Noticias© Comunicación Institucional, 07/03/2007

Universidad de Navarra

Ser una empresa familiarmente responsable. ¿Lujo o necesidad?

Autor: Guido Stein
Profesor del IESE
Universidad de Navarra

Fecha: 7 de marzo de 2007

Publicado en: Diario de Navarra

Según un estudio realizado por ella con diez mil personas casadas con hijos en España, la causa fundamental del conflicto entre la vida familiar y la profesional no son los horarios contrapuestos, sino la manera precisamente de combinar trabajo y familia; la segunda es la falta de apoyo por parte del superior y los compañeros; en tercer lugar viene la falta de políticas de empresa que facilitan el equilibrio. Curiosamente, hay más bajas laborales por estrés que por enfermedad, donde el desequilibrio de marras es una de las causas más lacerantes. Mi colega del IESE Nuria Chinchilla ha puesto el dedo en la llaga de la conciliación trabajo-familia y vida personal con un libro del que este artículo ha copiado su título. Hoy en día andamos menesterosos de orientaciones de una sana ecología humana para enfrentarse con fundamento y tino a esta dura realidad.

En los últimos años se han producido importantes avances, pues se han introducido políticas empresariales (horario flexible, jornadas reducidas, teletrabajo…), apoyos adicionales (legal, fiscal, cursos…), servicios familiares (guarderías, transporte...), beneficios extrasalariales y sociales (seguros, descuentos...).

El punto de inflexión se alcanzará cuando efectivamente se generen culturas empresariales donde la vida familiar ocupe el lugar que le corresponde, que no es otro que el de un protagonista principal. Bien se podría decir que todos los demás actores empresariales, aunque importantes, tienen antropológica y socialmente un carácter derivado.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que una cultura flexible y responsable no se crea de la noche a la mañana, sino de modo progresivo. Tampoco existe una "única" solución o plan de mejora; no obstante, sí existen criterios y prioridades que cada empresa debe redescubrir en el entorno en el que le ha tocado competir. Una pista útil la da el otorgar a la persona en su conjunto el papel que le corresponde en la toma de decisiones y en su implantación. Alguien me podría objetar que eso es más fácil de decir que de hacer: ciertamente, pero en ningún sitio está dicho que ser empresario y directivo sea una tarea baladí, ni tampoco que hayan de ganarse la vida dejando que pase lo inevitable.

La experiencia nos enseña que el equilibrio trabajo-familia también depende del modelo de empresa: para uno, la conciliación no es más que un mero elemento del plan de marketing corporativo y su impacto en la reputación de la compañía; para otros más sofisticados se trata además de una magnífica herramienta para atraer y retener talento; quizá aún para los menos aparece como una consecuencia lógica de tratar a los empleados como seres humanos de modo integral, y no fragmentario.

A mí me gusta pensar en la vida en la familia también como la primera y más incisiva escuela de competencias profesionales, en la que madre, padre, hijas e hijos aprenden de modo cariñoso y exigente muchas cosas importantes, y curiosamente entre ellas también las competencias más valoradas por los directivos de hoy: liderazgo, integridad, iniciativa, trabajo en equipo, comunicación, visión de negocio, mejora personal, toma de decisiones, y orientación interfuncional. Le dejo al lector y a su segura creatividad la búsqueda de ejemplos prácticos, lo que en sí mismo ya consistiría el primer paso hacia un cambio cultural que tanto necesitamos

Los hijos necesitan de los padres sobre todo el ejemplo de sus valores en acción, del mismo modo que los miembros de una organización precisan del ejemplo vital de sus líderes. Eso sólo se consigue con tiempo, mucho y bueno, ganas, entusiasmo y sentido de responsabilidad, también llamado de misión, porque educar como dirigir cabalmente es cumplir una misión que contribuye a dotar nuestras vidas justamente de sentido pleno.

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