Noticias: 07/03/04 [ © Comunicación Institucional, 2004 ]
Suscríbase a las noticias 
Álvaro del Portillo: un gran universitario
Autor:Alejandro Llano
Catedrático de Metafísica
Universidad de Navarra
Fecha: 6 de marzo de 2004
Publicado en:  Diario de Navarra

El comienzo de la Causa de Canonización de Álvaro del Portillo es una ocasión gozosa para recordar su amable personalidad y la excelencia de su figura académica. Como Gran Canciller de la Universidad de Navarra durante casi veinte años, tuvimos la fortuna de conocerle de cerca, y de recibir de él orientaciones lúcidas y aliento para nuestros trabajos de investigación y enseñanza. A quienes le trataron no les extrañará que el Vicariato de Roma haya iniciado el proceso en el que se considerará la plenitud de sus virtudes. Porque fue un hombre cabal, un sacerdote lleno de Dios y un gran universitario.

Los auténticos universitarios son los que creen que el estudio, la indagación de la verdad, constituye el método humanamente más eficaz para cambiar, para mejorar, este mundo nuestro. Sin haber pretendido nunca seguir una carrera académica, Álvaro del Portillo se nos presenta, diez años después de su fallecimiento, como un universitario de primer rango, precisamente porque se sirvió de su penetrante inteligencia y de su estudio infatigable para servir calladamente a la Iglesia y a la sociedad en algunas de las cuestiones más trascendentales y graves de esta época cargada de gravedad.

Si todo su estilo, incluso su sereno porte exterior, reflejaba armonía y sencillez, era porque no había quiebras en su sólida unidad de vida. Ingeniero de Caminos y Doctor en Filosofía y Letras -además de renombrado Teólogo y Canonista- él mismo era un ejemplo de superación de la quiebra existente entre las "dos culturas", la tecnológica y la humanística, que parecen dividir el panorama intelectual contemporáneo.

En consecuencia, a Álvaro del Portillo le resultaba connatural percibir la operatividad transformadora de una investigación de altura y propugnar que en la Universidad de Navarra, en colaboración con otros muchos centros de estudios superiores, cultiváramos siempre una mentalidad abierta a la universalidad del conocimiento. En la huella abierta por San Josemaría Escrivá, que señaló como un objetivo fundacional la elaboración de una nueva síntesis de los saberes, a la altura del presente momento histórico, abrió como Gran Canciller caminos incitantes y hacederos, que hemos intentado seguir recorriendo durante estos dos lustros, y de los que ya se pueden señalar algunas metas logradas. Aunque se trate de un ideal en el que no cabe la autocomplacencia, porque requiere una búsqueda sin posible descanso.

Siempre nos animaba a embarcarnos en proyectos académicamente ambiciosos, a trabajar en equipo, a concertar nuestras libertades en torno a retos exigentes, para que la Universidad de Navarra nunca fuera un refugio o un reducto, sino que constituyera cada vez más una fuente creativa de humanismo y ciencia, que contribuyera activamente al debate intelectual más avanzado.

Con el ejemplo de su vida y con la fuerza de su doctrina, Álvaro del Portillo continúa sugiriendo un modo atractivo y cercano de responder a la llamada de Juan Pablo II, que incita a redescubrir las raíces cristianas de la institución universitaria, y contribuir a que sea un libre espacio en el que la fe se hace cultura, donde los saberes -hoy dispersos- encuentran una original articulación, y se ponen al servicio de las mujeres y los hombres de toda ideología y condición.

Versión para imprimir