Noticias© Comunicación Institucional, 10/03/2007

Universidad de Navarra

Tintoretto en el Prado

Autora: María Concepción García Gainza
Catedrática de Historia del Arte
Universidad de Navarra

Fecha: 10 de marzo de 2007

Publicado en: Diario de Navarra

Desde hace unas semanas asistimos a una revalorización de la figura de Tintoretto a raíz de la gran exposición montada en la Galería Central del Museo del Prado. No deja de ser ésta una ocasión especial para aproximarse al pintor veneciano, difícil de lograr fuera de la ciudad de los canales donde se encuentra el grueso de su obra formada por lienzos de extraordinarias dimensiones como los de la Escuela Grande de San Rocco, donde Tintoretto pintó 67 grandes cuadros con afán de emular la Capilla Sixtina o la Escuela Grande de San Marcos, imposibles de trasladar de los espacios para donde fueron hechos, con los cuales se conjugan escenográficamente. De ahí la dificultad de organizar una exposición como ésta, comisariada por Miguel Falomir, que muestre la complejidad del pintor de manera cabal y suficiente, así como la diversidad de su obra, lo que no se había logrado desde hace setenta años, cuando se organizó la exposición en el Palacio Pessaro de Venecia. Estos y otros motivos han sido causa del insuficiente conocimiento de un pintor de extraordinarias capacidades de invención, un genio visionario y precursor de algunas de las tendencias de la modernidad pictórica.

El mal entendimiento de Tintoretto (1518-1594) con Tiziano, su maestro aunque por poco tiempo, ya que éste le despidió de su taller a la semana de entrar en él, no favoreció su fama ni amplió su clientela que fue fundamentalmente veneciana, reducida a las iglesias, cofradías y a la oligarquía de la ciudad. Pero Tiziano era perfecto y su armonía encarna la pintura del Alto Renacimiento veneciano. Era además el pintor de los príncipes del emperador y del Papa. En cambio, Tintoretto fue el artista heterodoxo y desafiante que incorporó a la pintura veneciana basada en el color la Maniera de Miguel Ángel que se expresa con el cuerpo humano en movimiento, convirtiéndose así en el representante del Manierismo en Venecia. De esta manera hizo la síntesis “el diseño de Miguel Ángel y el color de Tiziano” según escribe su biógrafo Carlo Ridolfi. Una síntesis que plasmaría también el Greco en su pintura, no en vano el cretense ha sido considerado el “discípulo ideal” de Tintoretto. Los juegos de luz y de sombras muy contrastados servirán para lograr efectos místicos y visionarios. En curiosa coincidencia, ambos pintores fueron calificados en su época como genios “extravagantes” y “caprichosos”, Tintoretto por Giorgio Vasari, el Greco por Jusepe Martínez.

'El Lavatorio'

Las colecciones reales españolas ricas en obras de famosos pintores italianos no contaron con apenas obras de Tintoretto. Esta situación cambia con Felipe IV cuando el embajador español en Londres compra en 1682 el Lavatorio en la almoneda de Carlos I y el marqués del Carpio se lo regala al monarca. Velázquez ubicaría este gran cuadro en la sacristía de El Escorial desde donde pasaría al Museo del Prado. Tintoretto despliega en el Lavatorio una gran escenografía por medio de un pavimento que parece puede pisarse sobre él y un fondo arquitectónico inspirado en Serlio cuya calle central se transforma en un canal veneciano. El espacio es inestable e integra varias perspectivas incompatibles. En él se distribuyen las figuras situadas en los extremos y en el fondo, lo que crea tensiones y requiere una visión lateral del cuadro. La figura del apóstol que se descalza, en escorzo de carácter escultórico, se inspira en un soldado de la Batalla de Cascina de Miguel Ángel. Heterodoxo resultaba para la época pintar el perro en primer plano en una escena religiosa. El Lavatorio puede contemplarse en la exposición a la vez que la Última Cena de San Marcuola de Venecia y en análoga disposición volviéndose a reunir dos cuadros que estuvieron juntos en la misma iglesia. Tintoretto pintó otras Últimas Cenas más rupturistas en la composición como la de San Giorgio Maggiore de Venecia con la mesa en diagonal rompiendo el esquema frontal ya establecido de la Cena de Leonardo de Milán.

'La Venus y el Espejo'

Otros recursos emplea Tintoretto en el hermoso cuadro de asunto bíblico que representa Susana y los viejos del Museo de Viena que se muestra como si fuera una escena mitológica. Se trata en realidad de un tema típico de la escuela veneciana acuñado por Giorgione y Tiziano que nos muestra el desnudo femenino en un paisaje. Susana está representada en realidad como una Venus clásica, mirándose al espejo mientras hace su arreglo personal. Un hallazgo iconográfico de la escuela veneciana que hará fortuna en la historia de la pintura. Se trata de un desnudo de carácter cristalino iluminado con una clara luz que destaca sobre un frondoso jardín tan decorativo como un biombo japonés. Tintoretto pintó también escenas mitológicas sin superar a Tiziano, autor de bellas “poesías” que enviaba a Felipe II, y fue excelente retratista como puede verse en los elegantes retratos de esta exposición, a base de profundos negros mates y brillantes que Velázquez imitaría. Expresión y fiereza en la mirada muestran sus dos autorretratos tanto el de Tintoretto joven como el realizado a los setenta años.

'Inspiración de otros pintores'

La pintura visionaria de Tintoretto y su técnica enérgica y acelerada fue causa de la admiración de otros pintores que conocieron los grandes conjuntos que se guardan en Venecia. Desde el Greco que escribió refiriéndose a la Escuela Grande de San Rocco “es la mejor pintura que hay en el mundo” a Velázquez que admiró a Tintoretto y copió algunas de sus obras. Precisamente en las Meninas, pintadas un año después de colgar él mismo el Lavatorio en El Escorial, se inspirará en su ilusionismo espacial, la perspectiva aérea y en mostrar más de un foco de atención en el cuadro. Tintoretto fue admirado por los románticos como Delacroix que estimaban en él su fantasía desbordada. Longhi vinculó la pintura de Tintoretto con el futurismo italiano. También la pintura metafísica de Giorgio da Chirico parece inspirarse en alguna escenografía de Tintoretto como la del Traslado del cuerpo de San Marcos, que tiene lugar en un espacio geométrico del que huye la gente atemorizada en una noche tormentosa.

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