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El mito del privilegio fiscal de Navarra
Autor:Javier Sáenz de Olazagoitia
Profesor de la Facultad de Derecho
Universidad de Navarra
Fecha: 6 de abril de 2003
Publicado en:  Diario de Navarra

A los residentes en la Comunidad Foral de Navarra todavía nos "echan en cara", quienes están sujetos régimen fiscal común, el disfrute de un régimen fiscal extraordinariamente beneficioso. Si esta percepción de la realidad pudo tener su fundamento en otros tiempos (por motivos diferentes a los que habitualmente se piensa), a día de hoy podemos contestar, orgullosos o decepcionados, según se mire, que nuestra posición ante las obligaciones tributarias ya no es más ventajosa que la suya.

En efecto, las más recientes noticias del Parlamento de Navarra confirman la modificación del IRPF e Impuesto sobre Sociedades. Modificaciones que suponen una rebaja objetiva de carga tributaria para los contribuyentes respecto de la situación anterior, pero inferior a la que el Gobierno de Navarra proponía. La reforma que se proponía nos dejaba incluso "mejor" que a los residentes en territorios de régimen común, pero lo que finalmente aprobado nos mantiene en una posición desfavorable. Además durante dos meses, en parte gracias de la campaña de difusión de sus méritos llevada a la televisión por la Agencia Tributaria, los residentes fiscales en Navarra nos hemos sorprendido de no poder disfrutar "como los demás" de las ayudas directas a las mujeres trabajadoras con hijos menores de tres años, por poner un ejemplo. Bien es cierto que la misma medida entrará en vigor en los próximos días en Navarra, pero no es una cuestión sólo de cuantía, ni de plazo, si me apuran, sino de inversión del término comparativo al que me refería al principio.

Quienes conozcan mi recién estrenada paternidad podrán pensar que me mueven intereses particulares, lo cual tampoco es malo por principio, pero es que aún hay más. En el régimen común ya se aplica la esperada supresión del Impuesto sobre Actividades Económicas (IAE) para los pequeños o medianos empresarios y profesionales. En Navarra se ha introducido una medida similar en la misma Ley mencionada. Sin embargo, en este caso el mayor problema no es el retraso, sino la fórmula utilizada, que resulta menos beneficiosa. Como ya se ha publicado, en Navarra no existirá una exención: el impuesto satisfecho tendrá la consideración de pago a cuenta del IRPF o del Impuesto sobre Sociedades. Es decir, en la declaración que se presente en el año siguiente a aquél en que se pague el IAE, la Hacienda Foral devolverá al contribuyente lo que pagó a su ayuntamiento.

La justificación de esta peculiar fórmula se ha puesto en la necesidad de mantener los ingresos de los ayuntamientos y la función de control de las actividades. Me parece que existen alternativas para lograr ambos fines sin cargar la gestión sobre las espaldas de los contribuyentes. Es cierto que lo que se paga se devuelve, lo cual puede suceder un año después y causar un perjuicio económico (recordemos que el IAE se paga por el mero ejercicio de una actividad, aunque ésta genere cuantiosas pérdidas). En cualquier caso, la diferencia entre no pagar y que a uno le devuelvan lo pagado un año después se me antoja evidente.

Prefiero creer que la razón de fondo por la que se ha elegido esta fórmula en el IAE es que la del régimen común en Navarra habría requerido una Ley de mayoría, según impone el Amejoramiento del Fuero. Y parece claro que la composición actual del Parlamento de Navarra no está para esos trances, a los hechos me remito. La cuestión es que el mismo motivo que ha retrasado y dejado a "medio camino" la reforma del IRPF, obliga a una peor solución del IAE. Entiendo que conviene subrayarlo, y añadir que, así las cosas, estas soluciones son loables, en tanto no se ve posible la instauración de la solución definitiva. Sin embargo, no renuncio a proponer a las fuerzas políticas mayor agilidad a la hora de equipararnos a los contribuyentes de régimen común. No se trata de seguidismo normativo irreflexivo sino de combinar, quizás, un mecanismo de "urgencia" que evite agravios comparativos, mientras se debate sobre el fondo de las reformas tributarias mediante los cauces ordinarios (soy consciente de que mi propuesta puede ser poco viable en términos de estrategia parlamentaria, pero permítanme seguir creyendo que a nuestros políticos les mueve el bien de los ciudadanos a los que representan).

Por si fuera poco, preveo otra desventaja que, de no mediar una fórmula parlamentaria del tipo de las que sugiero, tendrá sus efectos en las declaraciones de este año (que se presentará el próximo). Me refiero a las deducciones por donaciones a entidades sin ánimo de lucro (lo que la nueva Ley de régimen común denomina mecenazgo). La deducción que se aplique a un navarro por sus aportaciones a Cáritas, pongamos por caso, serán menores que las aportaciones de la misma cuantía realizadas, por ejemplo, por un aragonés a la misma entidad en este mismo año.

Quizá algunos lectores estén pensando: siempre nos quedará la llamativa diferencia del Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones. Pero lamento anunciar (por la ventaja navarra, aunque lo celebro para los demás) que esta diferencia empieza a desaparecer desde que se transfirió la potestad legislativa a las comunidades autónomas. Algunas, porque avisaron de que, de hecho, no iban a exigir el impuesto en las transmisiones en línea recta (de padres a hijos), lo cual es jurídicamente poco presentable, aunque revela una resuelta voluntad política. Otras, las gobernadas por el Partido Popular, se disponen a tomar iniciativas legislativas en este sentido, aunque por el momento lo estén haciendo con timidez.

De todo lo anterior, cabe extraer una conclusión: el viejo tópico de que el régimen fiscal de los navarros es un privilegio -acusación demasiadas veces basada en un profundo desconocimiento de su origen histórico y fundamento jurídico- parece hoy particularmente falso e injusto. El supuesto privilegio, si se entiende como beneficio, no es más que un mito, según la acepción del Diccionario de la Real Academia Española: "la persona o cosa a las que se atribuyen cualidades o excelencias que no tienen, o bien una realidad de la que carecen".

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