Noticias© Comunicación Institucional, 09/01/2006

Universidad de Navarra

Democracia digital

Autora: Gabriela Ruiz Begué
Facultad de Derecho
Universidad de Navarra

Fecha: 9 de enero de 2005

Publicado en: La Gaceta de los Negocios (Madrid)

El formato digital, los nuevos sistemas de almacenamiento de contenidos y la comunicación por Internet han provocado una verdadera revolución. Un fenómeno que genera debates a los más altos niveles institucionales, tal y como se puso de manifiesto en la segunda fase de la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información celebrada en Túnez el pasado mes de noviembre.

Más de 19.000 participantes, de diversa procedencia competencial y geográfica, se reunieron para estudiar vías de solución que subsanen las profundas desigualdades sociales generadas por la denominada “brecha digital”. Un nuevo desequilibrio entre Norte y Sur, que radica en las dificultades de los países en desarrollo para proveerse de la infraestructura y los servicios necesarios a fin de acceder y poner en valor las posibilidades que les brindan las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC).

Sin embargo, y a pesar de la necesidad de buscar soluciones reales a tan sangrante dicotomía, las cuestiones se abordaron principalmente desde una ambigüedad teórica que dificulta enormemente la consecución de objetivos reales. Tan sólo se escuchó una propuesta práctica para paliar la escasez de recursos de los más desfavorecidos. El profesor Nicholas Negroponte, del Massachusetts Institute of Technology y director de la organización One Laptop per Child, presentó el ordenador de 100 dólares, una iniciativa que logró captar el interés y contar con la aprobación de todos los asistentes.

Esta unanimidad no se dio, sin embargo, en otros temas como el gobierno de Internet. Un asunto que quedó reducido al debate sobre la entidad que ostenta el poder fáctico en el mundo digital: la ICANN (Corporación para la Asignación de Nombres y Números en Internet). Una institución privada, contratada por el Departamento de Comercio de EEUU y que se encarga de la atribución de los nombres de dominio y los números de protocolo de Internet. A pesar de su importancia, el papel de la ICANN es meramente ejecutivo, por lo que el debate debería trascender y centrarse en la “multilateral, transparente y democrática” gestión de Internet, tal y como se preconiza en el Programa de Acciones de la Cumbre. Para mejorar esta democratización digital, se propuso la creación del Foro para el Gobierno de Internet, en el que participarán distintos gobiernos, la sociedad civil y el sector privado. Se trata de una importante solución de compromiso, que ofrece una alternativa a dos exigencias planteadas en la Cumbre. Por un lado, ofrece una salida democrática al rechazo de EEUU ante cualquier cambio de estatus de la ICANN. Y por otro, responde a la demanda de los gobiernos del Sur en el sentido de internacionalizar la participación a la hora de definir políticas.

El último gran tema sometido a debate durante las Jornadas fueron los derechos de propiedad intelectual como medio de protección tanto de herramientas informáticas, como de contenido digital. Se oyeron muchas voces defensoras del software libre, para los que éste favorece el acceso a la tecnología y su renovación y mejora continua. Sin embargo, para los representantes del software privativo, el progreso tecnológico se deriva de la inversión empresarial, incentivada a través de los derechos legales de explotación económica. Esta antítesis en los planteamientos se manifestó igualmente en relación con los contenidos digitales. Por una parte, se critica la protección del contenido digital por medio de los derechos de autor y su instrumentación a través de los sistemas de gestión de derechos digitales. Así, los opositores a este régimen, culpan a los anteriores mecanismos de inhibir la creación intelectual y contribuir al empobrecimiento del panorama cultural, esto es, de traicionar sus propios principios inspiradores. Aquéllos sectores partidarios de la protección mantienen su idoneidad para alcanzar los fines primigenios; no obstante, admiten que se hace necesario un reajuste del régimen legal, que le otorgue eficacia, manteniendo, al mismo tiempo, el equilibrio entre el incentivo a la creación y el acceso del público a la misma.

Como se puso de manifiesto durante la Cumbre, la revolución digital requiere tiempo, una adecuación razonable de los mecanismos tradicionales de gestión y protección y nuevas iniciativas que contribuyan a potenciar todos los aspectos positivos que dicha revolución conlleva, atenuando los negativos. Todo ello dentro de un contexto global, impuesto por la propia naturaleza del fenómeno. En este sentido, hemos de valorar positivamente la Cumbre Mundial y todos aquellos foros que contribuyan al diálogo interdisciplinar e internacional, a la búsqueda de métodos conjuntos de adaptación al cambio y al compromiso de su implementación. Sólo así alcanzaremos una democracia digital en la que se represente a todos los potenciales usuarios, y que permita a la Sociedad de la Información evolucionar de forma natural y justa.

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