Noticias© Comunicación Institucional, 08/10/2006

Universidad de Navarra

¿La televisión? Solo la veo…

Autor: Xavier Bringué
Facultad de Comunicación
Universidad de Navarra

Fecha: 8 de octubre de 2006

Publicado en: La Vanguardia (Barcelona)

El siglo XV fue testigo de la revolucionaria aparición de la imprenta; el veintiuno lo es ahora de la espectacular proliferación de “pantallas” por todo el mundo. Basta con fijarse en algunos datos para entender la magnitud de lo que algunos llaman la “revolución digital”: el número de internautas en el mundo supera ya los mil millones; los servicios de juego en red cuentan con casi 700 millones de usuarios; YouTube -portal de vídeos en la Red- sirve cada día 100 millones de películas; en España ya hay más móviles que habitantes y el año pasado se vendieron más de dos millones de videoconsolas; el 60% de los hogares en Catalunya posee al menos un ordenador… Y, en el centro de este huracán tecnológico, aparecen niños y jóvenes como el público que más rápidamente se ha adaptado al nuevo escenario de la comunicación.

El número de estudios dedicados a la “pequeña audiencia” son ya muy numerosos en todo el mundo. Sin embargo, un grupo de investigadores de la Facultad de Comunicación junto con el Colegio Irabia de Pamplona han puesto en marcha una investigación para entender mejor el uso y la valoración que hacen, niños y jóvenes, de diversas pantallas (Internet, videojuegos, teléfono móvil, televisión, etc.). En una primera fase, han participado 5600 escolares de veinticuatro ciudades españolas con una edad comprendida entre los 10 y los 18 años. Los resultados de esta investigación permiten matizar algunos tópicos y conocer algo mejor la relación de niños y niñas con nuevas y viejas pantallas. A continuación referimos alguna de estas conclusiones.

Los niños ven poca tele. Los audímetros y diversos estudios demuestran cómo los niños dedican diariamente al medio televisivo entre 150 y 180 minutos. El dato, algo más elevado según otras fuentes, es bastante inferior al tiempo televisivo de los adultos que suelen superarles en una o dos horas. Visto así, los niños son los que menos tele ven en el panorama global de audiencia.

Y aún les parece demasiada. Interrogados sobre quién es el que más televisión ve en su casa, el 31% de los niños y niñas de nueve y diez años afirman que ellos mismos, frente al 11% que reconoce que son su padre o el 9% su madre.

Su consumo está desplazado. Por mucho que los códigos de autorregulación insistan en proteger la audiencia infantil a determinadas horas, los niños escapan de esas franjas y concentran el momento de mayor audiencia a partir de las 10.30 de la noche. De hecho, entre los programas que más ven y les gustan están “Los Serrano”, “Aquí no hay quien viva”, etc.

Pero no están solos. Aunque sea evidente su huida de la franja infantil y que muchos de ellos cuentan con televisor en el cuarto, la imagen “niño sólo viendo la tele de noche” no es del todo correcta. Entre otras cosas, los menores son bastante gregarios y lo que realmente les gusta es “ver la televisión con”. El 83% afirma que el lugar más común para ver la tele es la sala de estar, el 62% suelen hacerlo con su padre, el 64% con su madre y el 42% reconoce ver con frecuencia el televisor sin ningún tipo de compañía.

Les atrae el contenido. Interrogados sobre el atractivo del zapping se cumple una constante: a menor edad, mayor desinterés. Y no es que los pequeños no sepan manejar precozmente un sencillo mando a distancia sino, más bien, que lo que les atrae es mirar un programa concreto. Dicho de otro modo, ellos eligen ver contenidos, frente a la postura habitual del adulto de ver el medio expresada en la frase “a ver qué echan.”

Y crecen en un entorno interactivo. Aunque la televisión sigue siendo la gran pantalla de los más pequeños, éstos viven y crecen en un entorno digital: navegan por Internet, poseen teléfono móvil, juegan con videojuegos, etc. Dicho de modo, el niño vive rodeado de pantallas y la televisión es la más unidireccional. Este fenómeno aparece claro cuando se les interroga sobre sus preferencias: si tuvieran que escoger entre la televisión e Internet, un 32% optarían por lo primero mientras que el 38% se quedaría con la Red; un 47% prefiere los videojuegos frente al 34% que elige el televisor; y un 40% se queda con el teléfono móvil frente al 37% que escogen la tele.

En definitiva, la audiencia infantil se caracteriza por escoger contenidos frente al medio, por su tendencia hacia programas que aseguren un consumo familiar, por ver menos tele que los que dicen que ve demasiada y por pertenecer a una NetGeneration que prefiere aquellas pantallas que permiten mayor interacción.

Nuevos medios y… ¿nuevos retos?

Sin lugar a dudas, la NetGeneration plantea retos hasta ahora desconocidos. El primero ha sido fácil desvelarlo: la oportunidad de negocio que constituye un adolescente. Como ejemplo podemos decir que el valor de todas las pantallas que suele manejar un escolar de 14 años oscila entre los 1500 y 2000 €. A esta cantidad hay que añadirle el gasto mensual que realiza con el móvil o el coste del ADSL que puede alcanzar fácilmente los 60 € –ante estas cifras algunos pensarán que lo de la “vuelta al cole” es calderilla-.

De algún modo, de esta rápida incorporación de niños y jóvenes al mercado digital surge el verdadero desafío: averiguar cómo se les puede proteger y educar para que no naufraguen en este nuevo escenario. En el caso de la protección, entendida como acciones legislativas, autorregulaciones, etc.- está claro que queda mucho por hacer. Piensen en lo siguiente: ahora mismo es poco probable que un escolar de 13 años consiga comprar tabaco o alcohol en una tienda y, si se diera el caso, por lo menos queda el recurso de sancionar al culpable. Eso sí, nuestro protagonista puede, por ejemplo, acceder desde Internet a todo lo que desee o comprar cualquier videojuego sea cual sea su contenido. Y viendo en qué consiste “jugar” en algunos títulos de moda casi sería mejor, como alternativa lúdica, dejarle fumar un pitillo de vez en cuando.

Por último, el reto de educar recae principalmente sobre padres y madres. Quizá algunos piensen que poco pueden hacer porque “todas estas novedades me superan”. Admitir este planteamiento es similar a presentar la dimisión ante los hijos y perderse una oportunidad fantástica. Los nuevos medios pueden facilitar ocasiones para que nuestros hijos nos enseñen y nos permiten recuperar espacios y tiempos perdidos. En definitiva, por muy novedoso que sea todo esto, no parece escapar en absoluto al sentido común de aquellas familias preocupadas por la educación de sus hijos.

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