Noticias© Comunicación Institucional, 10/09/2007

Universidad de Navarra

La educación de la razón

Autor: Guido Stein
Profesor del IESE
Universidad de Navarra

Fecha: 10 de septiembre de 2007

Publicado en: Diario de Ávila

El comienzo del curso ofrece una oportunidad singular para abordar las relaciones entre la familia, la dirección de empresas y la educación. La primera cuestión a dilucidar es si existe alguna relación en general. Recuerdo que un colega al querer publicar una obra con el título Dirigir es educar, una directiva de la editorial le espetó que la obra era buena, pero que a ella su jefe, que era un bruto y grosero, no la educaba. Quizá a nuestra protagonista le pasaba lo que apuntó el ingenioso Oscar Wilde: "La fuerza bruta, la resisto, pero lo que no puedo aguantar es la razón bruta".

En la playa, sin apenas ropa, tendemos a ser más francos, lo que me ha animado a realizar mi modesta investigación estival. Mi conclusión provisional (todo es definitivamente provisional) atisba que todavía se puede hacer mucho por mejorar la calidad con la que educamos a nuestros hijos y dirigimos en la empresa. La razón bruta, disfrazada a la moda (léase liderazgo emocional, creación de valor, responsabilidad corporativa, apuesta por la innovación o visión global) a veces incluso por las mismas business schools, campa a sus anchas por el paisaje corporativo, y hace estragos en términos de luchas de poder ( en la familia, entre los cónyuges), cinismo, hastío, miedo, o inquietud.

Los dinosaurios se extinguieron por haberse desarrollado siguiendo un camino equivocado: mucho caparazón y poco cerebro, abundantes músculos y escaso entendimiento. ¿No nos estaremos desarrollando nosotros y nuestras organizaciones también de un modo equivocado? En cualquier caso, ¿sabemos hacia dónde nos dirigimos?

Me malicio que lo primero que hay que hacer cuando te percatas de que te encuentras en un hoyo es dejar de cavar. Uno sabe que está sumergido cuando ha perdido la perspectiva, cuando su horizonte únicamente lo constituyen los resultados fruto de las acciones ya emprendidas, cuando olvida que la decisión que marca la diferencia es la que está por tomar. Las personas vivimos cara al futuro, y si no es que hemos empezado a desertar.

Pasemos de este diagnóstico apresurado, algo atrabiliario, de la razón bruta, a una propuesta sencilla, y esperanzada, de tratamiento pedagógico para que se recupere su perfil de razón a secas. Este tratamiento también puede ser aplicado a situaciones familiares, sin temer efectos secundarios perversos: Dosis de realidad. Si la educación dejade estar regida por el principio de la realidad y lo pasa a ser por el principio del placer, la habremos trivializado, y de la formación habremos pasado al entretenimiento, que es cosa de las películas y parques de atracciones; dosis de responsabilidad.

En vez de afanarnos por aumentar la autoestima de nuestros colaboradores, quizá sea más oportuno incrementar en ellos el sentido de la responsabilidad, que es algo mucho más básico y sano. El egocentrismo no es síntoma de salud psicológica y ética; dosis de hábitos. La clave radica en los hábitos. Las personas incidimos en la realidad a través de hábitos, que en management se conocen como competencias. Ellos hacen que seamos de una determinada manera y actuemos conforme a ella. Pueden ser innatos, genéticos, o adquiridos por repetición de actos.

A su vez, la adquisición puede ser voluntaria, es decir intencionalmente querida, o involuntaria. Se llama hábito propiamente al que se ha adquirido voluntariamente. Lo importante es que la voluntad habitúe a la razón. La profundidad de los hábitos como cualidades estables y que implican cierta fijeza, es mucho mayor que las costumbres, gestos o rutinas introducidas por técnicas de sensibilización temprana o emotivamente, que no resisten después trances emocionales o crisis personales serias; dosis de imaginación. El antecedente de la inteligencia es la imaginación, y para que la inteligencia pueda funcionar con toda su energía es necesario que la imaginación haya llegado hasta el nivel máximo al que puede llegar. La mejor realidad se nutre de la buena imaginación y de un interés abierto, porque si se pierden aterrizamos en el tedio; dosis de integridad vital- En la vida no hay decisiones asépticas o neutrales. Teniendo en cuenta el papel preeminente y permanente de la voluntad en la práctica, el decidir bien no dependerá tan sólo del pensar bien, sino también del ejercicio de unas competencias que miran únicamente a la voluntad ahí donde la pura inteligencia no basta; a esas competencias las llamamos competencias morales, sin las que la razón se embrutece.

Shakespeare nos ofrece una pista cuando uno de sus personajes dice de otro: "No tiene razón, grita demasiado".

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