Noticias© Comunicación Institucional, 09/03/2008

Universidad de Navarra

El infierno

Autor: Josep Ignasi Saranyana
Profesor de Teología
Universidad de Navarra

Fecha: 9 de marzo de 2008

Publicado en: La Vanguardia (Barcelona)

Han causado cierto revuelo unas palabras de Benedicto XVI en su encuentro con el clero romano recientemente. Uno de los asistentes preguntó por las postrimerías del hombre y del mundo, y se quejó de que ahora, en la catequesis, se hablase poco del más allá. El Papa se detuvo ampliamente en su respuesta: "Usted tiene razón cuando dice que algunos temas fundamentales de la fe rara vez aparecen en nuestra predicación. Por ello, en la encíclica Spe salvi he querido tratar en concreto sobre el juicio final (…) y, en tal contexto, acerca del purgatorio, el infierno y el paraíso".

Algunos medios de difusión han subrayado unas pretendidas discrepancias entre Benedicto XVI y Juan Pablo II en este punto. Son sólo supuestas diferencias, porque el infierno es una realidad ultraterrena irreversible y con muchas facetas. En todo caso, el Papa invita a reflexionar sobre ese horrible estado, donde el condenado es absolutamente incapaz de amar. Allí no hay elemento que permita fundar el amor a Dios. Además, como consecuencia de pensar en el infierno se pasa a meditar sobre la gravedad del pecado; y de esa gravedad se infiere que sólo Dios puede crear verdadera justicia.

Algunos pensarán que estas cosas sólo interesan a los católicos, como si se tratara de una simple ideología. Benedicto XVI, que ha denunciado tal difuso relativismo (una religión a la carta, según necesidad), se refiere, en su conversación con el clero romano, al horror nazi y a la masacre comunista. Sólo Dios garantiza una justicia plena y satisfactoria ante tales crímenes y atrocidades. Por eso –recuerda el Papa– el marxista Teodoro Adorno, no obstante no creer en el más allá, intuyó que sólo si hay resurrección de la carne puede esperarse verdadera retribución, entendida en un doble sentido: justicia en el ámbito social, por una parte, y en el ecológico, por otra. Sólo quien cree en la justicia divina puede valorar debidamente el sufrimiento que padecen el hombre y nuestro planeta, cuando no se los ama.

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