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09/07/2009

¿Quién es Manuel Zelaya?

Autor: Nacho Uría
Doctor en Historia y profesor asociado de la Facultad de Comunicación
Universidad de Navarra

Fecha: 9 de julio de 2009

Publicado en: Diario de Navarra

El depuesto presidente de Honduras, Manuel Zelaya, se presentó en 2006 a las elecciones presidenciales con el programa conservador del Partido Liberal. Enfrente tenía al izquierdista Matías Funes, de Unificación Democrática, que durante la campaña le dejó en evidencia varias veces y le acusó de oportunista. 'Su cabeza es una maraña ideológica en la que vale todo'.

Esa definición de Zelaya se confirmó tras su victoria en las elecciones, ya que lo mismo se abrazaba con Bush en la Casa Blanca que gritaba junto a Chávez consignas antiimperialistas en Caracas. Con el paso de los meses, Zelaya fue evolucionando en su política atraído por el respaldo que le daba el populismo bolivariano. Ese giro a la izquierda desconcertó a sus votantes, a la vez que dejó sin argumentos a la oposición socialista hondureña, traicionada también por sus compañeros ideológicos de Venezuela, Cuba o Nicaragua.

Desde su toma de posesión, Zelaya fue la noticia extravagante en los medios. En ocasiones era por pasear en Tegucigalpa con una motocicleta Harley Davidson, botas camperas y sombrero al viento, mientras saludaba a los paseantes que le miraban perplejos. Otras veces era por sus viajes sorpresa, como el que hizo a La Habana para conocer a Fidel Castro, que le definió con sarcasmo y superioridad como 'Un hombre bueno'.

La conversión de Zelaya al Socialismo del siglo XXI se concretó con la entrada de Honduras en la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), una alianza política y económica liderada por Venezuela y creada en Cuba 2004. Este hecho provocó durísimas críticas, ya que el partido gobernante al que pertenece Zelaya se oponía mayoritariamente a la entrada en ese foro. Para los conservadores, la estabilidad hondureña pasaba por reforzar los lazos con EEUU, tal y como habían prometido en su campaña electoral.

A finales de 2008, la popularidad de Zelaya estaba por los suelos: apenas un 12% de sus compatriotas le respaldaba. La derecha le despreciaba porque había traicionado el ideario del partido y la izquierda porque no era su candidato. Para tratar de solucionar esa crisis Zelaya se inventó una consulta popular en la que ofrecía a sus paisanos una nueva Constitución (la vigente es de 1982, la más longeva en la historia de Honduras). Esa demanda no existía en la sociedad de su país, pero a él le permitiría presentarse a la reelección, algo que tenía vetado por el artículo 239 de la Carta Magna vigente: 'Ningún ciudadano que haya sido cabeza del Poder Ejecutivo puede presentarse de nuevo a Presidente o Vicepresidente. Cualquiera que viole esta ley o proponga su reforma [.] será inmediatamente cesado en sus funciones e incapacitado para cualquier cargo público por un periodo de 10 años'.

El pasado 28 de junio los militares hondureños, en cumplimiento de la legalidad, detuvieron a Zelaya en su residencia. El error estuvo en expulsarle del país y nombrar Un nuevo presidente, ya que lo correcto hubiese sido juzgarle según las leyes en vigor. Es cierto que la deportación a Costa Rica fue votada por 123 de los 128 miembros del Parlamento hondureño, en un sorprendente acuerdo de casi todos los partidos de la cámara, pero ¿cómo explicar entonces la unanimidad de la Unión Europea, la OEA y los EEUU exigiendo el retorno de Zelaya? Simplemente, en el imperio de la ley que debe regir toda democracia.

El problema en Honduras es que tanto Zelaya como sus detractores se han movido en el filo de una navaja, forzando las leyes, retorciendo el espíritu constitucional y eso lo han aprovechado en el exterior para desprestigiar una democracia que había conseguido encauzarse y terminar con décadas de estabilidad. El futuro es una incógnita.

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