Noticias© Comunicación Institucional, 07/10/2005

Universidad de Navarra

Al filo de lo imposible

Autor: José Luis Álvarez
Facultad CC. Económicas y Empresariales
Universidad de Navarra

Fecha: 7 de octubre de 2005

Publicado en: El Mundo (Madrid)

Los españoles parecen haber perdido miedo al riesgo que suponen la compra de vivienda y su financiación con créditos hipotecarios. A lo largo de los últimos años, el parque de viviendas no ha cesado de aumentar, al tiempo que lo hacían el precio de las mismas y el nivel de endeudamiento asumido por las familias para su compra. Son varios los factores que han propiciado ese comportamiento de los hogares españoles. Sin duda, existen buenas razones para enfrentarse con mayor seguridad a una inversión tan fuerte como la compra de una casa. Hoy somos más ricos que unos años atrás gracias al ritmo al que han crecido el empleo y la renta per cápita. A esto se añaden los bajísimos tipos de interés reales -aquellos a los que se les resta la inflación-, que reducen el coste financiero de las hipotecas. Pero también han intervenido otros motivos que han distorsionado peligrosamente la percepción de los riesgos.

Por una parte, se ha generalizado la idea de que los precios seguirán subiendo. Compramos piso con la expectativa de que, llegado el caso, podremos venderlo más caro de lo que nos costó. Hasta ahora ha ocurrido así, entre otras cosas porque los inmigrantes se han sumado a la demanda de vivienda. Ellos y otros compradores adquieren los pisos relativamente más baratos, cuyos antiguos propietarios se animan a adquirir casas algo más caras, cuyos vendedores se animan a su vez a dar el salto a viviendas todavía más caras. Se produce de ese modo un efecto dominó, en el que todos tratan de subir un escalón tras otro, algo que, tarde o temprano, resultará imposible.

Junto con este efecto perverso de las expectativas también actúa cierta miopía que nos impide ver a largo plazo. Nos fijamos en la cuota mensual para decidir si pedir o no una hipoteca, perdiendo de vista el periodo de amortización, que se ha ido alargando hasta situarse sobre los 30 años. Y son muchos años, en los que pueden ocurrir infinidad de acontecimientos -una subida de los tipos de interés o una caída de los precios de la vivienda- que nos pongan en dificultades. Vivimos más cerca del riesgo de lo que creemos. Desgraciadamente, muchos caerán en la cuenta cuando sea demasiado tarde.

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