Noticias: 07/03/04 [ © Comunicación Institucional, 2004 ]
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Lo público y lo privado
Autor:Josep-Ignasi Saranyana
Profesor de Teología
Universidad de Navarra
Fecha: 7 de marzo de 2004
Publicado en:  La Vanguardia (Barcelona)

Las responsabilidades morales afectan tanto al ámbito privado como al público. Es una consecuencia inmediata de la naturaleza social del hombre, como lo señaló Aristóteles hace dos mil quinientos años. No pueden disociarse las dos vertientes de la vida humana, porque ambas brotan de su esencia, y ambas se implican.

Esto vale para todas las facetas de nuestra vida: vida sexual y familiar; vida profesional, religiosa y política. No puede romperse la unidad de la persona, ni su interconexión con el círculo de sus relaciones sociales, tanto más amplio, cuanto más alta es la responsabilidad de cada uno. Por ello, es muy complicado definir los respectivos límites: dónde y cuándo comienza la repercusión pública de la autonomía privada.

Se ha dicho que la religión sólo afecta (o debe afectar) a la vida privada; que hay dos morales (pública y privada) distintas e independientes; y que al político no se le pueden pedir responsabilidades por su vida privada. Si las cosas fuesen así, sería muy complicado determinar las responsabilidades sociales de los propios actos. No habría manera de punir la alevosía, la predeterminación, la pasionalidad de un asesinato, la imprudencia, la inadvertencia, la ignorancia de la ley, etcétera.

El ámbito sobrenatural tampoco escapa a este principio. La Iglesia lo ha entendido siempre así, incluso en el orden metahistórico. Lo sanciona el dogma de la comunión de los santos. Además, la apoyatura bíblica es indiscutible.

¿Por qué algunos, pues, se empeñan en sostener que la iniciativa privada de los políticos es de su exclusiva incumbencia y que no puede ser juzgada públicamente? Nada hay en la conducta de los políticos que no repercuta en la paz social. Por ello se someten a una continua valoración por parte de los ciudadanos, especialmente en las convocatorias de elecciones.

Es innegable que esto es estresante y que puede acabar con la salud de los políticos; pero, está contemplado en el desarrollo de su oficio, y se retribuye con la paga y los honores debidos. Periódicamente, los ciudadanos de a pie tenemos la obligación de ejercer ese control. El próximo domingo, jornada de elecciones, es uno de los días previstos.

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