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06/07/2008

Predicando

Autor: Pedro Nueno
Profesor del IESE
Universidad de Navarra

Fecha: 6 de julio de 2008

Publicado en: La Vanguardia (Barcelona)

Una vez escribí sobre un profesor centenario de Harvard, Andy Towl, que sin conocerme me abordó por carta dándome instrucciones sobre qué tenía que hacer para lanzar con éxito una escuela de negocios en China. Tenía que organizar la docencia sobre la discusión de casos reales de empresas; el famoso método del caso. Le escribí diciéndole que ya lo hacía así y le adjunté un caso hecho por mí mismo sobre una empresa china fabricante de coches. El profesor centenario me escribió explicándome lo que estaba bien y no tan bien de mi trabajo. Pensé que tenía que conocer al personaje. Yo siempre aprendo un montón de la gente mayor, y como tenía que dar clases allí, le llamé y le dije: “Le iré a ver y le llevaré tres casos más sobre empresarios chinos”. Su respuesta me sorprendió: “No. Dime cuándo das clase en Harvard usando esos casos y yo te iré a escuchar”.

McNair en su libro clásico sobre el método del caso publicado en 1954 ya hablaba de Towl con gran respeto. Andy Towl fue famoso en los años cuarenta. Fue el entusiasta director del Centro de Producción de Casos que creó Harvard y director de Investigación de la famosa escuela. Con apoyo de la Fundación Ford promocionó el método del caso que ha hecho famosa a Harvard en todo el mundo y lo hizo con generosidad. ¿Cómo será este profesor centenario? A la una sube la escalera del McCollum Center, donde tenía mi clase, un señor mayor, elegantemente vestido. “¿Prof. Andy Towl?” Responde: “¿Prof. Pedro Nueno?”. No puedo creer que a sus cien años esté en esa forma. Comemos en el self service de Harvard. “Yo como ligero”, me dice, y se sirve una ensalada. Nos sentamos y me pide: “Tráeme un café”. Salgo de estampida y lo traigo. “¿Cuándo se graduó en Harvard?”, pregunto. “En 1936 -contesta-. Había estudiado en la Universidad de Columbia y luego me quedé varios años trabajando en Nueva York”. Vivió en Nueva York la gran depresión de 1929. Pero en un momento de la comida me dice: “Cuando promocionaba el método del caso estuve en el Iese en Barcelona; es una ciudad preciosa; recuerdo cómo me exprimieron y no fuimos a cenar hasta las once de la noche”. ¡Dios mío! Este hombre predicaba sus ideas en Barcelona hace 50 años.

Empezamos la clase. Les expliqué a los alumnos quién era el invitado. Un aplauso increíble.

Mis colegas de Harvard no salían de su asombro. No sabían quién era. Ellos disfrutan de la marca Harvard, cobran una burrada por decir cualquier tontería por el mundo, protegidos por esa marca, pero no saben nada de los que de verdad la crearon con esfuerzo y generosidad. Nadie había invitado a un personaje como Andy Twol a volver a un aula de su escuela en años. Al final de mi clase los alumnos le pidieron que hablase. Con la perspectiva que te debe dar un siglo de experiencia, se dirigió con energía al auditorio, los felicitó y les dijo por qué lo habían hecho muy bien. No le dejaban irse. Todos querían una foto con él. Andy Towl opina con rigor, sigue predicando con energía sus ideas y cincuenta empresarios nacidos después de su jubilación le aplauden con satisfacción en la Harvard que él contribuyó a construir después de la Segunda Guerra Mundial. Trichet, el que sube los intereses, lo hace mal por incompetente, no por viejo, y habría que despedirle, no jubilarlo.

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