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10/10/2008

La literatura humanista

Autora: Pilar Sáiz Cerreda
Profesora de Literatura francesa
Universidad de Navarra

Fecha: 10 de octubre de 2008

Publicado en: Diario de Navarra

Jean Marie Gustave Le Clézio puede resultar poco conocido en España, pero en el mundo francófono es una figura de primer orden desde que tenía 23 años, cuando ganó el premio Renaudot con 'El atestado', la obra que le encumbró. Desde entonces la escritura se convirtió para él en una necesidad vital. Una escritura además que viene marcada por el cruce cultural en el seno de su propia familia (su padre es francés y médico en África y su madre, inglesa afincada en Francia) y por su propia experiencia personal, la del viajero errante o mejor aún, la del nómada. Creció en las islas Mauricio, ha vivido entre los amerindios y los bereberes o los tuareg, lo que hace que su literatura esté fuertemente marcada por un componente exótico, dejando páginas de gran belleza en obras como 'Desierto' o 'Tierra amada'.

Pero sin ninguna duda, todas estas experiencias personales se transforman en universales cuando en el fondo de sus escritos se plantea una búsqueda interior de la verdad, de la autenticidad frente a la agresividad del mundo y del equilibrio. Por ello no teme afrontar con valentía temas como el de la muerte, tan desterrada y al mismo tiempo Academia en su fallo. Esa misma línea continuaron obras como 'La fiebre' (1965) y 'Le déluge' (1966), y la preocupación ecológica quedó patente más tarde en 'Tierra amada' (1967) y 'La guerra' (1970), entre otras.

Su consagración definitiva vino con 'Desierto' (1980), colección de imágenes sobre una cultura perdida norteafricana en contraste con la visión de Europa a través de los ojos de inmigrantes no deseados, que le valió el premio de la Academia Francesa. La proximidad con el norte de África le viene de su esposa Jemia, de origen marroquí, con la que contrajo matrimonio en 1975.

Estancias en México

Sus largas estadías en México y América Central a principios de la década de 1970 marcaron la evolución de su obra y le llevaron a buscar una nueva espiritualidad en contacto con los indios, plasmada en 'Voyage de l'autre coté'. La traducción al francés de obras como 'Las profecías de Chilam Balam' o 'El sueño mexicano o el pensamiento interrumpido' revelan su fascinación por el pasado de México, que precisamente fue el objeto de su tesis doctoral en la Universidad de Perpiñán (1983). Su labor académica le ha llevado a ejercer la docencia en universidades de México, Bristol, Londres, Perpiñán, Bangkok, Boston, Austin y Alburquerque (EE. UU.), una de las ciudades donde reside, junto con Niza y París, desde hace una década.

El sueño del paraíso perdido, en este caso de las islas del océano Índico, aparece en otro de sus libros más famosos, 'Le chercheur d'or' (1985), y se acentúa en sus siguientes obras. Temas como la memoria, el exilio, la reorientación de la juventud y el conflicto cultural responden a una tendencia hacia la exploración del mundo de la infancia y la historia de su propia familia, presentes en 'Onitsha' (1991), 'La quarantaine'1(995), 'Révolutions' (2003) y 'El africano' (2004). 'Ritournelle de la faim', de reciente publicación, es el último nombre a añadir a una extensa producción que le ha valido el Nobel pese a no partir como favorito; aunque sí para Elisabeth Grate, su editora sueca, quien reveló que ayer había comprado champán porque pensó que podía tener un motivo de celebración al día siguiente.

El escritor francés Jean-Marie Gustave Le Clézio recibió ayer "feliz y emocionado" la noticia de que le otorgaron el premio Nobel de Literatura, una oportunidad para afirmar que "escribir no es sólo estar sentado en tu mesa contigo mismo, es escuchar el ruido del mundo". Cuando estás en la posición del escritor se percibe mejor el ruido del mundo, vas al encuentro del mundo", aseguró.

Al nuevo Nobel el premio le sorprendió en París en una escala entre Corea del Sur y Canadá, fiel a su fama de viajero incansable. Estaba leyendo cuando me lo han dicho, no me lo esperaba. Pero es una suerte, porque todo premio literario te da tiempo y supone Un apoyo". El autor invitó a fomentar la lectura. "Leer novelas es una buena forma de interrogar al mundo actual sin que el resultado sean respuestas demasiado esquemáticas. El novelista no es un filósofo, no es un técnico de la lengua, es alguien que hace preguntas"

El escritor francés agradece el Nobel y define al novelista como “alguien que hace preguntas”. De ahí que su obra no pueda ser calificada de evasión sino todo lo contrario, de búsqueda permanente que no cesa ni cesará mientras viva. Leer sus libros significa ir a la búsqueda de un tesoro escondido que el lector atento va a encontrar: el tesoro de las casas sin paredes, de felicidad conquistada. Por eso siempre vamos a encontrar en su obra un tono humanista, un fondo humano, mejor, que necesita el hombre moderno. Y todo ello a través del uso de la metáfora evocadora, de la descripción luminosa; Un talento especial tanto para encontrar la palabra justa como para dejar al lector sitio para la evocación. Aunque es esencialmente novelista, su interés por la búsqueda le ha llevado a otros géneros, como el relato corto o el ensayo.

En definitiva, la suya es una literatura muy humanista, marcada por un sentido de la autenticidad del hombre, que encuentra en las civilizaciones antiguas las respuestas a los grandes interrogantes a las que da un sentido actual.

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