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08/07/2008

La amenaza del terrorismo global

Autor: Onésimo Díaz Hernández
Profesor de Historia Contemporánea
Universidad de Navarra

Fecha: 8 de julio de 2008

Publicado en: Expansión (Madrid)

Se ha escrito que el 11 de septiembre de 2001 cambió profundamente el mundo. En los atentados de Nueva York y Washington fallecieron aproximadamente tres mil personas. No se trató de un acto únicamente contra los Estados Unidos, sino que, en realidad, fue diseñado y realizado tomando como referencia al conjunto de la sociedad mundial. La sombra del 11-S se ha ido alargando. Los atentados contra las Torres Gemelas y el Pentágono fueron ejecutados como los primeros de una serie que se repitieron en otras ciudades occidentales con un alcance y una magnitud similares.

El terrorismo global de Al Qaeda se ha presentado como un modo de hacer la Yihad, es decir, la guerra santa contra los llamados “cruzados y sionistas” y los ocupantes infieles de países musulmanes (Afganistán e Irak).Tal como se había vaticinado, Al Qaeda ha decidido repetir acciones espectaculares y destructivas en Europa. El 11 de marzo de 2004, varios trenes de cercanías de Madrid volaron por los aires. Casi doscientas personas fueron asesinadas en este acto de megaterrorismo.

El 7 de julio de 2005 cuatro jóvenes británicos de ascendencia pakistaní se inmolaron en un autobús y en el metro de Londres. Fallecieron medio centenar de personas. Tanto el 11-M como el 7-J han sido reivindicados por islamistas radicales y presentados por otros como represalias derivadas de la política de Aznar y Blair en la guerra de Irak. El presidente norteamericano Bush se había reunido en las Azores a mediados de marzo de 2003 con los homólogos español y británico para consolidar sus apoyos en la invasión de Irak, pese a la oposición mayoritaria de la opinión pública de sus respectivos países. No obstante, conviene tener en cuenta que buena parte de los atentados terroristas producidos desde el final de la Guerra Fría habían sido cometidos antes de la guerra de Irak y bastante antes del 11-S.

Persistencia de la amenaza

Todo apunta a que Al Qaeda y otros grupos terroristas del fundamentalismo islámico van a persistir en su tarea de sembrar de cadáveres otras capitales europeas con nuevos atentados en el metro, en los trenes, en los aeropuertos, en los hoteles y en los estadios deportivos. Por otro lado, en los últimos años han sido detenidas células terroristas en varios Estados europeos (sobre todo en Alemania, Portugal y España) y han sido abortados más de treinta atentados dentro del Reino Unido.

Tras los “11-S europeos” de Madrid y Londres se ha mantenido la alerta ante nuevos ataques terroristas contra lugares y valores occidentales. Por poner un ejemplo, que he visto con mis propios ojos en varias ocasiones, en los aeropuertos de Fráncfort y Roma se han multiplicado las medidas de seguridad hasta límites que nos llevan a preguntarnos si no nos estamos excediendo ante la amenaza terrorista. Mi respuesta es negativa. Si consultamos a los expertos en terrorismo global nos auguran actos de megaterrorismo cada dos o tres años. El 7 de julio se han cumplido tres años del brutal atentado de Londres.

Quizá este aniversario pueda servir para reflexionar hacia dónde puede o debe ir Occidente. El 30 de mayo de 2008, Blair presentó en Nueva York una fundación (The Tony Blair Faith Foundation) para unir las religiones en favor de la convivencia y de la lucha contra la pobreza y el hambre. El ex primer ministro británico ha dicho que la religión se debe presentar como algo moderno y dinámico que enseñe a respetar a los demás. A la semana siguiente, Time ha dedicado la portada y un largo artículo a este político recién convertido al catolicismo. Entre otras cosas, Blair ha declarado que “la fe es parte de nuestro futuro, y la fe y los valores pueden ser una parte esencial en un marco globalizado”.

En una Europa envejecida, que ha tenido que acoger a quince millones de musulmanes como mano de obra barata, y decadente, que ya no gobierna el mundo, cabe un rayo de esperanza. Pienso que con esta iniciativa Tony Blair ha dado un paso importante, pero quienes tienen el dedo en el detonador son los extremistas que entienden la religión como exclusión.

Los radicales islamistas de Europa, cuyos odios y resentimientos se han forjado en los suburbios de las grandes ciudades, permanecen a la espera de las directrices de los dirigentes de Al Qaeda, que utilizando Internet y las más modernas tecnologías de comunicación, transmiten propaganda y acciones contra el mundo occidental para extender su guerra santa. Estos fundamentalistas proclaman que los no musulmanes tenemos tres opciones: la sumisión, la conversión o la muerte violenta. Ojalá estos comprendan que las creencias religiosas no impiden la convivencia entre personas de distintos credos y la iniciativa de Blair sirva de estímulo para el diálogo y la concordia.

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