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Noticias © Comunicación Institucional, 06/05/2005Universidad de Navarra
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La elección del próximo Papa
Autor:Antonio Viana
Profesor de Derecho Canónico
Universidad de Navarra
Fecha: 6 de abril de 2005
Publicado en:  Diario de Noticias

La muerte de Juan Pablo II no ha sido una sorpresa pero nos impresiona y conmueve. Los medios de comunicación recuerdan ya su extraordinaria personalidad, forjada en su Polonia natal. Buscó siempre a Dios con la experiencia de una fuerte libertad interior. Se preparó para el sacerdocio durante la dominación nazi de su país y ejerció su ministerio en los tiempos del totalitarismo comunista. Más tarde recibió el episcopado, y desde 1978 la dura carga del pontificado romano.

Durante los próximos días nos llegarán informaciones sobre los candidatos a la sucesión de Juan Pablo II. Muchas personas se interesarán también por el procedimiento de selección y nombramiento de quien será, según la fe católica, Vicario de Cristo.

Desde el siglo XII el Papa es elegido por el Colegio de los Cardenales. Actualmente el procedimiento electoral está regulado por una ley de Juan Pablo II, la Universi Dominici Gregis (literalmente: "de toda la grey del Señor"), fechada el 22 de febrero de 1996, y que por su gran extensión y detallismo aquí sólo puede ser resumida en sus aspectos esenciales.

El lugar de la elección es la Capilla Sixtina, en el Palacio Apostólico Vaticano. Ya no es necesario que los Cardenales electores permanezcan día y noche en régimen de clausura en el lugar de la elección, convenientemente preparado, como hasta 1996 se exigía. Ahora los Cardenales deben residir en la "Casa de Santa Marta", que es una residencia situada dentro de la Ciudad del Vaticano, y desde allí se trasladan diariamente a la Capilla Sixtina.

El Cónclave, es decir, la reunión de los Cardenales para elegir al Papa en la Capilla Sixtina, debe celebrarse cuando hayan transcurrido entre 15 y 20 días desde el fallecimiento del Papa. Tienen derecho a participar en él los Cardenales que antes del día de la muerte del Papa no hayan cumplido aún 80 años, y el máximo de electores es de 120. El modo de elección es la votación secreta.

En las reuniones previas del Cónclave se ha de fijar naturalmente el día y la hora del comienzo de la elección. Las ceremonias preparatorias y especialmente la Misa por la elección del Papa, deben celebrarse en lo posible en la mañana del día fijado; de este modo la primera votación podrá tener lugar ya en la tarde del primer día del Cónclave. Tradicionalmente la mayoría exigida para que el Papa sea elegido es reforzada: dos tercios de los votos de todos los electores presentes, a los que se añadirá un voto más si el número de presentes no fuese divisible en tres partes iguales. Si el Papa no fuese elegido en la primera votación, se sucederán las votaciones en los días siguientes, dos por la mañana y dos por la tarde. Después de 30 ó 33 votaciones (según que el primer día comience ya la votación o haya que esperar al día siguiente) sin que ningún candidato alcance la mayoría requerida, puede aplicarse una importante novedad prevista por la ley de 1996. Consiste en que los Cardenales pueden decidir por mayoría absoluta de votos seguir exigiendo la mayoría reforzada de dos tercios, o bien determinar que el futuro Papa necesite solamente la mayoría absoluta para ser elegido.

En cualquier caso, una vez obtenida la mayoría exigida, el que haya sido elegido deberá manifestar su aceptación expresa y elegir el nombre con el que será llamado. Los Cardenales no están obligados a elegir al nuevo Papa entre ellos mismos. Cabe incluso la posibilidad de que el elegido no sea Obispo, pero en tal caso deberá recibir la consagración episcopal inmediatamente, después de haber aceptado su elección, porque el Papa es necesariamente Obispo de Roma.

A continuación los Cardenales rinden homenaje al ya nuevo Papa, se anuncia al pueblo el nombre del elegido y éste imparte la bendición Urbi et Orbi (a Roma y a todo el mundo) desde el balcón de la Basílica Vaticana. Días después, tras la solemne ceremonia pública de inauguración del pontificado, el Papa toma posesión de su cargo en la Basílica romana del Laterano.

Mientras se desarrolla todo el proceso electoral, la Iglesia entera vela en oración por el próximo Papa. A los católicos nos asiste la convicción de que los Cardenales no atribuyen ningún poder al Papa. Es Dios mismo quien se sirve de la mediación de un procedimiento electoral y comunica la gracia y la potestad del pontificado romano al nuevo sucesor de San Pedro.

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