Noticias© Comunicación Institucional, 07/04/2006

Universidad de Navarra

La enfermedad de Alzheimer cumple 100 años

Autor: José Manuel Martínez Lage
Profesor honorario de Neurología
Universidad de Navarra

Fecha: 7 de abril de 2006

Publicado en: Diario de Navarra

Alois Alzheimer (1864-1915) diagnosticó por primera vez la infausta enfermedad que lleva su nombre en 1906. Estamos por tanto en el año del centenario. Este neurocientífico genial cuidó en el hospital psiquiátrico de Frankfurt a la enferma Auguste D. (1850-1906) y luego, cuando falleció el 8 de abril de 1906 tras más de cinco años de estar ingresada en ese centro, estudió su cerebro con el microscopio, instrumento que manejaba con maestría. Todo el interés de Alzheimer y sus discípulos en Munich era descubrir la base cerebral de los trastornos mentales en abierta oposición a la teoría freudiana entonces imperante.

Poco meses después del fallecimiento de Auguste, que tenía 51 años cuando enfermó y 56 cuando murió, Alzheimer dio a conocer a sus colegas sus originalísimos hallazgos en una reunión en Tubinga el 3 de noviembre. Su presentación no despertó el más mínimo interés por lo que se quedó muy decepcionado. Esta enfermedad permaneció prácticamente ignorada durante unos 60 años porque se consideraba que era muy poco frecuente y que solo atacaba a personas de 50 o 60 años como fue el caso de Auguste y no a las personas de más edad. Durante décadas se discutió si la mal llamada demencia senil se debía a la propia senilidad o a “falta de riego” por arterioesclerosis cerebral. Una brillante investigación iniciada en 1965 en Newcastle upon Tyne demostró rotundamente que la demencia de las personas mayores está causada en al menos el 60% de los casos por lesiones idénticas a las que descubrió Alzheimer. En los años subsiguientes se produjo un vuelco total en el estudio de este problema. Al ser el Alzheimer la causa mayor por la cual los mayores de 65 años se demencian, se convirtió en objetivo prioritario para llegar a curarla, evitar así sus tristísimas consecuencias y conseguir llegar a la vejez en plenitud de facultades intelectuales en un buen porcentaje de casos. Así lo percibieron ya en 1976 en los EE.UU. donde se creó una conciencia ciudadana y una inquietud social que alertó a las autoridades sanitarias y llevó a crear la primera asociación de familiares de enfermos para paliar este problema de salud pública de primera magnitud. El Instituto Nacional de Envejecimiento de ese país creó en 1985 diversos Centros de Investigación específicos para este mal. Todos los impresionantes progresos y descubrimientos que se hicieron y se están haciendo sobre este mal en los últimos 15 años fueron y son fruto de la investigación de tales Centros.

Se preparan en todo el mundo libros y congresos en homenaje a Alzheimer. Está muy bien pero lo importante no es mirar al pasado sino al futuro inmediato. ¿Cuándo será curable esta desdichada enfermedad? Esta es la pregunta que requiere una respuesta perentoria. Bien se sabe que ir cumpliendo años es el factor de riesgo más importante para contraer esta enfermedad. Según el avance del padrón del INE de 1 de enero de 2005, somos en España 7,3 millones de personas las que ya hemos rebasado los 65 años y casi 2 millones los mayores de 80. En 2031 habrá 4 millones de octogenarios. Si para entonces no hay remedio curativo para la demencia y el Alzheimer, solo entre estos 4 millones mayores de 80 años, se demenciarán cada año 170.000 personas en medio de una expectativa de vida que seguirá aumentando.

Por fortuna, ya va siendo posible diagnosticar el Alzheimer en su fase más incipiente mediante dos tipos de pruebas, unas de imagen cerebral y otras de análisis de sangre o líquido cefalorraquídeo. Solo caben soluciones cuando el tejido cerebral está aún poco dañado. Cabe esperar que dentro de cinco años tales pruebas se conviertan en procedimientos habituales a realizar en los exámenes de salud de la gente mayor exactamente igual que hoy se hace tomando su tensión arterial o midiendo en la sangre los niveles de colesterol o la cifra de glucosa. Estas personas con síntomas de pérdida de memoria, dificultad de lenguaje, trastorno del estado de ánimo o cambio de personalidad, van recibir los tratamientos adecuados para controlar el proceso, frenarlo o impedir que progrese. En 2007 se conocerán los resultados de dos ensayos clínicos con sendos medicamentos que buscan este efecto. Crucemos los dedos y recemos para que tales ensayos arrojen resultados positivos. Aún así, parafraseando correctamente a Churchill, no estaremos en el final, ni siquiera en el principio del final sino en el fin del principio del camino de la curación de esta undécima plaga de Egipto que roba mentes, trastorna comportamientos y conlleva discapacidad total.

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