Noticias© Comunicación Institucional, 10/05/2007

Universidad de Navarra

Los kilos de la ira

Autor: Camilo Silva Froján
Clínica Universitaria
Universidad de Navarra

Fecha: 10 de mayo de 2007

Publicado en: Negocio y Estilo de Vida (Madrid)

John Steinbeck, en su libro Las uvas de la ira, relata, con un desgarrador realismo, la odisea de una familia de agricultores norteamericanos -los Joad, de Oklahoma-desplazada de su lugar de origen por una pertinaz sequía a la que se unen la crisis económica del país, tras el crack de la bolsa en 1929 y la llegada de un enemigo inesperado: el tractor. La fuerza de la máquina supera a la del hombre. El trabajo que realizan 20 hombres es superado por uno conduciendo el tractor. La consecuencia inmediata es el aumento de la productividad, pero también el desempleo y la miseria para miles de personas. Esta secuencia, tantas veces repetida, se ha diluido durante la segunda mitad del siglo XX, y la sociedad de la tecnología ha resultado ser extraordinariamente rica y productiva, disminuyendo a la vez sus bolsas de pobreza.

El análisis de estos cambios es apasionante y complejo y se puede realizar desde muchas perspectivas. Así, cabe preguntarse si esta metamorfosis social conlleva problemas para la salud de los individuos. En este sentido, es evidente que grandes masas de población ya no necesitan del esfuerzo físico para su sustento. Proliferan los empleos en los que no es necesaria una buena condición física para obtener un rendimiento satisfactorio, y de hecho, en muchos de ellos, la productividad es proporcional a la inactividad física.

Probablemente, a lo largo de la historia de la humanidad nunca se ha podido comer tan bien como en la actualidad. Entre otras cosas, la gran variedad de alimentos, las facilidades para su transporte y conservación, los controles de calidad, la vigilancia sanitaria y la información dietética contenida en muchos productos deberían garantizar a la población un adecuado estado nutricional.

Actualmente, en España, el 14,5% de la población tiene obesidad y el 38% sobrepeso. Es decir, más del 50% de los españoles sufren exceso de peso. En Estados Unidos esta prevalencia aumenta hasta casi el 65%. La Organización Mundial de la Salud lo considera como un problema sanitario prioritario en los países desarrollados. Los estudios científicos indican que el mantenimiento del peso corporal depende en gran medida de la actividad física que desarrolle el individuo. Es decir, las personas con más actividad física tienen una mayor facilidad para mantener su peso dentro de la normalidad.

De hecho, si cualquier sujeto analiza la evolución de su peso verá que las ganancias de peso han acontecido frecuentemente en el contexto de disminuciones de la actividad física, muchas veces motivadas por una mayor exigencia laboral. Por tanto, en nuestra sociedad tecnificada existe una asociación entre productividad, inactividad física y ganancia de peso.

En este grupo de ‘amistades peligrosas’ la dieta aparece como un invitado que interfiere en la relación entre el sedentarismo y la ganancia de peso. Si la dieta es adecuada, la ganancia de peso no será muy significativa, pero ésta será considerable si se cometen con frecuencia excesos dietéticos. Es lo que nos toca vivir, y el consejo para el siglo XXI es cuidar la dieta y la actividad física. Aún así no se debe olvidar que es conveniente ser propietario de una singular reciedumbre muscular y tendinosa, para calzarse las zapatillas de running tras una jornada laboral de 12 horas sentado... y no lesionarse.

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