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Noticias © Comunicación Institucional, 10/01/2005Universidad de Navarra
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Origen y consecuencias del maremoto
Autor:Ignacio Sánchez-Carpintero
Departamento de Química y Edafología
Universidad de Navarra
Fecha: 10 de enero de 2005
Publicado en:  Expansión (Madrid)

Sabemos qué son los terremotos (movimientos de la tierra) y que la mayoría de ellos se originan por la liberación de energía que se produce cuando dos bloques de la litosfera o capa rígida superficial de la Tierra se desplazan por un plano de rotura (falla) al superarse el límite de elasticidad de sus materiales. En este punto, llamado hipocentro, se generan diversos tipos de ondas (primarias, secundarias y superficiales). Las primarias (ondas P) y secundarias (ondas S) viajan a través de las rocas a distinta velocidad mientras que las superficiales son las que sentimos bajo nuestros pies y producen movimientos variados: de adelante hacia atrás, de arriba abajo (ondas Rayleigh) o de un lado a otro (ondas Love).

El punto de la superficie situado en la vertical del foco sísmico es lo que llamamos epicentro y es en sus proximidades donde las sacudidas del suelo se notan con más intensidad. Cuando el epicentro se localiza en un océano se generan estas ondas superficiales concéntricas respecto al mismo, que viajan a velocidades de unos 600 km/h. En función de su amplitud, al llegar a las costas provocan grandes olas, de varias decenas de metros de altura.

¿Es posible predecirlos? De acuerdo con lo anterior la respuesta es negativa. No obstante, hay algunos indicadores tales como el nerviosismo de algunos animales antes de que se sienta un terremoto (perciben los movimientos precursores) o el aumento del nivel de radón en el agua de los pozos o elevaciones centimétricas del nivel del suelo, que no siempre se producen y por tanto son poco fiables. En los maremotos la única posibilidad es disponer de sensores que detecten el paso de estas ondas y que por tanto puedan avisar de la llegada de estas enormes olas a la costa, en función de la distancia a que se encuentren el epicentro. Por ejemplo, el maremoto del sudeste asiático alcanzó las costas de Somalia unas seis horas después de producirse.

¿Es posible que se repita el maremoto? La respuesta es que sí, que es posible, pero ¿es probable? Ojalá pudiera saberse la respuesta a esta segunda pregunta. El terremoto más intenso siempre está precedido por pequeños movimientos precursores, únicamente detectados en los sismogramas, y le suceden otros también de menor intensidad llamados réplicas. Los primeros anuncian la llegada del principal mientras que los últimos suelen ser reajustes póstumos. El foco sísmico en este caso está situado en la zona de choque de la placa india con la euroasiática, donde se van acumulando tensiones hasta que se supera el límite de resistencia a la rotura de las rocas y se produce el desplazamiento de un bloque respecto de otro según el plano de rotura denominado de falla. Esto quiere decir que es una zona de elevado riesgo sísmico, aunque pueden pasar miles de años hasta que vuelva a producirse otra fractura. También pueden darse réplicas de cierta magnitud.

En cuanto a las consecuencias que los terremotos y maremotos pueden tener, desde un punto de vista geográfico puede afirmarse que son escasas, ya que son procesos geológicos instantáneos. Puntualmente, puede resultar desviada la trayectoria de un curso de agua, resquebrajarse el suelo dejando aberturas de unos metros de anchura; y en el caso de un maremoto, demoler parcialmente un acantilado o desaparecer la arena de una playa. Los terremotos no producen cambios geológicos de importancia y prácticamente ninguno si se trata de maremotos.

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