Noticias: 07/09/2004 [ © Comunicación Institucional, 2004 ]
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La cuestión del velo islámico ante el inicio del curso escolar en Francia
Autor:Iván Jiménez-Aybar
Instituto de Ciencias para la Familia
Universidad de Navarra
Fecha: 7 de septiembre de 2004
Publicado en:  ABC (Madrid)

El curso escolar en Francia ha comenzado. Reencuentro con los amigos, añoranza del período estival que ya agoniza, decenas de anécdotas que compartir, mochilas cargadas de ilusiones y buenas intenciones... En fin, como cada año, ¿no?

Nada más lejos de la realidad. El retorno a las aulas de las escuelas e institutos franceses adquiere esta vez una significación especial, a causa de la entrada en vigor de la Ley sobre los símbolos religiosos, evento tan esperado por muchos y tan temido por la inmensa mayoría de la comunidad musulmana. Como es sabido, esta norma prohíbe a todo alumno -dentro, se entiende, del recinto de este tipo de centros- llevar cualquier signo o vestimenta que manifieste de manera ostensible la pertenencia a una religión determinada.

La aplicación de la comúnmente conocida como «Ley del velo» (aprobada el 10 de febrero de 2004) proyecta una oscura sombra de incertidumbre sobre el ámbito educativo francés. ¿Qué criterios empleará el personal docente a la hora de obligar a la retirada del velo? ¿Cuál será la reacción de las alumnas musulmanas? ¿Se producirán expulsiones en masa? ¿Funcionará el recurso a la mediación previa que recoge la Ley? Éstas y otras cuestiones se agolpan, inquietas, a las puertas de escuelas e institutos, esperando encontrar respuesta en los meses venideros.

La situación actual no invita, ni mucho menos, al optimismo. La aprobación de la citada Ley echó por tierra l'entente cordiale a la que se había llegado, al menos en apariencia, con la comunidad islámica tras la creación el pasado año del denominado Conseil Français du Culte Musulman (CFCM) -impulsado por Nicolas Sarkozy, ex Ministro del Interior-, órgano llamado a representar al conjunto del Islam francés y a servir de interlocutor válido para negociar cualquier aspecto conexo a la práctica del culto islámico en ese país. Lejos de abrir un más que necesario debate nacional acerca de la presencia del velo en la escuela -tal como se había acordado con la dirección de dicho Conseil-, el Gobierno de Chirac zanjó este asunto por la vía de la imposición, siempre en aras de la defensa de la neutralidad ideológica del ámbito educativo francés, el santuario de la laicidad republicana.

Teniendo en cuenta este precedente, no es de extrañar que el mismo Gobierno cometiera un error similar tres meses después con la elaboración y posterior publicación por el Consejo Superior de Educación de la Circular de 18 de mayo de 2004, la cual venía a desarrollar el contenido de la «Ley del velo». Entre otras cosas, esta Circular pretendía aclarar la cuestión de qué tipo de símbolos religiosos entraban en la categoría de ostensibles, matizando en este sentido que los signos y las prendas que debían ser prohibidos eran aquellos que llevan a quien los porta a ser inmediatamente reconocido por su pertenencia a una religión determinada, como el velo islámico, la kippá judía o una cruz de dimensiones manifiestamente excesivas. Sin embargo, se afirmaba expresamente que no se cuestiona el derecho de los alumnos a llevar signos religiosos discretos, y que, además, no se prohiben ni los accesorios ni las prendas que son comúnmente portados por los alumnos sin significación religiosa alguna.

Parece, por tanto, que se deja la puerta abierta a la posibilidad de que las alumnas musulmanas asistan a clase ataviadas con algún tipo de prenda o accesorio discreto, como, por ejemplo, el foulard típico de la zona del Magreb -conocido como «bandana»- (pañuelo anudado a la nuca que cubre sólo el cabello de la mujer). Así lo ha entendido tanto el propio presidente del CFCM, Dalil Boubakeur, como Fouad Alaoui, secretario general de la Union des Organisations Islamiques de France (UOIF).

No obstante, ni el aparente consenso logrado en este punto, ni la unión sin fisuras manifestada a la hora de condenar firmemente la acción de un grupo terrorista que ha pretendido teñir de sangre y de miedo los velos de todas las mujeres musulmanas de Francia, nos deben llevar a dar esta cuestión por zanjada. Ni mucho menos. La actitud mantenida por buena parte de la comunidad islámica en los meses previos al comienzo del curso escolar hace suponer que está decidida a echar un pulso a las autoridades educativas a propósito del velo. En este sentido, el 29 de junio pasado, en una carta dirigida al conjunto de los musulmanes de Francia, la propia UOIF aconsejaba a las alumnas acudir a clase ataviadas con los símbolos o vestimentas que considerasen apropiado, sin dejarse condicionar por lo establecido en la Ley. Y, por esas mismas fechas, un destacado e influyente miembro de esta comunidad, Abdallah Milcent, instaba a los padres musulmanes a retirar a sus hijos de los centros educativos durante una semana en cas o de producirse expulsiones de alumnos de esta religión. Por otro lado, buena parte del profesorado se siente inseguro, e, incluso, desamparado, a la hora de afrontar este tipo de situaciones. Y no les falta razón. Si difícil resulta determinar cuándo un símbolo religioso es ostensible, todavía lo es más discernir si se trata o no de una vestimenta tradicional carente de toda significación religiosa. En consecuencia, además de las obligaciones inherentes a su profesión -instruir y educar a los alumnos-, es previsible que deban ocuparse de menesteres tales como medir la longitud de un símbolo sospechoso de ser ostensible o dilucidar qué proporción de la frente de una alumna musulmana queda cubierta por su foulard, tal como sugirió hace ya algunos meses Philippe Guittet, secretario general del Syndicat National des Personnels de Direction de l'Éducation Nationale (SNPDEN).

¿Dónde encontramos la raíz de tamaño desconcierto? La respuesta es sencilla, aunque difícil de entender: el Gobierno francés cree -erróneamente, en mi opinión- que prohibiendo la presencia del velo en la escuela terminará con una serie de actitudes absolutamente reprochables que se vienen produciendo en su seno en los últimos años, casi siempre provocadas por la presión de grupos islamistas de corte radical, tales como el absentismo escolar selectivo en ciertas asignaturas (en especial, la educación física), el rechazo de la enseñanza mixta o la negativa a recibir determinadas enseñanzas contrarias a sus convicciones religiosas.

En definitiva, se ha apostado por un retorno a la «laïcité de combat» de tiempos pasados, un mecanismo de protección de la neutralidad ideológica del espacio público francés -que, paradójicamente, es propuesta a modo de religión de Estado- para mantenerlo al margen de todo tipo de reivindicación comunitaria (en este caso, la islámica). En aras de defender la libertad de conciencia de todos los franceses, el ejercicio de la libertad religiosa de los alumnos musulmanes (y de sus padres) en el ámbito educativo es declarado, ex lege, en estado de excepción. Esperemos que no cunda el ejemplo.

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