_
Noticias © Comunicación Institucional, 09/04/2005Universidad de Navarra
_
Portada  »  Noticias  »  Últimas noticias Versión para imprimir Versión Imprimir  |  Suscríbase  
Hasta luego, Santo Padre
Autor:Francisco Varo
Profesor de Teología
Universidad de Navarra
Fecha: 9 de abril de 2005
Publicado en:  La Estafeta de Navarra

Hoy no tengo fuerzas para escribir, sólo me apetece rezar. Para un cristiano la muerte de un ser querido no es momento que invite a componer un elogio fúnebre al estilo de los oradores paganos, testimonio público de reconocimiento hacia quien no volverá a ver nunca más. No. La muerte es un «hasta luego», una despedida temporal hasta que volvamos a encontrarnos ante el tribunal de Dios, Señor y Juez de la historia.

Nada más conocerse la noticia del fallecimiento de Juan Pablo II han comenzado a sucederse las declaraciones de personajes destacados en todos los niveles de la sociedad. Hoy se vierten muy diversas valoraciones acerca de la intensa actividad desarrollada por este hombre que ha sido el referente ético más universalmente reconocido en el último cuarto de siglo.

Sus diagnósticos acerca de las grandes cuestiones como la guerra, el terrorismo, la libertad de los pueblos, el respeto a la vida humana sin excepciones, el valor de la familia y el matrimonio de un hombre con una mujer para siempre, no han dejado a nadie indiferente. Pero nunca han obedecido a razones partidistas, ni han buscado dar una buena imagen personal, ni dejar satisfechas a todas las sensibilidades ideológicas. Han sido realizados desde una perspectiva creativa e independiente, la de quien tiene puestos sus ojos en Jesucristo, contempla a Dios como Padre, indaga la verdad desde la lógica de Dios y busca el verdadero bien para todo ser humano.

Queda ya lejana aquella tarde, anochecido el 16 de octubre de 1978, en que Karol Wojtyla se asomaba al balcón principal de la Basílica Vaticana para presentarse al pueblo romano. Recién elegido Papa manifestó que estaba dispuesto a «emprender este camino de la historia y de la Iglesia, con la ayuda de Dios y con la ayuda de los hombres». El entonces joven cardenal polaco asumió el timón de la nave de Pedro en un tiempo de fuertes cambios culturales, políticos y sociales, cuando usos, modas, opiniones y estilos de vida se sucedían en cascada a una velocidad vertiginosa.

En un mundo como el nuestro, donde abundan las convicciones de usar y tirar, sólo merecen verdadero interés aquellos que, con un pensamiento sólido y audaz, llenos de energía interior, se han negado a dejarse arrastrar por las corrientes imperantes en cada momento. Y aún más, los que, además de no plegarse a lo fácil, se empeñaron en abrir caminos alternativos para ejercitar la libertad con coherencia y sacar a flote las energías que toda mujer y hombre tienen en su interior. De esta raza de hombres excepcionales era Juan Pablo II.

Desde el comienzo de su pontificado asumió una actitud valiente y nada convencional. La pronta decisión de salir al encuentro de la gente con viajes pastorales por todo el mundo constituyó una lección magistral de gobierno. No han faltado voces críticas acerca de la oportunidad o el valor de estos viajes, pero hay una realidad sociológica indiscutible: ni deportistas, ni músicos, ni artistas, ni políticos, ni nadie más que él ha logrado reunir jamás a mayores multitudes, procedentes de los ámbitos culturales y sociales más variados. Ciertamente ha sido durante más veinticinco años el verdadero líder espiritual del mundo y la voz de la conciencia moral de la humanidad.

Ahora es alabado por unos y denostado por otros. Pero estas opiniones son palabras que se lleva el viento. El día en que, tras haber recorrido también el camino del sepulcro, veamos de nuevo vivo a Juan Pablo II en el gran juicio de lo acontecido en la historia todos podremos contrastar, ya sin lugar a dudas, dónde estaba la verdad, qué males se fraguaban bajo disfraces amables y quién tenía razón al señalar los senderos peligrosos y los senderos justos para encontrar una felicidad perdurable. Estoy seguro que ese día agradeceremos aún más que ahora a Juan Pablo II el bien que hemos recibido de él.

© 2005 Universidad de Navarra | Campus Universitario. 31080 Pamplona. Navarra (España). Tfno: +34 948 42 56 00 |  noticias@unav.es
_