Noticias© Comunicación Institucional, 08/07/2006

Universidad de Navarra

Escuchar al Papa

Autor: Jaime Nubiola
Profesor de Filosofía
Universidad de Navarra

Fecha: 8 de julio de 2006

Publicado en: La Gaceta de los Negocios (Madrid)

Desde hace muchos meses la ciudad de Valencia ha venido preparándose intensamente para recibir al Papa con ocasión del V Encuentro Mundial de las Familias, que sigue a los celebrados en Roma (1994 y 2000), Río de Janeiro (1997) y Manila (2003). Millares de familias de múltiples países se han desplazado a la ciudad del Turia para encontrarse con Benedicto XVI en este fin de semana de julio. En los meses precedentes no han faltado opiniones y comentarios de los analistas políticos interpretando la visita papal como un reproche a la política legislativa del gobierno en materia de matrimonio y familia o incluso como un apoyo al denominado "proceso de paz". Sin embargo, el trágico accidente en el metro de Valencia —que nos ha llenado a todos de tanto pesar— nos ha devuelto en cierto sentido a la realidad más profunda y misteriosa de la vida y la muerte humanas. En situaciones como ésta, hay que saber dejar de lado la batalla política para escuchar con apertura y sencillez al Papa venido de Roma, verdadero maestro de humanidad.

Benedicto XVI no viene a encontrarse con los católicos, o con las familias católicas, sino con todas las personas de buena voluntad que, sea cual sea su religión, saben que la familia es la cuna del amor, saben que la familia es la comunidad natural del amor porque en ella lo normal es el heroísmo cotidiano. Muchos lo hemos visto en nuestros padres, pues hemos tenido la fortuna de ser educados en familias en las que —aunque no faltaran los problemas— sobreabundaba el cariño. Otros, que se han educado en familias rotas, anhelan intensamente no repetir en sus vidas los errores de sus mayores que tanto sufrimiento les han causado. La actitud de unos y otros ante las palabras del Papa ha de ser la de una escucha llena de esperanza: nos hallamos ante el padre común que recuerda a toda la humanidad la verdad sobre el ser humano, que nos recuerda que hemos nacido para amar y para ser amados en el seno de una familia.

Desde muchos años antes de su elección como Papa, he venido leyendo de vez en cuando al teólogo Joseph Ratzinger. Al leer sus libros siempre me quedaba con la impresión de que aquel teólogo alemán era realmente el primero de la clase. Se trataba de un intelectual que por su conocimiento de las fuentes, por la penetración de su inteligencia, por la audacia de su pensamiento y por la belleza de su exposición, dejaba con todo derecho en la cuneta a los demás profesores de ciencias humanas con los que me había topado en mi vida o en mis lecturas. Viene ahora a mi memoria cómo, cuando leí su fascinante libro Cooperadores de la verdad, traducido en 1991 al castellano, tomé nota de muchos pasajes para repensarlos por mi cuenta y utilizarlos en el futuro en clases y publicaciones. Tal vez la frase que más me impactó fue aquella en la que afirmaba que quien se hace a sí mismo señor de la verdad se equivoca: "La verdad —escribía— se escapa al déspota y se abre sólo a quien se aproxima a ella en actitud de profundo respeto, de humildad reverente". Me impresionó esta frase quizás en particular porque estaba yo escribiendo por aquel entonces un libro de metodología de la investigación y me parecía que el experto teólogo con aquella afirmación compartía con sus lectores, como en confidencia, su verdadero secreto intelectual: no somos dueños de la verdad, sino que la verdad es siempre un regalo para quien se acerca a la realidad con una actitud paciente de escucha, de apertura respetuosa, sin prejuicios ni precipitaciones.

Años después, en enero de 1998, tuve ocasión de escuchar de cerca al cardenal Ratzinger cuando fue investido doctor honoris causa en la Universidad de Navarra. "Es misión del Magisterio —decía en su discurso— no oponerse al pensamiento, sino dar voz a la autoridad de la Respuesta que nos ha sido dada, y así crear espacio para la Verdad misma que viene a nosotros". Se trataba de palabras muy parecidas a las que me habían impresionado tanto en aquella lectura precedente, pero ahora venían del Presidente de la Congregación para la Doctrina de la Fe y hacían referencia expresa a la misión a él confiada en la Iglesia. Y añadía, "ser portador de tal misión es excitante y arriesgado. Requiere la humildad de someterse, de escuchar y de obedecer. Se trata, no de hacer valer lo propio, sino de mantener abierto el espacio para el hablar del Otro, sin cuya Palabra presente todo lo demás cae en el vacío". En breve, se trata de escuchar al Otro.

Ahora en su visita a Valencia el Papa Benedicto XVI, con toda la autoridad moral e histórica que le ha sido conferida, desea presentarnos la verdad sobre la familia porque en nuestra sociedad contemporánea se encuentra amenazada por muy diversos factores. La familia es una realidad que supera nuestro pensamiento sobre ella y por esta razón debe quedar por encima de nuestras diferencias políticas. Por esto, la mejor actitud de cada uno de nosotros, creyentes y no creyentes, habría de ser la de crear un espacio dentro de nosotros mismos para poder escuchar con atención la voz del Papa. En el momento presente, Benedicto XVI ya no es sólo el primero de la clase ni el eminente teólogo, sino que verdaderamente puede ser reconocido por todos como el auténtico maestro de la humanidad. ¡Escuchémosle!

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