad me lleva a escribir estas líneas, después de leer la carta dirigida por Fernando Sebastián, arzobispo de Pamplona, al Presidente del Parlamento de Navarra.

Al recordar la bibliografía reciente sobre la historia de la guerra de España no encuentro un solo libro, de naturaleza científica, en el que puedan sustentarse las frases referidas a la Iglesia católica y se contienen la resolución presentada al Parlamento sobre los asesinados y fusilados en Navarra por razón de la insurrección militar de julio de 1936.

Si leemos el libro de Hilari Raguer, La pólvora y el incienso, sobre la Iglesia y la guerra civil española, veremos que respecto a la represión en la zona nacional escribe "fueron plenamente responsables unas autoridades que siempre tuvieron el control de la situación". Se entiende claramente que esas autoridades eran las militares.

Las páginas dedicadas a estudiar la actitud de la jerarquía de la Iglesia respecto a la represión, en la zona nacional, permiten afirmar que la Jerarquía guardó silencio, o tuvo confianza en la administración de la justicia en la zona nacionalista española. Como es natural Raguer incluye las intervenciones de Marcelino Olaechea, obispo de Pamplona en aquellos años, que siempre son citadas como modelo de mediación para evitar derramamiento de sangre.

Un escritor crítico como Alfonso Álvarez Bolado escribió que la actitud de la Jerarquía de la Iglesia, en toda la zona nacional, se puede considerar "insuficiente", de una "ingenuidad notable", incluso empleará el término "disimulo", expresión que no comparto, ya que me parece un juicio de intenciones de difícil verificación.

Afirmar que los fusilamientos y asesinatos "se llevaron a cabo no sólo con el beneplácito de la jerarquía de la Iglesia católica, manifestada públicamente a favor del llamado 'Alzamiento', sino en algunos casos con su participación directa" me parece un acto de desprecio a la verdad.

Si leemos a Fusi, Tusell, Redondo, Callahan, constataremos que los responsables de los fusilamientos y asesinatos fueron las autoridades de la zona nacional. La Jerarquía de la Iglesia pudo confiar en exceso en la actuación de los jefes de las unidades en los frentes, en la aplicación de la justicia en unos juicios sumarísimos o no reaccionar ante algunos actos de represión por venganza o actitudes políticas. Pero no hubo ni beneplácito ni participación.

Ciertamente aquellas personas que murieron asesinadas o fusiladas por sus convicciones políticas o sociales merecen nuestro reconocimiento. Pero no comprendo cómo un acto de justicia deba utilizarse para intentar denigrar a la Iglesia católica.

Algunas veces al leer juicios sumarísimos respecto a modos de comportamiento en la guerra de España recuerdo unas palabras de Azaña: "Se tejerá una historia oficial para los vencedores, y acaso una antihistoria, no menos oficial, para los vencidos".

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