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Noticias © Comunicación Institucional, 09/02/2005Universidad de Navarra
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Un proyecto de ley con muchos interrogantes
Autor:José López Guzmán
Director del Máster de Bioética
Universidad de Navarra
Fecha: 9 de febrero de 2005
Publicado en:  La Razón (Madrid)

La nota de prensa que la Ministra de Sanidad ha ofrecido sobre el proyecto de nueva Ley de Reproducción Asistida deja en el aire muchos interrogantes. Es lógico que así sea, a falta de poder leer el texto del proyecto. Con ese conocimiento aproximado se redactan estas líneas.

Son varias las novedades chocantes de la nota ministerial. Una, por ejemplo, es la amplitud y discrecionalidad de los poderes que se conceden a los expertos. Parece que los biólogos y médicos que se dedican a la embriología clínica van a disponer de más atribuciones y a disfrutar de más libertades que hasta ahora. Podrán gozar de una autonomía tecnológica más amplia, pues son autorizadas más técnicas, y, sobre todo, ampliable, pues la ley se presenta como una ley abierta a futuras metamorfosis: basta, para autorizar nuevas técnicas reproductivas con un real decreto del Ministerio, previo el nihil obstat de la Comisión Nacional de Reproducción Asistida. Esta no será muy reacia a concederlo, dominada como está por expertos muy activos en medicina reproductiva y con obvios intereses profesionales y económicos. Se percibe entre líneas que la ley trata de aupar a España al nivel de las grandes potencias, de hacerla muy competitiva en el llamado "turismo reproductivo", en el que ya goza hoy internacionalmente de un indudable, aunque cuestionable, prestigio. Nada mejor para ello que convertirla legalmente en un paraíso de permisividad legalizada

La nueva ley, en contraste con los solemnes (e ingenuos) mandatos del Convenio de Oviedo, consolida un desprecio olímpico por el ser humano embrionario. Lo cosifica convirtiéndolo en un elemento indistinto de un conjunto amorfo. No cuentan los embriones, porque no se limita el número de los que puedan producirse. Es sorprendente el vuelco que nuestro parlamento ha experimentado en pocos meses: de una ley que tímidamente trataba de poner límites al escándalo de los embriones sobrantes pasamos a otra que viene a decir que cuántos más embriones haya en los tanques de criopreservación tanto mejor, más potencia mundial seremos.

No acabo de asombrarme ante un dato que repugna: la autorización para investigar con embriones normales frescos, que nunca han pasado por la congelación. Se los define sobrantes. Pero, ¿cómo puede ser eso posible, cuando ni siquiera se sabe si los hermanitos embrionarios que acaban de ser transferidos a la madre van a llegar a ser niños?

Hay mucho que debatir sobre la atmósfera que el proyecto de ley da a la donación de gametos y embriones. Dice que deberá ser la donación gratuita y confidencial. Se insiste en que la donación nunca tendrá carácter lucrativo, comercial. ¿Cómo podrá controlarse eso? Leía ayer que en Rumanía un ciclo de estimulación ovárica para donación de ovocitos proporciona a la donante el equivalente a la mitad del salario anual de una obrera en aquel país. Se dice que uno de los atractivos de España es la facilidad con que aquí las estudiantes universitarias se prestan a la donación ovocitaria a cambio de una bienvenida compensación económica por el tiempo perdido y las molestias sufridas, compensación que invita a volver de vez en cuando a la donación. Es muy fácil encontrar en Internet los montos declarados públicamente de esas gratificaciones. No parece fácil, es más bien imposible, ejercer una inspección eficaz sobre esas amistosas transacciones económicas entre donantes y centros. En este, como en otros muchos puntos, la ley será inoperante.

Sorprende igualmente, porque va contra corriente en tiempos de rechazo firme de cualquier tipo de discriminación, que la selección de los donantes, varones y mujeres, la evaluación de la calidad de sus rasgos fenotípicos y psicológicos, quede a la discreción de los centros. Pero una sociedad libre e igualitaria no debería reconocer en sus leyes que hay ciudadanos de primera clase y otros de inferior calidad.

La ley contiene muchas otras cosas chocantes. Para terminar, una: en su pretensión de ser moderna y proyectada hacia el futuro, se ha olvidado de eliminar algunos anacronismos. Uno de ellos es que siga hablando ¡en 2005! de preembriones, cuando en la práctica médica, en la investigación científica, en la reflexión ética y en la normativa legal de hoy esa palabra se tiene por un fósil de otro tiempo, ya innecesario. Pero parece que el legislador quiere infligir esa última humillación a los embriones humanos y los degrada éticamente a la subclase de preembriones.

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